Opinión

La ética de Sandino


“No llevo ni un solo centavo porque jamás he tomado los fondos de la nación”. De esa manera Carlos Fonseca Amador cuenta, en su opúsculo Sandino Guerrillero Proletario, lo que respondió el héroe a los guardias nacionales que se abalanzaron sobre él, a registrarle los bolsillos, poco antes de asesinarle.
Con esa respuesta Sandino quedó retratado de cuerpo entero, al dejar claro que a pesar de haberse desarmado y firmado los acuerdos de paz, no había aceptado un céntimo de los fondos del Estado.
En este mes de mayo, cuando celebramos el 112 aniversario del natalicio de Augusto C. Sandino, vale traer a colación los principios éticos que guiaron su lucha contra la intervención norteamericana y la oligarquía libero-conservadora. Su lucha fue profundamente patriótica y revolucionaria a la vez, ya que de igual forma buscó la transformación política y económico-social del país, para beneficio del pueblo nicaragüense, sin pensar en ningún interés personal.
En su primer manifiesto, suscrito en el mineral de San Albino, Sandino destaca: “El hombre que de su patria no (ni siquiera) exige un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído y no sólo ser oído sino también creído”; notamos que desde un primer momento dejó muy claro que jamás se lucraría de su lucha ya que ello constituía el fundamento de su credibilidad, por eso dice “que merece no sólo ser oído sino también creído”. Tanto fue así que cuando Sandino inicia las pláticas de paz, lo que primordialmente pidió para sus hombres no fue un latifundio, una mansión, o un megasalario, fue nada más que sal, aunque parezca mentira, a pesar de que su ejército se encontraba prácticamente hambriento y en harapos.
Otro de los principios éticos de Sandino fue su posición anti-oligárquica, es decir al hecho de que un reducido grupo económico-político controlara el poder a través de pactos y componendas, repartiéndose el Estado como botín
Estos principios de Sandino, llevados a la práctica de una manera muy pocas veces vista en la historia nacional, tenemos que resaltarlos hoy más que nunca, cuando los que se dicen herederos de su pensamiento tienen una práctica contraria a las ideas por las que Sandino luchó y murió. Vemos con tristeza y preocupación cómo se han reeditado los pactos onerosos mediante los cuales el Estado se ha repartido como botín, vemos cómo las ansias de lucro y el provecho personal han sustituido al servicio público, entendido como servicio a todos los nicaragüenses, y no como servicio a un partido.
El cálculo político ha llegado a sustituir los principios éticos que nos legó nuestro héroe. Hoy somos capaces de aliarnos con individuos de la peor calaña, si de ello nos resultan ventajas políticas. La vieja oligarquía libero-conservadora ha sido sustituida con nuevos actores que ejecutan la misma obra de siempre: exprimir el Estado, creando un clientelismo político a base de prebendas, megasalarios y nepotismo, sin tomar en cuenta el mérito y la competencia profesional.
Celebremos, entonces, a Sandino teniendo presentes los principios éticos que guiaron su lucha.
* Profesor universitario, León