Opinión

¡El Rey al desnudo!


1.- Contextualizando el tema. Con una enorme vocación imperial los gobernantes de Estados Unidos han sido perseverantes a través del tiempo, recurriendo a su pesada maquinaria mediática y a sus diversos canales de comunicación con el mundo para exponer sin pelos en la lengua que constituyen el país modelo, la democracia a la que hay que imitar. El American dream ha sido su principal productor exportador. Son la democracia perfecta, donde el Estado de Derecho tiene su asiento, y el respeto y celo con que tutelan los derechos humanos no tienen parangón. En materia de libertades políticas y derechos civiles el resto del planeta viene a la zaga. Son el país de los países, la nación de las naciones, el ombligo del mundo. ¡Después de nosotros cualquiera! Alexis de Tocqueville contribuyó a forjar la imagen, con De la democracia en América, un texto imprescindible para quienes comienzan a gatear en política. Por si fuera poco, Federico Engels, sí Engels, en uno de sus tantos prólogos a La guerra civil en Francia elogia la manera como funcionan las reglas jurídicas en Estados Unidos. Recorrido un poco más del primer quinquenio del siglo XXI, ¿en verdad la propaganda hecha en casa y los reconocimientos de antaño se ajustan a la realidad? Todo indica lo contrario. Pese a sus enormes virtudes, Estados Unidos, durante las últimas tres décadas, ha renegado de su propia historia, no exenta de enormes pecadillos, cometiendo atrocidades y contrasentidos que exponen al mundo su doble moral. El doble rasero de su discurso. Los hechos contradicen lo que afirman. Se han tomado demasiado en serio su papel de hiperpotencia y ven al mundo con cierto desdén, por lo que ciudadanos y países recelan y critican el comportamiento de su política interna y externa.
2.- Se cayó el Muro de Berlín, levantemos el nuestro. Con la vuelta al liberalismo a ultranza convertido en doctrina de Estado y auspiciado por el Estado Mayor de los organismos multilaterales como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC), elevaron a la enésima potencia una versión edulcorada del dejar hacer y el dejar pasar. Libertad en todos los órdenes es el lema. Nada más que el principio enarbolado tiene sus límites. Funciona a medias. Existe la libre circulación de mercancías, no de las personas. El país forjado por emigrantes ha creado a fuego lento su propia doctrina: impedir que ciudadanos de otros países entren a Estados Unidos con la misma liberalidad con que entran sus productos. ¡Hay que contener la hemorragia migratoria! Si para lograrlo hay que levantar un muro, hagámoslo. Un mil trescientos kilómetros ha sido lo acordado. ¡Que ni las hormigas pasen! Tanto criticaron el Muro de Berlín para venir ahora a levantar el Muro de la Infamia. Discursos, puros discursos.
3. ¡Cuando los nuestros actúan es bueno, cuando los otros no! La liberación de Posada Carriles ha puesto en entredicho su combate al terrorismo. Su viejo servidor en la CIA ha sido dejado en libertad. Poco importa que haya estallado un avión cubano en 1976 y causado la muerte de 73 inocentes. Es uno de los suyos y merece protección. Así lo decidió la jueza Federal Kathleen Cardone, en el Paso, Texas, la tierra del presidente George W. Bush. Los alegatos de José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA, de que el terrorista debía ser entregado a Venezuela para ser juzgado fueron inútiles. El combate al terrorismo tiene los límites que ellos deciden.
4.- Mentid, mentid, para ver qué provecho sacamos. La invasión a Irak, según Bush, secundando a sus halcones, entre los que destacaba el inefable Paul Wolfowitz, segundo al mando entonces del Pentágono, se basó en un cúmulo de mentiras. Se dijo que estaba fabricando armas químicas. El mayor fabricante de armas del planeta, convertido en un juez terrible, argumentó sin desparpajo que Saddam Hussein era un loco que ponía en peligro la estabilidad mundial. Ejecutada la carnicería bélica a través de una invasión que viene a recordarnos viejas prácticas, se comprobó que Irak no fabricaba ningún tipo de armas químicas como adujo W. Si la mentira rinde frutos resulta lícito recurrir a ella. El engaño es legítimo, afirman los operadores bélicos y políticos de los Estados Unidos. Sin sonrojos W. admitió haber recurrido a esta artimaña porque su soberana voluntad se lo dictaba. La mentira elevada a doctrina de gobierno. ¿Eso qué importa? Por lo menos a nosotros no, corean los halcones de la Casa Blanca.
5.- La lucha contra el nepotismo y la corrupción es para otros, no para nosotros. El escándalo provocado por Paul Wolfowitz al otorgar aumentos salariales incompatibles con las normas éticas más elementales a su novia Shaha Riza, sólo fue una clara demostración de amor, entrega y cariño. Las implicaciones morales son secundarias para uno de los artífices de la invasión a Irak. Ni siquiera reparó en su propio discurso como Presidente del Banco Mundial. Venía pregonando a los cuatro vientos que la lucha contra la pobreza y la transparencia eran los dos pilares que contribuían al desarrollo de los países empobrecidos. Esta lógica funciona hacia fuera no para nosotros. En un gesto de amor irreprochable, primero aumentó a su dulce Shaha, 47,300 dólares (35.5%), luego para mostrarle que en verdad la ama, decidió aumentarle 13,590 dólares (7.5% más) para que ganara 193, 590 dólares libres de impuestos. Condoleeza Rice, su jefe, gana un poco menos, 186,590 dólares como salario bruto. ¡No me vengás a decir que Wolfowitz no conocía las reglas! El nepotismo y la corrupción, esas dos banderas que izaba de manera estentórea, eran sólo un discurso para el consumo externo. El desenlace de este culebrón, tuvo que dimitir, deja al Banco Mundial en entredicho, su imagen disminuida y su autoridad moral rota. Su doble discurso es un mal ejemplo. ¿Puede servir de ejemplo? ¡Tal vez a vos, a mí no!
6. Subsidios, subvenciones y cuotas no están mal si son para beneficiar a nuestros granjeros. Mientras imponen a hierro candente que los gobiernos empobrecidos no otorguen subsidios a sus pobres agricultores, en Estados Unidos es una práctica avalada por ley Farm Bill, firmada por W. el 13 de mayo de 2002. Los resultados, “hoy en día más del 40% de los ingresos netos de la agricultura norteamericana provienen del gobierno federal bajo el esquema de apoyo directo, que se traduce en enormes beneficios para las grandes agro-empresas que inundan los mercados externos con precios hasta 46% por debajo de los costos de producción”. ¡Así quién no! La decisión de W. elevó a 248 mil 600 millones de dólares los subsidios para los próximos diez años, principalmente para ocho cultivos: algodón, trigo, maíz, soya, arroz, cebada, avena y sorgo. Las cuotas de azúcar duplican su precio a los consumidores. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos afirma que los beneficios derivados de estas cuotas apenas los recibe el 1% de los agricultores. Los subsidios por conservación son perversos. La conservación es la retribución que reciben los granjeros, ¡para que no cultiven la tierra! Entre 1995 y 2002 recibieron 2 mil millones al año bajo este concepto. ¿Quiénes firmaron la ley? Catorce diputados con intereses en este negocio. Igual en Nicaragua, algunos diputados alegan que debe revisarse la Ley de Aguas porque pagar no resulta. Eso queda para los pobres.
7.- Desconocer la ley cuando atenta contra nuestros intereses. Estados Unidos consideró prudente no formar parte de la Corte Penal Internacional. Después de la aprobación de la Ley Patriótica han cometido toda clase de vejámenes que el articulado del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional es aplicable a sus desmanes. Optaron por la retirada sabiendo que la ley podría aplicarse a sus ciudadanos. El inciso primero del artículo 8 expresa que “la corte tendrá competencia respecto de los crímenes de guerra en particular cuando se cometan como parte de un plan o política o como parte de la comisión en gran escala de tales crímenes”. El inciso 2 en sus numerales sexto y séptimo no es de su agrado. Conscientes de lo que han hecho, la definición de crímenes de guerra les eriza los pelos: “Privar deliberadamente a un prisionero de guerra o a otra persona de sus derechos a un juicio justo e imparcial”; “someter a deportación, traslado o confinamiento ilegales”. Guantánamo es el sumum de estos crímenes. En Nicaragua gastan cuantiosas sumas para sostener el programa Estado de Derecho. No está mal. ¡Lo que no hacemos en casa propongámoslo afuera!
8.- Combatir el narcotráfico cuando nos convenga. Después del embuste Irán-Contras, el Rey quedó al desnudo. La venta de cocaína es buena si ellos lo hacen u autorizan para lograr sus fines. Maquiavelo redivivo. El fin justifica los medios. Si para obtener dinero en un momento en que el Congreso se negaba a entregarlo, nada mejor que autorizar a sus alfiles para que acopien, introduzcan y vendan drogas en Estados Unidos, y continuar la agresión contra Nicaragua.
Éste es apenas un pequeño muestrario (dispongo de mayores evidencias) de la manera insidiosa en que los dirigentes de ese gran país, los Estados Unidos de América, engañan al mundo, practicando el más perverso de los juegos: la doble moral, algo que todos cargamos. El problema de fondo es su tamaño. La de Estados Unidos es de una magnitud, ¡que no cabe en un ensayo! Lo demás son palabras, simples palabras.