Opinión

¡Pasemos!


Watson no salía de su asombro por todas las cosas que había sido y hecho Panchito Bravo en plena dictadura somocista; innumerables cargos gremiales de responsabilidad y alto riesgo merecidamente ejercidos con honradez a toda prueba y solo pensando en el beneficio de la patria. El de Masatepe era consciente de que por falta de tiempo había tenido que omitir más cosas dignas de recordar, que hoy el de Managua estaba más que dispuesto a traer a colación: “En primer lugar los tragos del viernes pasado estuvieron a la altura y anchura de Panchito, y reposados como el obligado anfitrión estaba en su mecedora, flanqueado y en actitud vigilante previniendo la aparición de alguna piraña enamoradiza, por su proverbial Doña Angelita Ramírez. No había mosca del género femenino que pasando cerca de Pancho no despertara sus sospechas. El caso es que, quizás por un tormentoso pasado de pasiones que desconocemos, por simples sospechas o por un amoroso ejercicio de imaginación, Panchito estaba a buen resguardo, beatíficamente sentado y rodeado de familiares y amigos. ¡Pasemos! era la esperada señal que Mauricio, su fiel y solícito yerno, acataba de inmediato levantando su vaso para que todos brindáramos junto con Pancho. Fuimos, en representación de todos los caminantes, el de Masatepe, Caresol, José Luis y Wendy su novia, Mercedes y yo”.
Continuó el de Managua: “Onofre no llegó por abstemio, pero en alguna parte, con la clara intención de pasar inadvertidos, estaban Lenin, Marx y Engels. Ya con sus traguitos este último me decía que así como había sido descartado como milagro la llegada de Panchito a Corinto, tampoco lograron unas beatas conseguir que se preparara a Pancho para ser el Cardenal Francisco Bravo y Lacayo. No por ser morenito lavado, pues los hay otros más morenos y sin lavar, sino porque estaba destinado a ser históricamente la corroboración de La Sagrada Familia, y la dialéctica junto con el evangelio nos demuestran –decía Federico quedamente al mejor estilo de Guillermo Suárez- que por sus hechos lo conoceréis. Igualito a como nos conocimos Carlitos y yo y después nos conocieron unidos todos los proletarios del mundo. Marx estaba totalmente de acuerdo con lo que decía Federico, y Lenin recordó que: Como dice el verdadero refrán, Dios nos crea y el marxismo nos junta: No nos olvidemos que el diablo es oligarca. Di una vueltecita y cuando regresé ya los tres compañeros habían desaparecido, pero sí me encontré a Caresol quien también se iba, pues decía que ya se había tomado ochentitrés tragos, uno por cada año de Panchito.
Pancho también sudó las calenturas de La Prensa, cada vez que era cerrada y buena parte de su personal encarcelado, debido a la ejemplar actitud antidictatorial de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, de quien fue un gran amigo hasta su asesinato en 1978, como siempre también lo ha sido de su hermano Xavier Chamorro, quien sucedió al Mártir de las Libertades Públicas en el cargo de director hasta 1980, cuando fundamos EL NUEVO DIARIO. Pancho Bravo, tipógrafo, armador, jefe de armada de páginas y articulista, es uno de los más dignos y perseverantes fundadores de este periódico. Son muchísimas las tardes de solaz y esparcimiento cuando después del trabajo nos íbamos donde La Cariño, La Cara de Rifle, La Sin Nombre, La Cara de Toro y tantas otras. Donde La Cara de Toro, feudo de Alfonso Dávila, una vez fuimos con Danilo Aguirre y con Fernando Silva como invitado, quien no sabía que a ella no le molestaba que le dijeran su apodo, y viene Danilo y le dice: Mire señora, el doctor Silva dice que usted tiene cara de toro, y Silva pálido, lo negaba afligido ante aquella señora que se estaba prestando a la broma que para tranquilidad suya descubrió cuando no parábamos de reírnos. A estas incursiones etílicas íbamos Julio Tapadito Vargas, a quien le habían puesto así por la infidencia de una dama que pregonó que así le gustaba hacerlo; el Chino Edgard Silva; Róger Mejía Guachinanga; el Mono Carlos García; Guillermo Ortega; Oscar Palito Peñalba; Tito Ramírez, cuñado de Pancho; Julio Fariñas; Enrique Mayorga Tortuga; Miguel Flores Florito; el Cabezón Alejandro Barrera, apodado por Pancho Crushito, porque se parecía al muñequito cabezón de la bebida Orange Crush, y a quien después, en los inicios de la revolución, le modernizaron el apodo por bombillo soviético; y desde luego, Octavio Peña o Peñón, inmenso y quien apenas hablaba pero compartía afable y silenciosamente tragos y comidas.
Célebre es la anécdota cuando una vez estando con el buenote de Peñón, le insistimos que dijera algo. Entonces Peña pidió que antes llenáramos los vasitos tragueros, hecho lo cual levantando el suyo, solo dijo: ¡Pasemos! Recordamos esto el viernes pasado, y por eso, cada vez que brindábamos con el cumpleañero, coreábamos como lo haremos siempre:

¡Pancho Bravo, pasemos!”

Jueves,17 de mayo del 2007.