Opinión

Algo anda mal y hay que arreglarlo


La injusticia de ciertas situaciones es la que conduce a las naciones más pobres a preguntarse dónde están los beneficios del comercio libre. Se ha incrementado la demanda de café, té, cacao, algodón y azúcar, que son los productos que muchos de estos países ofrecen al mundo. Aunque han aumentado los precios que se pagan en los supermercados, la parte proporcional que perciben los agricultores que cultivan estos productos agrícolas ha disminuido significativamente.
Se suele sermonear a estos países sobre la importancia de los mercados abiertos, pero el proceso no está dando los resultados anunciados. Para los pequeños agricultores rurales de los países en desarrollo, a pesar de los vaticinios, la globalización no se está traduciendo en un aumento generalizado de la prosperidad.
En gran medida, el crecimiento económico mundial ha dejado atrás a los 50 países menos adelantados, aunque, también es cierto, éstos deben ampliar la gama de productos que ofrecen al mundo.
Últimamente, China se ha convertido en una superpotencia económica, mientras otras economías emergentes, como las de India, Brasil y Rusia, han logrado unos progresos impresionantes. Como consecuencia, se ha disparado la demanda de lo que pueden exportar los agricultores de los países emergentes y su producción ha aumentado. Entre 1993-95 y 2003-05 se elevó el volumen del comercio de arroz a un 67.5%; el de algodón, 48.8%; el de verduras frescas y refrigeradas, 70%; y el de flores cortadas, 73%.
Los beneficios de estas exportaciones podrían ayudar a los 50 países menos adelantados y a otras naciones en desarrollo a sacar a sus ciudadanos de la pobreza y diversificar sus economías, pero es necesario acabar con las complejidades de la “cadena de valor”. La brecha entre costos de la producción y precios de comercialización en los supermercados debe corregirse.
Para tratar de cambiar esta situación actual, se efectuó una reunión internacional en Brasilia (del 7 al 11 de mayo de 2007), bajo el título “Iniciativa Mundial de Productos Básicos: Partiendo de Intereses Compartidos”. Los patrocinadores fueron el Fondo Común para los Productos Básicos, los estados de África, el Caribe, el Pacífico, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Gobierno de Brasil.
Ahora es el momento de actuar, porque los auges de los productos básicos nunca duran indefinidamente. El comercio tiene carácter cíclico y el mejor momento de darle un empujón a la lucha contra la pobreza es antes de la próxima caída. La buena coyuntura actual podría durar de cinco a diez años. Nadie lo sabe. Pero debemos lograr la diversificación económica --incluso si sólo se produce dentro del sector agrícola-- mientras dure la situación actual, por la misma razón que una mesa de cuatro patas tendrá menos posibilidades de tambalearse que una de dos o tres patas.
Parte del problema actual reside en que los países en desarrollo todavía están aprendiendo cuál es la mejor forma de beneficiarse de la globalización. En los años noventa, la pauta financiera internacional estipulaba que los gobiernos debían mantenerse al margen y dejar que el mercado libre funcionara. Se solicitó a muchos gobiernos de países en desarrollo que dejaran de negociar precios y organizar el transporte y la comercialización de miles de pequeños agricultores.
Varios países, especialmente en África y América Latina, dejaron de hacerlo, pero no aparecieron los sustitutos privados y miles de pequeños productores resultaron afectados.
La primera revolución industrial se alimentó de las ganancias procedentes de la agricultura. Las regiones más pobres del mundo actual merecen la misma oportunidad que Europa Occidental y Estados Unidos tuvieron hace siglo y medio.
Algo va “mal” en la situación actual y hay que arreglarlo. De otro modo, podría convertirse en realidad el escenario vaticinado por un sindicalista agrario de Zambia: “Si no nos pagan un precio razonable por nuestras exportaciones, nos exportaremos a nosotros mismos”.
*El autor es Administrador (mundial) del PNUD.