Opinión

Carta abierta a Michèle Najlis


Querida Michèle:
Mujer poeta, mujer sensible, mujer. En este momento te elevaría a Cardenal. ¡Cuánto bien estarías haciendo por la patria!
Tu decencia, decencia es lo que el nicaragüense anhela.
Decencia para borrar la dolencia y el hambre de nuestro pueblo. Pero me alarma el pensar: tan sometido nuestro pueblo al dolor, la decepción y la frustración, que pareciera que cada partícula del todo nicaragüense se habituó, se paralizó. Y es que ha sido desmedida la exposición a tanta lucha. El desgaste mental, físico y espiritual.
Entonces me pregunto: ¿se acostumbró ya el nicaragüense a vivir la vida en ese charco de acciones políticas indescifrables e irracionales? Me remonto, incluso, a nuestra historia, al origen. ¿Acaso Pedrarias devastó el subconsciente y condicionó a tal grado nuestra conciencia, donde aviva la más sutil respuesta? ¿En qué manos caímos los nicaragüenses? ¿Qué fuerza tan descomunal se apoderó, que tal grupo enormeeeeeeeee de gente ingeniosa, brillante, lumbreras de la palabra, el intelecto, el arte y la gracia se agitan y al mismo tiempo cuán dolorosa impotencia descubren en un mundo subyugado por el descaro del poder absoluto?
Yo he visto los toros de largo, querida poeta, y mi revolución interior no se compara con la lucha frontal de ustedes mujeres y hombres honrados de mi patria. Pero no crean que el dolor de los que salimos antes de la revolución, por incidencias del destino, no nos ha calado hondo. Hemos visto tanto esfuerzo de alma ido, de familiares y amigos, carcomido y deslizado por la pendiente de los siempre intereses personalistas. Puestos comprados por oportunistas que se han valido de misiones y luchas fogosas alzando banderas para elevar su alter ego.
De EGO está lleno nuestro pueblo, de un ego demoníaco, de una falta enorme de humildad, de una creencia de sabelotodo. De un no ceder para dar paso al proceso natural, de intervenir en todos nuestros actos y no permitir la voluntad que se ciñe serena.
Tengo fe en la gente honrada de mi pueblo, en mujeres y hombres que siguen luchando con dignidad. En seres humanos valientes, como vos poeta, que han sabido ser congruentes en pensamiento, palabra y obra.
Por este camino de acciones congruentes se seca la maleza.
Un abrazo fraterno a vos y a mi pueblo.
María Amanda Rivas.