Opinión

Salario mínimo: zanahoria, garrote y mito


El pasado viernes, en uno de esos programas televisivos matutinos en los que a quienes alguna vez hemos sido invitados nos dan tratamiento de expertos o analistas políticos, comparecieron para hablar del mítico salario mínimo, tres tragicómicos y refinados personajes: emperifollada la primera, decíase dirigente de una asociación de empresarios de los textiles y la confección --digamos de la maquila--; bien nutrido y algo entrado en años el segundo, se anunciaba como dirigente de una asociación de empresarios de servicios de seguridad y protección --digamos comandante de las policías privadas--; el tercero, dirigente de la cámara de comercio --digamos de los especuladores-- que al igual que sus compañeros de mesa tiene expectativas de vida muy superiores a las de la gran mayoría de los nicaragüenses de a pie.

Expertos los tres, sin duda, en el tema del salario mínimo posible o quizás podríamos decir luego de oírlos del mínimo salario posible, y que impartiendo verdadera cátedra de macroeconomía con énfasis en Producto Interno Bruto, nos explicaron con verdadera graficidad no cómo suman condiciones de vida para los trabajadores, sino cómo les restan prestaciones laborales y evaden responsabilidades legales.

Aunque pareciera difícil, por no decir imposible, lograron en su amena cátedra hacernos entender que no se deben comparar peras con manzanas, porque si así se hace sólo lograremos establecer que unas son peras y otras son manzanas, lo que no conduce a nada; pero que si se comparan peras con peras y manzanas con manzanas, se puede demostrar que unas peras son menos peras que otras, pero que cuando se comparan entre sí manzanas, todas son iguales. ¡Ah… y también nos recordaron con verdadera gracia didáctica el método de la zanahoria y el garrote como el más idóneo para obtener mayor productividad en los centros de trabajo!

Ahí les va el resumen del intrincado silogismo que entre los tres expertos construyeron: despuntó la que representaba a los capataces de la maquila, se le notaba verdadera hambre de cámara y en honor a la verdad también ella le gustó a la cámara, como suele decirse en el medio. La primera verdad indubitable fue declarada a manera de premisa mayor: ¡Ningún trabajador de las empresas maquiladoras de la confección gana el salario mínimo. Todos ganan, al menos el doble! Saltó entonces la segunda verdad rotunda a manera de complemento de la primera, ésta proferida por el comandante de las policías privadas del país: ¡Todos los vigilantes privados del país ganan al menos el doble del salario mínimo, por la mitad del costo social para el empresario! Al dirigente CACONICO correspondió entonces formular la premisa menor del silogismo: los que ganan el doble del salario mínimo ganan el mínimo salario, y sí éste es menor que el que ganan los trabajadores de Guatemala --que puso por ejemplo-- es porque el Producto Interno Bruto (PIB) de Guatemala es mayor que el de Nicaragua, luego los pobres de Nicaragua, aunque sean más productivos que los chapines, tendrán que ser más pobres, esto es -–dijo-- comparar peras con peras y así quedó demostrado que unas peras son menos peras que otras; sin embargo --tal vez porque no era el tema, hay que recordar que el debate versaba sobre el salario mínimo y no sobre el máximo lucro posible--, no logró explicar por qué, en las mismas condiciones diferenciadas de PIB que hace a unas peras --las nicas-- menos peras, los empresarios nicas son igualmente ricos que los chapines: manzanas comparadas con manzanas, manzanas iguales; es decir que a diferentes PIB se corresponden diferentes grados de pobreza de los trabajadores; pero no hay diferencia entre los detentadores de la riqueza de ambos lugares. ¡Ah que nuestros empresarios vestidos de paca y parches!

La otras dos grandes lecciones fueron las siguientes: una, la que se refiere al método empleado para aumentar la productividad; dos, cómo doblar el salario mínimo y no aumentar los costos de producción para el empresario. Ahí les van también: si usted como empresario de la maquila contrata a una obrera, lo hace con un salario básico --el mínimo por supuesto--, la entrena unos días y luego le paga por destajo; no importa el peligro de la artritis, algún día dejará de ser obrera, y la media del ingreso diario percibido por estas orgullosas trabajadoras --que según nos explicaba la emperifollada dirigente empresarial, han desplazado en calidad y productividad a las chinas y a las hindúes que van pasando de moda-- es al menos el doble del mínimo; por lo que concluía: si se aumenta demasiado el mínimo, disminuirá la productividad; es decir, si se acerca demasiado la zanahoria podrían alcanzarla y entonces de nada serviría el garrote.

El turno correspondió al bien nutrido jefe de las policías de Banco, quien continuó explicando: si un vigilante trabaja 12 horas y yo lo contrato por el salario mínimo, realmente ganará el doble de éste, porque el salario mínimo se correspondería a las primeras ocho horas trabajadas, pero como tiene cuatro horas extras por día que pagadas dobles suman lo mismo que 8, 8+8=16. Conclusión: ganan el doble.

Desenredemos esta bien enmarañada madeja. Las empresas prestan de forma permanente el servicio de vigilancia, es decir ininterrumpidamente 24 horas al día; pero antes de hacer sumas simples respecto a dicho servicio, hay que hacer de previo algunas salvedades.

Primero, el día natural de trabajo --según la ley-- es el que corre de las seis de la mañana a las ocho de la noche, y el trabajo nocturno es el que se realiza después de esta hora. Segundo, las jornadas laborales son: diurna, de 8 horas diarias y no es permitido que se acumulen más de 48 horas de este tipo a la semana; jornada mixta, 7 horas diarias, consideradas así las que ocupen parte de las horas que se consideran para la diurna y parte para la nocturna --no es permitido que se sumen más de 45 horas en este tipo de jornada a la semana--; la jornada nocturna no puede exceder de 7 horas diarias, limitadas a 42 en la semana.

Si sumamos una jornada diurna de 8 horas, una nocturna de 7 y 7 horas más de una mixta, resultan: 8+7+7=22 horas, sumatoria indicativa de que aún restan 2 horas para que la empresa cumpla con el servicio de 24 horas, esto es, para cubrir el día.

Ahora bien, una semana completa de servicios de vigilancia suma 168 horas --7 días por 24 horas--; pero si atendemos la suma de las jornadas semanales máximas legalmente concebidas: 48 diurna + 45 nocturna + 42 mixta totalizamos apenas 135. El derecho laboral protectivo de los trabajadores no opera sobre la base de sumas simples, sino de sumas relacionadas al desgaste físico de los mismos.

Si una empresa contrata dos trabajadores/día para cubrir 24 horas --suma simple-- en vez de 3.2 trabajadores/día --suma desgaste--, que es lo que debía ser, y paga a cada uno de los dos el equivalente de 1.5 día/trabajador, se ahorra al 0.2 trabajador/día.

Veamos ahora el cálculo semanal a partir de la jornada diaria. Dos trabajadores por siete días a la semana con un feriado y 8 horas consideradas extras, suma 16 trabajadores/día por semana, en cambio apegados a Derecho serían necesarios 26.7 trabajadores para cubrir 168 horas de servicios semanales. Si pagan a 2 vigilantes en concepto semanal lo que deberían pagar a los que conforme a la ley debieran contratar se ahorran no menos de tres salarios semanales, y ahorran en uniformes, radios, pistolas, transportes… y van sumando.

Podrán los trabajadores entonces al recibir su pago obtener el doble del mítico salario mínimo, pero sus cuotas de Seguro Social que suman para su retiro o en caso de desgracia no es el doble, ni es el doble su antigüedad; en fin, ninguna prestación social se calcula más allá del salario mínimo que es el de su contratación, ahorrándose los empleadores lo que se denomina como pasivo laboral, entre otros costos de operación.

Conclusión: el salario mínimo no es lo que “gana” el trabajador, sino parte de lo que “pierde”; así cuando a usted le pregunten --si es de a pie, claro-- ¿cuánto gana?, corrija enseguida: “Querrás decir ¿cuánto pierdo?” Y responda: “Al menos un salario mínimo, que es lo mínimo que de mi salario se “gana” el empleador”.

*Abogado. Profesor Adjunto de Derecho Procesal Civil, UCA