Opinión

¡Que viva Pancho Bravo!


“Me dijo Pancho Bravo -comenzó la plática aquella mañana Sherlock- que sin lugar a dudas en toda la historia de la policía, jamás hubo una tan efectiva como la que hoy está al mando de la Primera Comisionada Aminta Granera. Con ella en la jefatura -me insistía Panchito- la efectividad, el arrojo y la valentía han sido una respuesta contundente a las pretensiones del narcotráfico de apoderarse de nuestro país. Pretensiones que no terminan ni van a terminar tan pronto, pero que ya cuentan con un dique institucional reforzado, por elemental justicia, con el apoyo incondicional de toda la ciudadanía. La pasada inercia de la policía se acabó y si magistrados y jueces pretenden embarrar estas heroicas acciones apoyadas por nuestro ejército, se toparán con una activa condena ciudadana. Aquí no hay vuelta de hoja: Si no se está contra la delincuencia, es porque se es delincuente. Todo esto me lo decía Pancho Bravo, conste, debido a que ya no escribe en la página de opinión de END después de tantos años de hacerlo y muy bien, y para que yo hiciera saber su criterio y además su devoción por la Aminta Granera, que linda, dijo él, en el enamoramiento”.
“¡Vean que viejito más verde! -comentó Danilo Aguirre quien por fin se había decidido a caminar-, ay lo va a joder Doña Angelita por andar de cola parada”. El de Managua agregó: “O lo van a echar preso, porque ése es un atentado terrorista contra la Primera Comisionada, y de lesa senectud”. Se carcajeaban a más no poder, cuando Sherlock intervino nuevamente: “No sean tan brutos, el enamoramiento del Maitro Pancho Bravo por la Aminta no es tan solo porque sea bonita, sino porque en ella se personifican la sencillez, la firmeza, la idoneidad y la justicia que tanto nos estaba haciendo falta”. Aún sonrientes, el de Managua, Sanjinés, Caresol, Enrique Alvarado, el de Masatepe y Currie, calmaron a Sherlock diciéndole que habían comprendido perfectamente el sentido del enamoramiento de Pancho Bravo, y que todos lo compartían. Solo Watson no decía nada, y mejor no lo hubiera hecho, pero se le ocurrió abrir la boca para preguntar: “¿Y quién es ese Pancho Bravo?” Las miradas de condena con que el Papa Benedicto XVI habría fulminado a Leonardo Boff, Ernesto Cardenal y Jon Sobrino, en circunstancia parecida, habrían sido poca cosa comparadas con las que los caminantes dejaron caer sobre el ya apabullado Watson. No obstante, el de Masatepe para hacer gala de haber leído la “Biografía indiscreta del nunca bien ponderado y por lo general vilipendiado Camarada Francisco Bravo Lacayo” escrita por Onofre Guevara López, con el pretexto de ilustrar a Watson así contó la historia del imponderable Panchito:
“El compañero, y de los verdaderos, Francisco Bravo Lacayo, nació en Corinto el 11 de mayo de 1924, o sea, queridos caminantes y lectores, que mañana cumple ochentitrés años de andar jodiendito en este perro mundo. Al comienzo, según Onofre, unas viejitas en busca de milagros inventaron que las olas del mar habían arrojado en las playas corinteñas de El Chorizo una botellita en la que venía Pancho Bravo. El milagro no prosperó porque Pancho no fue chele ni ojos azules, así que se tuvo que aceptar el mundano materialismo histórico, y declarar la llegada de Pancho como la de cualquier ser normal y mortal. Así las cosas fue a parar al barrio El Laborío, en León, donde vivió hasta los diez años jugando a organizar la Confederación Sindical de Niños Trompeadores, por lo que fue expulsado a Managua. Aquí creció precoz, organizando más sindicatos. Irredento, en 1941 ya pertenece al primer Comité del Frente Pro-Hoy, junto con otros subversivos como Carlos Pérez Bermúdez; el 2 de abril de 1945 lo encontramos junto con su biógrafo Onofre Guevara López, Domingo Sánchez Chagüitillo y otros quijotes integrado al “Comité de Barrio” del Partido Socialista Nicaragüense, y fue tan buena la labor realizada que, según el mismo Onofre, “el desfile conmemorativo del día internacional de los trabajadores de 1945, fue el más concurrido en la historia del país anterior al triunfo de la Revolución Popular Sandi­nista”, y ese mismo histórico día se produce el rompimiento con la demagogia de Anastasio Somoza García; entre 1945 y 1946 es de los redactores del periódico AHORA del PSN; a partir del 10 de febrero de 1946, ya pertenece al Comité Ejecutivo Nacional de la Primera Central Sindical Nacional; durante la represión somocista de 1948, se inicia en sus visitas a la cárcel, de las que se vuelve un huésped asiduo debido a sus ya esperados discursos todos los primeros de mayo. Aquel muchacho que Onofre había conocido como Secretario del Sindicato de Tipógrafos de Managua en 1944, llegó a ser entre 1962 y 1970, en plena dictadura, nada menos que Presidente de la Confederación Nacional del Trabajo. Leal a su clase y a sus ideas, ha sido leal y entrañable amigo de todos cuantos lo han conocido, y generoso, contemporizador y adversario de la intransigencia. Su proverbial serenidad, añejada por los ochentitrés años que cumple mañana, bien valen los tragos de los que hablaremos la próxima semana”.
Jueves, 10 de abril de 2007­