Opinión

Borrón y cuenta nueva


Cuando todo parecía indicar que se avecinaba otra crisis en la Policía Nacional con el caso Polanco volviendo a la palestra pública, debido a una confraternización con el dueño de bares y restaurantes nocturnos con un historial dudoso, la Policía Nacional entró a un nuevo escenario ante los golpes propiciados contra el narcotráfico. Aunque esto es valioso e importante, no excluye la crítica a sus altos mandos que aparecen de juerga en sitios como éstos. El combate contra la delincuencia nacional e internacional proyecta otra imagen en los medios de comunicación, dando un giro de 180 grados con el quiebre a la banda Sinaloa. Sin embargo, éste es sólo el primer paso. La institución policial tiene que realizar acciones similares o de mayor envergadura para recobrar la credibilidad entre la mayoría de la ciudadanía. Principal reto histórico de esta institución.
Estos resultados exitosos contra el narcotráfico demuestran que el crimen organizado equivocó sus cálculos. Su mayor error: minimizar a las nuevas autoridades de la Policía Nacional de Nicaragua, pese a que algunos de los antecedentes de esta entidad hayan sido negativos. Primero, las declaraciones del ex director general de esta institución, quien admitió que era política de este organismo pagarles con droga a sus informantes, provocando una de las mayores crisis de la Policía Nacional en los últimos años.
Segundo, hay que recordar que la Policía Nacional también ha sido cuestionada por el origen de su creación en los años ochenta, principalmente por los mandatarios de los últimos 16 años. De hecho, en parte esta espinita motivó a los diputados de derecha a aprobar la ley 228. Cuerpo jurídico que parcialmente tiene como espíritu positivo que este ente sea apartidario, civil y de servicio ciudadano. El resto, más allá de ser un discurso demagógico de crear un modelo policial muy siglo XXI, se trata de una medida saludable, puesto que los órganos policiales y militares deben subordinarse al poder civil.
Por último, los señalamientos de los Organismos No Gubernamentales Nacionales de Derechos Humanos, de que la Policía Nacional es la principal violadora de las garantías fundamentales de los ciudadanos, resultan ciertos. Una de las imágenes presentes más duras fue la paliza propinada a los médicos pro salarios en las afueras del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, mientras éstos protestaban por su demanda salarial.
La opinión favorable de la que hoy goza la Policía Nacional reflejada, desde luego, a través de los medios de comunicación, en las últimas semanas, sólo viene a afirmar que los medios son la principal fuerza fiscalizadora del actuar de esta institución en la sociedad. De hecho, en los mercados, en las paradas de buses, en las instituciones y en la barbería, se escucha otra percepción sobre su quehacer. Versiones como: “Esa mujer está haciendo un buen trabajo”, “ahora sí se ve a la Policía más dura contra el narcotráfico”.
Pese a esta percepción altamente favorable de la que goza en estos momentos la Policía Nacional, cabe preguntarse ¿hasta dónde la Policía Nacional va a gozar de esta opinión favorable dentro de la ciudadanía? ¿Acaso tiene que estar realizando quiebres todos los días o es necesario que la Policía Nacional reforme su modelo policial para continuar con una imagen positiva? Cabe destacar que esta institución ya cuenta con un “Programa de Modernización y Desarrollo de la Policía Nacional para el fortalecimiento de la seguridad ciudadana”. Entonces no se trata de modelos teóricos estratégicos, sino de asumir un verdadero compromiso con la ciudadanía en todo momento.
De tal manera que hoy, más que nunca, cuando la Policía Nacional ha logrado revertir positivamente su imagen en la sociedad, tiene la gran oportunidad de decirle a la ciudadanía borrón y cuenta nueva. Borrón que debe traducirse en el corto, mediano y largo plazo, en una mayor protección a la ciudadanía y garantizar sus derechos fundamentales, sin descuidar, desde luego, la lucha contra el narcotráfico. ¡La palabra la tienen las nuevas autoridades de la Policía Nacional! ¡Ojalá no haya retroceso!

* El autor es periodista y responsable de prensa de UCC