Opinión

Sobre anticristos y sociedades sin Dios


Recientemente en este mismo diario, nuestro caro amigo, el escritor Mario Urtecho, hacía unas reflexiones acerca de la inminente venida al país de un charlatán de turno que se autoproclama como el Anticristo. Y sobre este tema aseveraba en el escrito (creo que con bastante tino) que no hacía falta esperar llegadas mesiánicas de embaucadores como éste, ya que las condiciones de injusticia y deterioro moral de la sociedad son propicias para estos oportunistas y ellas mismas constituyen su paralelismo.
Sin embargo, es preciso acotar que, aun sea muy cierto que el caldo de cultivo para el escenario perfecto de fulleros como el indicado (y muchos más que faltan) está dado, por ejemplo: la marginación y la miseria humillantes de muchos vs la desmedida ganancia de unos pocos, la falta de justicia, la corrupción política, el desenfreno por una vida más light, drogas, sexo, en fin, el vértigo por el placer, también es verdad que la ciencia y la tecnología en su concepción y usos menos humanizadas (nihilismo, hedonismo) nos están conduciendo hacia el punto que ni el mismo padre del racionalismo (Descartes) y los maestros de la sospecha (Marx, Nietzsche, Freud) deseaban ponernos en tal lugar, no obstante haber iniciado “el principio del fin” de una era posmoderna que equivale a “vivir tal si Dios no existiera”.
El escenario, pues, está dado con todos los matices imaginables, sobre todo en lo que atañe a una ética repujada en el paraíso del neoliberalismo económico, consolidado en una concepción egológica del ser humano donde prevalecen la sacralización de la oferta y la demanda. La única “mano invisible” aquí es la que empuja al hombre a un eterno presente que lo encuentra instalado en su propio cuerpo, trascendiéndose a sí mismo, en el sistema: tener, poder, gozar. Y precisamente es aquí donde caben, no sólo bribones como el señalado, sino también que ese vacío (vacuidad de humanidad plena y verdadera) es satisfecho por el mercado, mismo que nos ofrece un producto del existencialismo reduccionista de la persona humana.
Lo peor es que lo adquirimos. En efecto, nuestros jóvenes y esta generación susceptible de semejantes mitos, a falta de una utopía fundamental que revela un proyecto de hombre trascendente, tal como lo anunció el propio Dios hecho hombre en este mismo planeta tierra, no se encuentra a sí mismo, y, por el contrario, asume como verdaderas (quizás aventurable) las ofertas de fascinadores, creándonos a imagen y semejanza de idéntico sistema económico alienante.

*Lic. Derecho y Estudiante de Teología.
Universidad Católica del Trópico Seco, Estelí.