Opinión

ALBA, aventura, poder y antidemocracia


En el panteón romano existía un dios llamado Jano, genuinamente romano, se le conocía como Jano bifronte, ya que se le representaba con dos caras, una mirando al pasado y otra mirando al futuro. Era el dios de todos los comienzos. En tiempos de paz su pequeño santuario estaba cerrado y en tiempo de guerra se abría. El santuario tiene sus puertas abiertas.
Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) es un acuerdo suscrito por las repúblicas de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua que en sus disposiciones generales establece dar pasos concretos hacia la integración, elaborar planes estratégicos de complementariedad productiva, intercambiar paquetes tecnológicos integrales, eliminar el analfabetismo, ejecutar inversiones de interés mutuo, acordar la apertura de subsidiarias de bancos, concertar convenios de créditos recíprocos, practicar mecanismos de compensación comercial de bienes y servicios, impulsar planes de desarrollo culturales conjuntos, profundizar la cooperación en el tema comunicacional e intercambiar conocimientos en materia científica técnica.
De entrada tenemos que admitir que el ALBA está lleno de nobles propósitos de cooperación, sin embargo, la mente acostumbrada a dar razones, encontrar motivos y explicaciones no se contenta con las meras intenciones. Por ello haré una modesta y apretada reflexión global, regional y nacional.
Lo primero, es situar en el plano global el ALBA, y la visión histórica-diacrónica nos lleva a referirnos a dos hechos fundamentales: uno, la Guerra Fría (1945–1989) y dos la geoeconomía o globo colonización (1990–2007)
En el contexto de la Guerra Fría, predominaba el enfrentamiento entre el Este–Oeste. Estados Unidos lideraba el bloque de las naciones que defendían el capitalismo, la democracia, la libertad, la apertura, “el multipartidismo” y las prácticas de derecha. En tanto, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (URSS) representaba la lucha del socialismo, el comunismo, el estatismo, el centralismo democrático, el unipartidismo, la economía planificada, la izquierda. Este enfrentamiento que se libró entre el este y el oeste afectó seriamente a Europa, siendo Berlín símbolo de esta ruptura global, y los países de África, América Latina, el Caribe, Cuba y el sur de Asia espacios que quedaron bajo el impacto de este enfrentamiento.
Nicaragua triunfó con su revolución en 1979, es decir, entró en la ultima década de la Guerra Fría y construyó una alianza estratégica con el bloque socialista, lo que le permitió adquirir fondos, tecnología, cooperación, asistencia, suministros militares, asesoría en materia de seguridad, entre otros insumos; sin embargo, la respuesta imperial de EU fue la puesta en práctica de la guerra de baja intensidad. Al cierre de la década, 1989, el bloque socialista se derrumba. Nicaragua quedó con deudas de millones de dólares, más empobrecida, con una economía dañada, miles de desmovilizados, muertos y mutilados en el campo y la ciudad.
A partir de 1990 a 2007 nos movemos en un contexto global basado en un capitalismo mundial que ve la tierra como un gran mercado de bienes y servicios. Una globalización que se basa en la regionalización, los tratados de libre comercio, las nuevas tecnologías de comunicación, la biotecnología, las transnacionales, los organismos financieros internacionales (FMI, BM, BID), la aplicación de políticas neoliberales, unipolaridad, el pensamiento único, el debilitamiento del Estado–Nación, la muerte de la ideologías, el poder del conocimiento y las tecnocracias.
Si los proyectos imperiales, en este contexto de globalización, se plasman en el Tlcan, TLC, DR–Cafta, Plan Puebla-Panamá. Por otro lado se constituye un proyecto antiimperial y antiyaqui, el ALBA. Nicaragua está suscrita a ambos, navegamos entre los proyectos del Norte y los proyectos del Sur. En esta nueva aventura de lo que sí podemos estar seguros es de que los proyectos imperiales tienen como respaldo a los EU, la gran burguesía transnacionalizada y las burguesías nacionales; en tanto, el ALBA tiene como respaldo el petróleo venezolano, los ideales de socialismo del siglo XXI, las nobles intenciones de Cuba, el sueño de Bolivia y los recursos naturales de Nicaragua.
La otra perspectiva para comprender el ALBA es a partir de un análisis regional. Para los EU, América Latina y el Caribe es parte fundamental de sus intereses hemisféricos y ello implica: ellos trabajan por un ambiente internacional que favorezca sus intereses, están preparados para responder a las crisis y amenazas y tener previsión necesaria ante las incertidumbres del futuro. Pero las izquierdas latinoamericanas y caribeñas y los pueblos de América Latina tienen su forma de enfrentar estas realidades. Miremos cómo ha sido desde los noventa.
La década del 90 es la década del neoliberalismo. EU se mete de lleno a fomentar las democracias representativas, la aplicación de las políticas económicas neoliberales y la economía de libre mercado, fortalecer a la derecha. En tanto, la izquierda se centrará en sobrevivir, resistir, gobernar desde abajo, construir redes y mantener vivas las luchas en calles y en los espacios donde tenga presencia y en muchos casos a negociar o pactar y con ello nace una “izquierda empresarial y financiera”. El pueblo está en el desempleo, la insalubridad, la inseguridad ciudadana, el hambre, la falta de vivienda, educación, en la línea de la sobrevivencia biológica.
A partir de 2000 hasta la actualidad, EU se ha concentrado en la lucha contra el “terrorismo”, “las mafias” y la “corrupción”. Ha fomentado los tratados de libre comercio (Tlcan, TLC, DR–Cafta, PPP ) y el respaldar los gobiernos de derecha. La izquierda, por su parte, se ha planteado tomar el poder por la vía electoral, replantear las estrategias de lucha, el antinorteamericanismo, la antiglobalización y gracias a la toma del poder en diversos países, potenciar el ALBA, el Banco del Sur, Telesur y otras iniciativas. El pueblo sufre la división en la base, hay mucha expectación, incertidumbres, sorpresas y sigue en la sobrevivencia biológica.
Nicaragua se ubica entre satisfacer las demandas imperiales y los compromisos con el Sur. Ante las negociaciones con el Norte, la relación es qué me das tú, qué te doy. Ante las negociaciones con el Sur el criterio es: estoy dispuesto a recibir a cambio sacrificar en su momento lo necesario por la lucha. ¿Cuánto durará este balance crítico? ¿Cuál será el resultado al final del período de gobierno?
Desde una perspectiva nacional, los tratados con el Norte y el Sur son de carácter antidemocráticos: Uno, porque jamás estos tratados han sido consultados con el pueblo. No hubo referéndum para ratificar el DR–Cafta y ALBA. Dos, los proyectos imperiales y el ALBA vienen desde arriba, desde el poder y por lo tanto autoritarios. Tres, los tratados con el Norte y el Sur parten de la premisa que si los que firman y ratifican tienen el poder del Estado, con eso es suficiente para firmar y negociar la ratificación. Y Nicaragua sale perdiendo con ambas propuestas porque fomentamos y profundizamos la cultura de la dependencia, la subordinación, el asistencialismo y no se parte de un enfoque de desarrollo sustentable.
ALBA no es un tratado entre los presidentes Fidel Castro – Hugo Chávez – Evo Morales – Daniel Ortega, sino entre las repúblicas que ellos como jefes de Estados representan, y en virtud que afecta a los pueblos antes señalados, en el caso de Nicaragua, debió someterse a REFERÉNDUM NACIONAL y no manejarse de forma populista, secretista y con reticencia, así como en su momento se demandó con respecto al DR-Cafta.
Green Party
www.greens.org