Opinión

Mentiras mal hechas

Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacerías continuarán glorificando al cazador. Proverbio africano

Squanto fue el cacique indígena que, en territorio de América del Norte, recibió a los primeros conquistadores e invasores ingleses, llamados Pilgrims, y les ofreció alimentos y abrigo. Debido a lo antes dicho, en EU celebran el Día de Acción de Gracias. Sin embargo, no existe un monumento a Squanto en ninguna parte de los 50 estados de la Unión Americana, como un homenaje al líder de los indígenas nativos que demostró su hospitalidad en nombre de una nación noble que después sería desplazada y masacrada por las oleadas de inmigrantes ingleses, de raza blanca, armados y llevando a cabo su cruzada. Tampoco se sabe si Squanto dirigió algún tipo de resistencia posterior.
Hasta hace pocos años iniciaron la construcción de la monumental cara del líder de la resistencia indígena Sioux, Crazy Horse (Caballo Loco), en el mismo sitio donde están los rostros gigantes de los padres fundadores de la nación norteamericana, el Memorial Nacional del Monte Rushmore, en Keystone, South Dakota. Dicha montaña fue llamada Seis Abuelos, por los indios Lakota Sioux. Caballo Loco, reivindicado por los descendientes de los Sioux, tendrá su monumento prácticamente a la par de George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln (quienes representan los primeros 150 años de la historia blanca de los EU). ¿Y los monumentos a Toro Sentado y al Indio Gerónimo dónde están?
Le llaman lucha por los derechos civiles y no por los derechos raciales de los negros a la encabezada por Martin Luther King Jr.; se recuerda la fecha de su nacimiento como un feriado nacional desde 1983, pero no se conmemora la fecha en que el sistema racista lo mató (la mayoría de estadounidenses ni la recuerdan). Este líder negro nació el 15 de enero de 1929 y fue asesinado por el Ku Klux Klan el 4 de abril de 1968 en Memphis, Tennessee, cuando tenía 39 años, pocos años después de recibir el Premio Nobel de la Paz.
Capturaron al supuesto asesino del presidente J.F. Kennedy, llamado Lee Harvey Oswald, quien se dice estaba oculto, el 22 de noviembre de 1963, cuando supuestamente disparó como francotirador. Pero no capturaron al hombre que abierta y públicamente asesinó a L.H. Oswald, en un pasillo, custodiado por muchos policías, agentes de seguridad, periodistas y curiosos. L.H. Oswald no pudo huir entre miles de personas, a pesar de no haber sido visto por nadie disparando; sin embargo, su asesino sí pudo huir entre un grupo de personas que lo vieron a todas luces. Kennedy, el trigésimo quinto presidente de EU, se sumó así a la lista de cuatro presidentes gringos asesinados: Abraham Lincoln (1865), James Garfield (1881) y William McKinley (1901). ¿Quién fue el autor material e intelectual del asesinato de H.L. Oswald? ¿Acaso nunca interesó saberlo?
El Primero de Mayo lo han dado a conocer como el Día del Trabajo y no como el Día de los Trabajadores (que son quienes producen la riqueza). Y en Estados Unidos, donde ocurrió la masacre de trabajadores en el siglo XIX, no existe un monumento a esos trabajadores reprimidos, encarcelados o ahorcados, ni en Chicago, ni en ninguna parte del país.
Nunca nadie ha mencionado los nombres de los líderes indígenas o caciques de Imabite, quienes vivían en las cercanías del volcán Momotombo, antes que los violentos conquistadores españoles derrotaran a nuestros indios y fundaran, en 1524, la ciudad de León, hoy conocida como León Viejo. Quizá estamos ante una nueva tarea antropológica, arqueológica e histórica, que vaya más allá de celebrar el hallazgo del esqueleto de un conquistador, invasor y saqueador.
Incluso, en León Viejo, Patrimonio Histórico de la Humanidad, hay una impresionante estatua del conquistador y fundador español Francisco Hernández de Córdoba. Y hay una estatua, muy rústica y situada en la periferia, al final del recorrido, de manera marginal, casi hecha por no dejar, que representa a los 18 guerreros o líderes indígenas llamados Talipaguis, a quienes Pedrarias Dávila, el primer gobernador y dictador de Nicaragua, los mandó a matar con los perros entrenados para matar, en un espectáculo público como escarmiento para los demás indios. Más bien hay mucho énfasis en los españoles ricos, a costa de los indios, por ejemplo, en el señor Cano y la señora Jiménez. Todo es parte de la historia borrada, quemada, negada, olvidada, a propósito, por los poderosos.
Hemos recibido información de un famoso diálogo entre Nicarao y Gil González, el cual fue algo fortuito, casual. Pero no hemos recibido información de los diálogos entre los caciques de Imabite con Pedrarias Dávila y Francisco Hernández de Córdoba, donde los españoles se establecieron y tuvieron más tiempo para platicar con los indios, incluso usando traductores. ¿Se podrá encontrar algún documento de referencia escrito por los cronistas españoles o criollos? A propósito, ¿dónde están los grandes monumentos a Nicarao (si es que existió, según nos ha hecho dudar el cuentista y médico pediatra Fernando Silva)? ¿Dónde está el monumento a Diriangén? (como ha preguntado Marvin J. Alemán G., en Nuevo Amanecer Cultural). Y el monumento a Adiact, ¿dónde está? En Sutiaba, León, construyeron un monumento en homenaje a los indios, ubicado en un tope, pero con el defecto siguiente: la estatua parece estar dirigiendo el tráfico vehicular hacia el norte. Hoy es un punto de referencia local y la gente dice al dar una dirección: del indio dos cuadras al sur... Del Güegüence nos han hablado mal y lo han hecho sinónimo de bandido, mentiroso, guatusero, cobarde, matrero, traidor, hipócrita, perezoso, vago, etc., pero ya gente estudiosa como Mario Urtecho nos ha aclarado y nos ha puesto en perspectiva al otro Macho Ratón, el comerciante laborioso, rebelde, crítico, burlesco ante el poder, la autoridad y la corrupción; el marginado y rechazado por españoles e indios por ser mestizo.
Y para finalizar, los políticos tradicionales de la derecha y sus presidentes, sus banqueros y empresarios, nos han hecho creer que ellos y los de su clase pagan o han pagado siempre sus impuestos (por ese hecho, nos han dicho que merecen mandarnos desde la presidencia), pero recientemente el economista Néstor Avendaño afirmó, con conocimiento de causa, que el 60% de las empresas privadas tienen varios años (quizá 10 ó 20 años) de estar declarando pérdidas para no pagar impuestos, y por otro lado, el 80% de los propietarios de mansiones que valen 1 millón de dólares o más no pagan el impuesto de bienes inmuebles en las alcaldía municipales. ¿Qué tal?
Todas son puras mentiras, mentiritas, mentiras mal hechas.