Opinión

A propósito del retiro de los oficiales en las filas del Ejército


Muy pocos civiles conocemos cómo funciona el engranaje de retiro en nuestras Fuerzas Armadas, ya que ésta ha sido una institución que por la naturaleza de su formación, en sus inicios no contaba con leyes, ni reglamentos claros y en muchos casos solamente prevalecía la disposición final del jefe.
Hoy en día, gracias a la profesionalización con que cuenta el Ejército, tiene leyes y estatutos claros que se aplican, pero a mi criterio aún hay nubes en el horizonte, pues hay casos que se manejan con una discrecionalidad desmedida y casi en secreto militar, cosa que es necesaria y aceptable solamente cuando los intereses nacionales lo demanden, pero estos casos especiales deberían contar con la debida autorización del Presidente de la República. De lo contrario, sería errónea su aplicación, pues los militares son funcionarios públicos y se deben al pueblo.
Muy pocos civiles conocemos que el Ejército iniciará un plan de salida numerosa, pues está establecido por el Código Militar que al cumplir 30 años de servicio activo deben salir. Les recuerdo que la mayoría de los cuadros fundadores del Ejército cumplen este 2007 28 años de servicio y el XXVIII Aniversario de fundación del Ejército de Nicaragua.
Esto nos obliga a hacer un alto en el camino y preguntarnos como sociedad civil si nuestro Ejército está preparado para ello, si han sido capaces los oficiales que pasan a retiro de preparar a ese relevo generacional que se dará muy pronto. Y también de preguntarnos si esos oficiales que pasarán a retiro y que entraron siendo muy jóvenes al Ejército podrán reinsertarse a la vida civil. Si están emocional, psicológica y profesionalmente listos y, lo más importante, si los militares están en proceso de elaboración de este plan y se lo han dado a conocer al presidente Daniel Ortega.
El retiro de los oficiales del Ejército de Nicaragua debe constituir un logro importante de carácter colectivo y profesional para la institución armada, debe ser percibido por la sociedad nicaragüense y militares mismos como un mecanismo transparente de renovación, cambios y modernización de las Fuerzas Armadas. Los efectivos militares deben sentirlo como parte inherente de la actividad final de sus carreras y un ciclo permanente rotativo de la vida castrense que los dignifica, así como un éxito en la culminación de sus servicios brindados a la patria ya que el mismo les fortalece el espíritu de orgullo, cohesión y unidad y no lo contrario puesto que ello los dividiría y enfrentaría.
Si erróneamente en las Fuerzas Armadas el retiro es aplicado como una política de purga, cobraderas de cuenta, premio a los maletas y quítate tú para ponerme yo... estarían carcomiendo la base y cimientos jurídicos legales, y técnico-administrativos de una institución que les ha costado tanto construir a los héroes y mártires y a la nación nicaragüenses, sin mencionar que estaríamos nosotros siendo cómplices si nos limitamos a leer una nota periodística sobre los retirados y ya.
El retiro no debe ser utilizado por ningún jefe como un resorte o mecanismo que el mando ejerce contra el subordinado, de ser así desvirtuamos su esencia. Por eso la importancia estratégica que los mismos se realicen con la más diáfana transparencia y aceptación posible y consciente de todos sus miembros. Nadie debería irse insatisfecho del Ejército de Nicaragua, reconociendo que todos obtuvieron las mismas ventajas y en igualdad de competencia profesional, corporativa, solidaria y fraterna entre hermanos de armas, respaldados por una institución que les ofreció el apoyo y protección en el desarrollo de sus vidas, carrera y destino militar a todos sin distinción de ningún tipo, para evitarnos problemas que pueden suscitarse como ya hemos visto con los miembros del mismo Ejército, donde han existido casos de dificultades para reinsertarse y menosprecios de gobiernos anteriores que no se ocuparon de este problema.
No se debe confundir los retiros con otras políticas que regulan la vida y conducta militar en el ejercicio de las funciones militares, como por ejemplo las medidas administrativas, correctivas, disciplinarias y penales que diariamente se aplican para su buen funcionamiento.
Los retiros se realizan por perfeccionamiento orgánico institucional, su objeto es que la pirámide jerarquizada no se deforme y en un proceso rotatorio vertical y horizontal todos sus componentes estén sometidos al proceso técnico administrativo y, lógico, no de forma unilateral de alguien ni mucho menos discrecional; y para evitar al máximo criterios personales, el presidente, en su calidad de comandante supremo de las Fuerzas Armadas, debe aprobar los mismos después que ha pasado por todo un proceso establecido y reglamentado auxiliado por un programa de retiros serio con parámetros, valores y estimaciones que debe ser sometido a comisiones especializadas y creadas para tal fin, con el objeto de que prive la excelencia en todos los aspectos tales como antigüedad, orden en la sucesión, ubicación, jerarquización, prelación, experiencia militar, conocimientos adquiridos, formación militar y profesional, estado de salud y condiciones físicas.
Todos los ciudadanos reconocemos que tenemos una institución militar con un prestigio enorme, gracias a los valientes hombres y mujeres que apoyados y fortalecidos por el pueblo hemos entregado lo mejor de nuestras familias y nuestra sangre en aras de construir y fortalecer este Ejército que ha cosechado éxitos nacionales e internacionales y del cual los nicaragüenses nos sentimos orgullosos. No debemos obviar que todo el profesionalismo con el que se cuenta hoy es obra de los que nos antecedieron y del esfuerzo diario de los actuales miembros de la institución armada.
A mi parecer, en Nicaragua se acabaron los gobiernos que se sentían divorciados ante el destino de los oficiales retirados, y los trataban con mucha indiferencia, por el contrario el gobierno del comandante Daniel Ortega creo que puede tener muy en cuenta quiénes son los que salen y quiénes son los que quedan, pero además a los que salen debería pasarlos por el examen gubernamental, para aprovechar sus capacidades y potenciararlas con el objetivo de aprovechar lo invertertido en ellos, durante muchos años por el Estado nicaragüense, en cursos de preparación nacional e internacionalmente.
En ese universo de oficiales retirados que salen cada año del cuerpo castrense hay profesionales y especialistas de todos los tipos y ramas: ambientalistas, traductores, ingenieros, informáticos, administradores, juristas, electrónicos, médicos, profesores, pedagogos, pilotos, navegantes, controladores aéreos, comunicadores, etc. Gente que podría emplearse en el Estado y mejorar la calidad de éste en aras del bienestar del pueblo nicaragüense y sus instituciones.
Así todos los conocimientos, formación, disciplina y disposición al sacrificio y al trabajo sin horario que aprendieron estando en lugares difíciles y remotos podrían utilizarse en puestos de trabajo claves para el Estado nicaragüense donde se requiere que sólo alguien con la formación militar pueda desempeñarlo de mejor forma, como por ejemplo seguridad y protección de objetivos estratégicos del país, áreas protegidas, reservas forestales, puertos, aeropuertos, aeronáutica civil, aduanas, puntos de control aéreos, centros de comunicaciones, plataformas radio-electrónicas, grandes instalaciones y bodegas de materiales peligrosos y sensibles del Estado, transporte y suministro estatal, grandes complejos e infraestructuras gubernamentales, refinerías estatales, delegaciones ministeriales en lugares lejanos, bodegas públicas, construcciones de caminos y carreteras, etc.

* Ex presidenta de la Asociación de Esposas de Militares del Ejército de Nicaragua (2002-2004).