Opinión

Donde fue Managua


En Managua hay una especie de resistencia. Y esa resistencia es la memoria. Es la manía nicaragüense de recordar, recuperar las cosas tal como fueron, repetirlas en el corazón. A los que no vivimos en la Managua de antes del terremoto nos queda al menos el recuerdo de otros y esas fotos. Esas fotos en blanco y negro que ahora contemplo, y esta Managua que es imposible ubicar.
Los edificios se levantan como fantasmas, las calles se ordenan como en otra ciudad. Es otra ciudad de hecho, algo más limpia, donde la gente caminaba. Hay miles de fotos de la vieja Managua, y si no fuera porque la gente dice que así fue, porque las fotos lo muestran, a mí me resulta imposible creer que quienes lo vivieron se hayan acostumbrado en silencio y casi sin decirlo a no tener una ciudad donde antes la había. Porque ahora Managua, a pesar de los cambios, no es una ciudad, sino un accidente, donde hay que ir en bus, en carro o guindado en cualquier parte a cualquier lado. Donde no hay aceras ni sombra, no hay ciudad. Managua sigue doliéndose de una herida de hace 35 años.
Pero aún están los fantasmas, las sombras de esos edificios de los que hablan las fotos. Y claro, el tiempo y la ausencia han hecho mítica una ciudad que aunque no del todo hermosa, era un poco más humana, con rincones lindos.
Pero a mí lo que más me gusta es su inmenso arsenal de recuerdos. Si se fijan, casi en cada esquina, o a mitad de una calle está el principio de una historia: donde fue el arbolito... Donde fue el Autocinema... Ah, eso de los cinemas es fabuloso. No sé cuántas salas de cine hubo en Managua, o si todas estuvieron al mismo tiempo, pero tuvo que ser una ciudad muy cinematográfica a juzgar por los “donde fue” y por las iglesias evangélicas que aprovecharon las viejas estructuras de los que quedaron en pie.
Donde fue algo empezó una historia. Y uno podría recorrer cada punto donde algo fue y empezar a reconstruir, dibujar en la imaginación el viejo trazado de una calle, donde se dio un crimen legendario, una pasión o una historia de amor.
Cuesta reconocer el pasado en el presente. Cuesta reconocer lo que fue, pero es una linda costumbre nicaragüense esa de recordar para no olvidar. A mí me ha dado ahora por recordar los lugares de mi infancia, que no son en Managua precisamente. Pero por recordar aquellos donde algo ocurrió. Un día de tantos, no hace mucho, pude llegarme hasta el patio del colegio donde estudié de pequeño y donde todas las mañanas, con lluvia o sol, nos hacían guardar fila al estilo militar antes de entrar a clase ordenados por sección y apellidos. Un cura rezaba una oración y cantábamos algo, una canción a María Auxiliadora. En aquel patio recordé que los días comenzaban como una vida entera, y en ese día tenía que hacer muchas cosas y estar con mucha gente. Ese patio, podría llamarse “donde fueron los días”.
He copiado la forma nicaragüense de recordar lo que hubo en cada esquina, como un pellizco a la memoria, como un darnos cuenta que fue verdad, que hubo una ciudad en este caos. He copiado la forma para recordarme las esquinas olvidadas de una vida que a veces se nos escapa en los meandros de la memoria. Esa vida es la niñez, para bien o para mal, porque también en la niñez se recuerdan las sombras que merecen ser recordadas. Y así he trazado mi ciudad de niño, llegando a “donde fue la primera gran emoción”; después a “donde fue la idea del amor propio”, “donde fue el primer dolor”, “donde fue la primera renuncia”, “donde fue el primer despojo”, y así, con esquinas buenas y malas, he llegado también a “donde fue el miedo”, y a “donde fue el primer no”; a “donde fue la primera ausencia”, pero también he vuelto a la esquina “de donde fue el primer beso”, aunque no fue en una esquina propiamente. Y así he seguido, otro día les cuento cómo terminé el viaje.
A Nicaragua no le falta memoria. Existe la costumbre de emprender acciones hacia delante recordándose como éramos. En lo particular, he aprendido a no recordarme según los años, sino según esos lugares donde fue algo que no puedo olvidar, para que como la gente que sí la vivió, aún sea capaz de saber lo que pasó en cada rincón de mi vida, como de esta ciudad que se levanta, junto a un lago rodeado por huellas, donde fue Managua.
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