Opinión

Nuestra herencia


I
Hemos observado que no solamente los rasgos físicos, color, tipo de piel o cabello se heredan, también viene en el paquete que todo ser vivo trae al nacer, cualidades y manías, costumbres y hasta el mal genio del abuelo.
Dejemos a don Charles Darwin dar las explicaciones científicas de antaño, agreguémosle lo de la famosa oveja Dolly y dejémosles el perfeccionamiento del genoma humano, e incluso el estudio del genoma del nica, a los sabios en estos asuntos, nosotros veamos lo que el simple mortal puede ver, y si quiere puede comprobar adentrándose en esos caminos de la ciencia.

II
Hay quienes mantienen que el ritmo musical para escuchar y componer música y hasta para bailar se heredan, así mismo el paladar.
La facilidad para el dibujo, el armonizar colores, la estética visual nos vienen de herencia.
Nietos de mexicanos nacidos en tierras lejanas, gustarán de las canciones rancheras y sus comidas se sazonarán con abundante chile.
III
Recientemente al entrar en una tienda de San José, Costa Rica, nos preguntaron si nosotros éramos nicas, y contestamos que sí orgullosamente sorprendidos.
¿Y cómo lo supieron?, preguntamos a nuestra vez; la respuesta no se hizo esperar: porque no saludaron al entrar.
Esto nos recordó que la mala educación también se hereda, suavicémoslo con que también la cordialidad a veces escandalosa también va en los genes nicas.
IV
Y celebrando un cumpleaños en Miami, resolvimos ir al Cerro Negro Restaurant, en la calle Flaggler y 96 Avenida, donde las canciones de Poneloya y Viva León jodido, volvió a recordarnos que lo que se hereda no se adquiere con moneda plástica.
Lo nica seguía en el menú: se ofrecen tamales, yoltamales, nacatamales de pollo o cerdo, quesillos, indio viejo, tamuga, gallo pinto, y el resto de la cadena de comidas que desgrana la canción de Luis Enrique Mejía Godoy, cuando suelta la retahíla de Somos hijos del maíz y que con música y paladar aprisionan nuestra nacionalidad.
V
Tampoco hizo falta el sabor de entrar sin saludar, o expresiones de “¡Ideay h. de p.!” ¿Qué te habías hecho? Y la chabacanería de dueños, meseros y personal de servicio que haciendo gala de la herencia daban la espalda a la cortesía.
Puede ser que la añoranza del nica desarraigado por muchos años se encuentre satisfecha por ese “modo nica”.
Pero a los que recién llegamos, ya saturados de las descortesías de acá, es demasiado pedirnos que busquemos allá malos tratos y frases salidas de una caja de lustrar, no es que queremos que todos sean egresados de una universidad de diplomacia, simplemente educados.
VI
Los nicas, además de tener nuestros defectos, somos gente cordial, valiente y que no nos doblegamos ante la desgracia, por continuada que sea. Somos trabajadores y hasta presumimos de saber “hacer de todo”, quizá por eso en Tiquilandia nos prefieren como mano de obra. Nuestro ingenio es innegable.
Estando en nuestra tierra es bien conocido que a cualquier extranjero invitamos a casa, y al rato ya es nuestro hermano.
No le negamos una mano de ayuda a nadie, como tampoco un garrotazo si se nos quieren “ir arriba”.
VII
En el genoma del nica viene Rubén Darío, por algo se ha repetido que somos el país con más poetas por kilómetro cuadrado.
No podemos dejar por fuera los genes que produjeron a un Denis Martínez y a un Alexis Argüello en deporte.
O un Alfredo Pellas codeándose con lo más ilustre de los multimillonarios latinos.
VIII
Sandino es un referente nacional, ¿qué mezcla especial de genes pudo dar en un país pequeño a este gran hombre de fama universal? Y a un Benjamín Zeledón y a tantos otros que como advierte Rubén en su Oda a Roosevelt:
Hay mil cachorros sueltos del León Español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser, por Dios mismo,
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.
Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!
No renunciamos a nuestra herencia de la sangre patriótica, al fuerte amor al terruño y al apego por la dignidad nacional.
Podemos ir a Mokorón o al San Juan, a Cayo Roncador o llegar hasta Tegucigalpa. Somos el país que más guerras fraticidas hemos librado por años al cuadrado, pero también podemos reclamar legalmente en La Haya, cuando así se requiere.
IX
Pero habiéndonos reconocido como optimistas irredentos, hacemos votos para que cada uno de nosotros sea cada día más nica e intente ser a la par, mucho más educado.
Y si los milagros son posibles, que dejemos de tirar basura en los cuatro puntos cardinales de nuestra amada tierra.
Managua, 27 de abril de 2007.
* Miembros del Centro Nicaragüense de Escritores.
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