Opinión

Las ministras


Hasta ahora, la ministra más estelar del nuevo gobierno ha sido la titular de Salud, Maritza Cuan. Este Lunes 23 de abril ha arrancado la Jornada de Vacunación masiva en todo el país, y eso es motivo de celebración y de buenos recuerdos para quienes aún tenemos en la memoria los esfuerzos enormes que se hicieron en los ochenta para prevenir una multitud de enfermedades, tanto en los niños como en los adultos. Aunque no conozco más que los antecedentes de la Ministra, me gustaron las pocas opiniones que logró expresar antes de que --igual que a los otros ministros-- le pasaran la línea de no dar declaraciones a los medios. Es una lástima que los nicaragüenses no tengamos la oportunidad de conocer mejor a quienes se encargan de administrar nuestro presupuesto y los programas del estado, pero así parece que son las cosas en las “democracias directas” formuladas al gusto de quienes las diseñan para que calcen con su peculiar concepto de gobierno.
Pero si los éxitos de la ministra Cuan nos alegran, hay que decir que no ha sido fácil la vida de las ministras en este gobierno en el que se prometió gran participación e igualdad a las mujeres. Los tres despidos más sonados han sido todos de ministras, todos fulminantes y, a excepción del último, todos sin una explicación clara de las razones que los motivaron. Quizás esté equivocada, pero me da la impresión de que en estos casos se repite la tendencia de usar hacia las mujeres una vara de medir más intolerante de la que se aplica a los hombres.
Los despidos de cada una han sido además humillantes y carentes de tacto. En vez de enaltecer a la mujer al ponerla en posiciones de dirección, lo que han hecho esta serie de acciones es darle la impresión al pueblo de que son pocas las mujeres capaces de dirigir un ministerio. Sin embargo, las tres ministras despedidas son mujeres profesionales, competentes. Más que para diseñar políticas de estado --asunto que hasta ahora está reservado aparentemente a la democracia familiar de la familia reinante-- fueron asignadas a posiciones de administradoras y les pasaron la cuenta no bien intentaron hacer un mínimo uso de su libre albedrío. Ciertamente que la idea de tener terapia floral y homeopática cobrada dentro de un ministerio (por mucho que el cobro fuera modesto) fue un desacierto de la Ministra Lorío; pero, por favor, tomar este caso como un testimonio “ejemplar” de cuan serio pretende ser este gobierno en su lucha contra la corrupción, es verdaderamente absurdo. Desde tiempos ya distantes se ha hablado sobre la conveniencia o no de tener atención de salud directamente en los Centros de Trabajo, con el fin de evitar el ausentismo debido a las largas esperas en las consultas externas de los hospitales del Seguro.
Quizás la ministra tenía esa idea. Ciertamente que achacar su acción al afán de lucro o de hacer negocio con el ministerio es sobredimensionar lo que, obviamente, fue una ingenuidad de su parte. Otra cosa hubiese sido que ella contratara a una socia para que pasara consultas en el ministerio pagadas por el ministerio; pero parece que ella apuntaba a brindar un servicio que la gente podía o no recibir voluntariamente y que no le costara al estado sino a los beneficiarios del servicio.
Con tantos corruptos apañados y hasta invitados a tomas de posesión como tenemos aquí, de repente la pobre Ministra Lorío ¡va a ser un caso ejemplar del castigo de este gobierno a los malos manejos!!!! Seamos serios. No sé los entretelones del caso de Glenda Ramírez, pero los casos de Margine y de Amanda son del tipo “chivo expiatorio”. Yo leí la entrevista que causó el despido de Margine Gutiérrez y más bien sentí que --a pesar de que no era una persona idónea quizás para atender cultura-- sí tenía buenas ideas sobre cómo al menos sacar el ministerio adelante, hacerlo más eficiente y cuidar del patrimonio. Pero claro, ¿cómo iba a reaccionar la persona a quien se le encarga velar por el patrimonio nacional cuando su Presidente lo regala? Eso es lo que se llama poner a alguien en una posición imposible de sostener con seriedad. Y a pesar de eso, ella sólo se preguntaba en la entrevista si no debía existir una legislación más clara al respecto. Fue extremadamente diplomática. Aún así, al día siguiente la pusieron de patitas en la calle. Fue el chivo expiatorio para que los demás ministros pusieran su barba en remojo y ni se les ocurriera dar entrevistas.
Ahora, Amanda Lorío --que, después de todo, tenía largos años de experiencia en el Midinra y no sólo en reflexología-- ha sido sustituida por otra Ministra; Juana Argeñal, una persona que admite que no sabe nada del medio ambiente, pero que, a juzgar por sus declaraciones, es leal al partido. No vamos a negarle la posibilidad de aprender, pero es obvio que poner a una persona sin experiencia en un área tan necesitada de atención y de conocimiento científico como el medio ambiente es exponerla a errores e incompetencia; es situar a otra mujer en una posición de vulnerabilidad sólo para mantener la apariencia de que hay paridad en el gabinete.
A pesar del desatino de la ex ministra Lorío de llevar la terapia floral a su ministerio --como la lleva a la Secretaría del FSLN la Primera Dama, a juzgar por la cantidad de flores que hay en cada comparecencia --es obvio que en este gobierno las mujeres han sido menos dóciles y han tratado de usar su independencia y su libertad en mayor grado que los hombres del presidente.
Quizás se creyeron esa historia de que la presidencia era 50% femenina y se olvidaron que, desafortunadamente hay mujeres que, mientras más poder tienen, más duras y competitivas son con sus congéneres.
Abril 23, 2007