Opinión

El Valetudinario errante


Esta mañana así dio Sherlock comienzo a su historia sobre el Valetudinario errante: “A diferencia de Luis Sánchez Sancho quien sabe de mitología griega casi tanto como el mismísimo Tito Castillo, debo decir que mis cono­cimientos de mitología cristiana se nutren de internet, y además confieso sin pudor alguno que así lo he hecho para averiguar los antecedentes históricos del Valetudinario errante, los cuales, como ya hasta Watson parece haber deducido, se encuentran en el famoso Judío errante, no sabiéndose a ciencia cierta si el Valetudinario es una reencarnación del Judío o es el mismo Judío prolongado existencialmente. Como yo no creo en la reencarnación, me inclino por la segunda teoría, pues además es lógico que el Judío, después de tantos siglos de andar errante, se haya vuelto valetudinario, tal y como en su momento lo corroboraron las máximas autori­dades de Medicina Legal o Instituto Forense de Nicaragua”.
Tomándose un respiro para sacudirse las orejas, Sherlock continuó: “Es el momento de reconocer la valiosa ayuda de Watson en esta investigación, pues él, además de mi fiel compañero, es amigo de los miembros de la Academia Nicaragüense de Ciencias Genealógicas, en donde María del Socorro de Argüello, Eddy Khül Arauz y Noel Vargas Robleto le ayudaron a desenmarañar el frondoso árbol genealógico del Judío errante, estableciéndose irrefutablemente que el Judío errante es en la actualidad el Valetudinario errante, caudillo conocido como Arnoldo Alemán. Según Watson, este descubrimiento lo confirmó en su momento el hoy misteriosamente desaparecido José Antonio Alvarado, quien juró que este valetudinario errante era el mismo Arnoldo Alemán chiquito y gordito que él había conocido en una piscina. Sobre la marcha de los mil kilómetros haciendo proselitismo político, dijo no extrañarle, puesto que Arnoldo había sido vago desde cuando vendía carbón. Esta última palabra le bastó a Watson para establecer la desnaturalizada afición del caudillo Alemán, es decir, el Valetudinario errante, por las cosas infernales y sus indudables nexos con los anticristos”.
Aprovechando que Sherlock se tomaba otro descanso para orinar levantando dificultosamente su pata trasera, José Antonio Sanjinés comentó: “Cuánta sagacidad la de Watson, pues desde luego que lo del carbón explica que el pacto de los caudillos es en realidad a tres bandas, y que el tercer personaje es el diablo”. Como estando en la misma onda, Roberto Currie complementó: “Definitivamente el de los caudillos es un pacto con el diablo y entre diablos. Por eso es que Danilo Aguirre dijo que la marcha de los mil kilómetros le salió de retroceso al Valetudinario errante y su séquito, pues en el camino, pese a misas y hostias, se les hundieron lanchas y ambiciones. Como muy bien ha señalado nuestro buen amigo Enrique Alvarado, el Caudillo Arnoldo Alemán va cuesta abajo y de rodada”. Sherlock se propuso retomar su historia, y para ello no tuvo siquiera que pedir la atención que ya tenía de todos, en especial de un boquiabierto Caresol.
“Pues bien, claro como está que el Valetudinario errante no es otro que Arnoldo Alemán y por lo tanto el mismísimo Judío errante, es el momento de decir que también he descubierto que el Valetudinario carga, como es lógico, con los mismos defectos y pecados del Judío, y con el mismo castigo de andar errante, aunque sea, gracias al otro caudillo, recorriendo infructuosamente las carreteras y ­ caminos de esta nuestra patria que le dieron por cárcel. ¿Pero quién fue Arnoldo Alemán en tiempo de Jesús? Dicen los genealogistas que tuvo gran cantidad de nombres, entre ellos: Ahasverus, Buttadeu, Larry el Caminante, Joseph Cartaphilus, Juan Espera en Dios, Michob-Ader, Ausero y Catafilo. Con este último nombre en el año 1229 vivía en Armenia. Como diríamos aquí, son incontables sus muertes y daños, pues de Armenia fue expulsado después de saquear sus arcas. Con el nombre de Samer, el Judío errante fue condenado a vivir para siempre y a vagar por haber fundido el becerro de oro en tiempo de Moisés”.
“Pero las historias más difundidas -continuó Sherlock aproximándose al final- son cuando este Judío insultó a Jesús durante la Crucifixión, por lo que ya moribundo lo condenó a errar hasta su retorno; y cuando siendo guardia del pretorio de Poncio Pilatos, sacó a Jesús a empellones y éste le dijo: El Hijo del Hombre se va, pero tu esperarás hasta que vuelva. Así que, como les decía, transcurrido tanto tiempo el Judío Errante devino en Valetudinario sin perder ni su codicia ni su arrogancia, a tal punto de creer que cuando Cristo lo condenó diciéndole que tendría que esperar hasta el regreso del Hijo del Hombre, redobló su errar por el país recorriéndolo afanosamente, creyendo que el Hombre que él esperaba era Daniel, el otro caudillo, en quien a la vez vio un nuevo becerro de oro”.
Jueves, 26 de abril del 2007.