Opinión

¿Por qué no leemos?


El chofer del bus acelera como si estuviese en una carrera, situación común en las primeras horas de la mañana, pues la mayoría de la gente sufre del síndrome del “corre que te atrasas”. Sin embargo, esto no dispersa la atención de aquel muchacho anónimo, que libro en mano revisa página tras página hasta que abandona el transporte.
Al respecto surgen varias interrogantes: ¿este joven, acaso leía por cumplir un requisito?, ¿la lectura es un hábito para él?, ¿lee porque se lo inculcaron sus padres, profesores o amigos?
Estas preguntas son frecuentes cuando se debate acerca de la lectura en el Ecuador. En esta ocasión, varios profesionales nos dan a conocer sus puntos de vista al respecto, desde los papeles que desempeñan en la cotidianeidad, tales como: escritor, librero, lector, sociólogo, bibliotecóloga y orientadora vocacional.
Voces y ecos
Varias personas consultadas en la ciudad de Estelí identificaron los siguientes factores en el descenso de los índices de lectura: a) La familia es el entorno donde menos se promueve este hábito. En ese sentido, no se educa con el ejemplo, salvo excepciones; b) Los centros educativos de todos los niveles no privilegian la lectura; c) No hay políticas de Estado que construyan a largo plazo un país de lectores; y d) La sociedad, incluso, llega a mirar al lector como un ser extraño.
El escaso segmento de la población que lee tiene preferencias por dos corrientes. Una, relacionada con temas ligeros (motivación, guías espirituales y búsqueda de éxito), y otra que se acerca al análisis económico-político y social-cultural, biografías, literatura universal y nacional. Un gran porcentaje de la gente está atrapada por el esnobismo, mientras que el resto son lectores más críticos.
El escritor
Danilo Torres, quien se destacó por la escritura de libros en género de ensayo, novela y poesía, dijo que la renuencia a la lectura se explica porque es un error muy grande hacer que el niño y el joven miren los libros como unas tareas, como unas cosas inmensas que están obligados a absorber. Danilo complementó su idea citando a Lin Yutang: “Todo el que lea un libro con sentido de obligación no ha comprendido el arte de leer. No puede haber libros que uno deba leer, porque nuestros intereses intelectuales crecen como un árbol o fluyen como un río”.
Otro error notable es hacer que los estudiantes lean mediocridades, que son una pérdida de tiempo y que nunca les van a gustar. No se debe perder el tiempo en medianías porque entonces no se podrá saborear el encanto y altura de la buena literatura. Para amar el libro los niños, los jóvenes, tienen que descubrir en él un mundo de placeres y aventuras.
El profesional
Orvin Navarrete, economista e investigador social, identifica tres factores de esta problemática: a) Predominio de la imagen, pues aparentemente es más democrática y juega con la ilusión de lo inmediato; b) las campañas de lectura no están ligadas a un proyecto de país. Es decir, están dispersas en las ciudades, de ahí la necesidad de pensar en fortalecer desde el Estado una política nacional y no fragmentaria, y c) sugiere recurrir al pensamiento filosófico contemporáneo, pues sólo se lee lo útil y no se desarrolla la crítica.
Pese a que la educación ha evolucionado en el campo teórico, en la práctica ocurre lo contrario, comenta Orvin Navarrete.. Para este profesional todavía el docente hace las veces de emisor, mientras que el alumno recepta e imita, es decir, no se auspicia la reflexión y la creatividad. De ahí, los problemas de lecto-escritura y las deficiencias en el rendimiento del alumnado en materias como lenguaje y comunicación, matemáticas y ciencias naturales.
Navarrete considera indispensable cambiar el sistema educativo, volviéndolo más dinámico y realista. Asimismo, que esté integrado con la comunidad y el mundo laboral. Es necesario también que el alumno sepa y valore la educación, para que no la sienta como requisito, sino como algo vital. Con relación a la lectura, plantea delinear políticas de Estado, en donde se motive al alumno y se creen espacios adecuados y asequibles a todos. No puede ser que en las bibliotecas sólo se consigan temas académicos.
El lector
Armando Aráuz, licenciado en Derecho y catedrático universitario que lee por placer y necesidad hace ya algunos años, sostuvo que hay varias alternativas que permitirían cambiar la crisis de lectura en el país. Propone incentivar la lectura a través de la organización de clubes de lectores, visitas a los establecimientos educacionales y promoción de libros.
También recomienda que se planifiquen campañas de lectura para personas adultas, no sólo para niños y jóvenes. Incluso, piensa que deberían publicarse materiales atractivos para quienes no tienen gusto por los libros.
La bibliotecóloga
Fátima Rosales, que trabaja en la biblioteca “Adolfo Vargas”, de Ocotal, está convencida de que el hogar es el entorno más adecuado para fomentar la lectura, pero eso no ocurre. Lo mismo sucede en los centros de estudio y lugares de trabajo. Por eso la importancia de incentivar el hábito con propuestas prácticas y acordes a las necesidades de las personas. “No se forman lectores por obligación”.
Fátima Rosales destacó como un caso peculiar que en Ocotal existe un círculo de 200 lectores, a quienes se les conoce como los “libreros” que leen de tres a cuatro libros por mes en calidad de préstamo a domicilio.
Según Fátima, la tecnología en el sector de los “libreros”, no ha contribuido a que se disminuya la lectura de libros, aunque reconoció que los usuarios de Internet de alguna forma leen, hecho diferente al mal uso de la tecnología. Por ejemplo, cuando las tareas son el resultado del “copia y pega”. La tecnología debe ser complementaria a las técnicas de aprendizaje, puntualizó.
América Latina en la lupa
El panorama en América Latina es sombrío frente a los países desarrollados, pues la lectura para los últimos es una forma de vida. El Euroborómetro 2003 determinó que los países con mayores índices de lectura son Suecia, con un 71.8 por ciento, seguida de Finlandia, con un 66.2 por ciento. “En estos países cada ciudadano saca de las bibliotecas al año más de 20 libros, en contraste con España, donde el índice no llega al uno por ciento”, situación que se asemeja a la de algunos países de América Latina.
Limitaciones
La percepción del grupo entrevistado es de que los índices de lectura son muy inferiores en comparación con los países que se mencionan y que hay cada vez menos lectores. Por otra parte, no se realizan campañas de lectura en el país, tampoco hay estudios que permitan conocer los índices de lectura, siendo ésta otra problemática.