Opinión

Las picardías del Güegüence


Por las calles del pueblo va el bizarro del Güegüence, al son del violín, la guitarra y el tambor, seguido de sus hijos y arrieros, que bailan la danza del Macho Ratón. Una muchedumbre, indios y labriegos, artesanos y comerciantes, niños y niñas van tras él imitando su danza, su risa y su color. Es una mañana refrescante, con nubes blancas de bordes oscuros que se desplazan lentamente, en el fondo de un cielo azul y un sol anaranjado que tenuemente va iluminando a la abigarrada multitud.
Allá la barrera de montadores intrépidos y de toros bravos, allá los galleros preparan a sus gallos para pelear, allá los juegos de azar y al otro extremo la imagen del santo de barba blanca --con la espada desenvainada-- que los indios van cargando y venerando como guía espiritual. Van saliendo de la iglesia de paredes blancas, cuidando no errar cuando bajan por la escalinata de piedra, mientras las campanas repican anunciando la procesión.
Van los caballos de los señores principales a trote, con coloridos aparejos y la mula o el macho del labriego sencillo que ha venido al pueblo a venerar al santo, a dar la limosna, a tomar chicha o comer tamales, y de paso echar un vistazo al Güegüence o la Danza del Macho Ratón.
¡Qué bizarro el Güegüence, qué galán el Güegüence, qué pícaro el Güegüence, qué dulce el Güegüence, qué bandido el Güegüence, qué gracejo el Güegüence!, grita la multitud, mientras siguen la danza del Macho Ratón, cuyos personajes van bailando y brincando, entre el humo y estallido de bombas y cohetes, al ritmo de corridos y villancicos, y música de marimba que se entremezclan con el bullicio de la multitud.
Va bailando el Güegüence por las calles, con su sombrero de cuatro picos, su capa roja y su máscara de tez blanca, ojos azules y bigotes rubios enrollados. Con su máscara y su traje vistoso diríase que es todo un señor principal español. ¡Es rojo este Güegüence, es verde este Güegüence, es blanco este Güegüence! ¡Es azul este Güegüence!
Y así, dando vueltas en forma jocosa, sonando su chischil de oro, junto con sus hijos don Forcico y don Ambrosio, van divirtiendo a la multitud. ¡Qué guapo el Güegüence, ya es viejo, pero no ha perdido sus encantos ni su picardía! Detrás de su máscara se oculta un viejo de tez morena y ojos negros, comerciante y conocedor de tierras lejanas, desde México hasta Guanacaste.

¡Qué bandido este Güegüence!
Conoce también, como las palmas de sus manos, los caminos que llevan a Diriamba, Diriomo, Niquinohomo, Masaya y muchos otros pueblos alrededor, los pueblos blancos, los pueblos brujos de la provincia de Nicaragua.

¡Qué andariego este Güegüence!
Tras él viene, persiguiéndolo, el Alguacil Mayor por órdenes del gobernador Tastuanes, para quitarle su cajonería de oro, su cajonería de plata, sus ropas de seda, sus zapatos de oro, sus sombreros de castor, su güipil de pecho y su libertad. Pero, ¿podrá lograr despojar a este viejo zorro..?
En el Cabildo Real, un edificio blanquecino con paredes de taquezal, de grandes puertas, y con techo de tejas, el Gobernador Tastuanes está enojado y vociferando porque no tiene mesas de oro, ni manteles bordados, ni tinteros ni plumas doradas. Sólo tiene papel blanco y el sello del Rey. Frunce el entrecejo, se acomoda su cabellera rubia, y con sus ojos azules penetrantes echa una mirada en el umbral del Cabildo Real para ver si ha venido el bandido del Güegüence.
Allá la barrera de toros bravos, allá los gallos se preparan para pelear, allá los juegos de azar, allá los caballos grandes de los señores principales y la imagen del santo cargado por los indios cabelleras negras, con sus pechos desnudos y pantalones blancos, casi grisáceos, que brincan al son de la tuba y el tambor.
El Güegüence va bailando cerca de la barrera de toros, luego por la gallera, más tarde pasa por la iglesia, por el atrio, por la plaza, se topa con el santo, se aparta del cura, y va al son de la guitarra, el violín y el tambor, burlándose del Gobernador.

(*)Extracto. Versión narrativa de Eduardo Estrada Montenegro. Esta obra será presentada el próximo 23 de abril, en el hotel Seminole, en un evento sobre política y democracia cultural, auspiciado por la Fundación Konrad Adenauer.

eduardoes2000@msn.com

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