Opinión

Asociaciones, fundaciones, voluntariados, ¿por qué fracasan?


Gran preocupación causa saber que cuando intentamos contribuir de manera filantrópica a una causa específica, que verdaderamente sea sin fines lucrativos, el fracaso está a la puerta, casi de manera inminente.
Mientras no exista dinero de por medio, mientras no se paguen cada una de las actividades ejecutadas, no hay resultados. Irónicamente casi todas las organizaciones se nombran como sin fines de lucro en sus actas constitutivas, cuando en realidad el lucro es lo primero que resalta al hacerse alguna evaluación.
Nos preocupa sobremanera saber que para que los sectores vulnerables obtengan algún beneficio deban mendingar a instituciones, organizaciones o personas que cuentan con recursos, cuando dicha responsabilidad debería estar dentro de las políticas públicas de la nación, dentro de la Constitución Política, así como la lista de Derechos Humanos inalienables, como el derecho a la vida, a la educación, a la salud, etc.
Existen tantos ONG que trabajan por la niñez, por la mujer, por las personas con discapacidad, ¿pero cuántos existen que trabajan por los ancianos? Sobran los dedos de una mano para enumerarlos. Si asumimos que somos un país eminentemente joven no podemos ignorar al 4 a 5% de mayores de 65 años que existen en nuestros municipios y localidades, sin más beneficios que la lástima de parte del resto de población y de las instituciones públicas y privadas, así como de las religiosas, de cualquier denominación.
Siete años de trabajo por los y las afectados por el Alzheimer, que podrían ser unas 20,000 personas en el país, dispersos y clandestinos ante nuestros ojos no han significado más que reuniones, asambleas, simposios y conferencias donde los estudiamos en su sintomatología, en sus crisis y en sus pesares, al igual que a sus familiares, pero nada más que eso. ¿Por qué no hemos avanzado en más? Porque no existe dinero de por medio. No hace famoso a nadie.
¿Por qué funcionó la asociación de quemados y hasta nació un hospital a partir de esa necesidad? Porque fue manejada como un negocio desde sus orígenes. Con estudios de factibilidad, inversiones iniciales, monitoreos, etc. hoy son sostenibles y lucrativos. ¿Concluiríamos entonces que ése debe ser el camino? NO. El Estado debe asumir su responsabilidad y ponerse al frente de las necesidades de los diferentes grupos de mayor vulnerabilidad, apoyándose en la cooperación ciudadana como punto fundamental, pero nunca deslindando su responsabilidad, y veríamos resultados positivos y concretos para los sectores desprotegidos. Hago esta reflexión ante el temor que la organización que nació en 2001 y que procura mejorar la calidad de vida de enfermos, familiares y cuidadores en torno a la enfermedad de Alzheimer, hoy está a punto de extinguirse por no tener respaldo de ningún tipo.
Atención Ministerio de Salud, Ministerio de la Familia, ustedes que son los que tienen la responsabilidad institucional de resolver esta situación, no dejen perder esa oportunidad de montarse sobre un engranaje ya existente y que sólo resta un poco de apoyo para funcionar a toda su capacidad y para todo el país. Por favor un minuto de su tiempo y su espacio para mejorar la calidad de vida de miles de seres humanos.

* Fundación Alzheimer de Nicaragua