Opinión

Sobre el Gran Lago de Nicaragua


El Gran Lago hace a Nicaragua un país único. No sólo por el hecho de que la convierte en uno de los pocos países del mundo con cerca del 10% de su territorio cubierto de agua dulce, sino que es también uno de los pocos del mundo con un lago cuyas aguas son potables. Pronto, el agua potable será tanto o más valiosa que el petróleo. Al agua ya hoy se le llama el oro azul. Es el mayor tesoro que tenemos, si no la usamos nosotros, otros nos la querrán arrebatar. El Gran Lago es además una carretera perfecta. No sólo conecta entre sí varios departamentos del país, sino que, a través del Río Frío nos une a Costa Rica en el puerto natural de Los Chiles. Esa enorme carretera que es el Lago y algunos de sus tributarios, y el río San Juan, su desaguadero y conexión al Atlántico, no necesitan mantenimiento y nunca se invirtió un centavo en su construcción. Es además el único lago de agua potable del mundo cuya distancia a los dos océanos, Atlántico y Pacífico, es la más corta, de cien y treinta kilómetros respectivamente.
El Gran Lago de Nicaragua es también un embalse natural de agua inmenso. Embalsa anualmente, al menos, en sus casi 8,500 km2 en su variación de nivel anual de hasta 2.5 metros, cerca de veintiún mil millones de metros cúbicos (21,000, 000,000 m3). Con esta inmensa masa de agua (una parte se evapora y la otra se pierde en el mar) y los inmensos acuíferos subutilizados, y también rellenados anualmente por las lluvias, de la franja de tierra de la costa del Pacífico de Nicaragua, no sólo se puede regar la totalidad del área regable de la misma franja, sino también dotar de agua potable a toda la población de los pueblos y ciudades actuales y futuras situadas más allá de su cuenca, y aún sobra para otros importantes usos. Muy pocos países tienen algo así. Muchos piensan que el Gran Lago, sus ríos, algunas de sus costas, archipiélagos e islas tienen potencial turístico. Así mismo, el Gran Lago está rodeado de un área de tierras de aproximadamente doscientas ochenta mil manzanas que son planas, arables, regables y mecanizables, y que con las debidas salvaguardas ecológicas, poseen indiscutible potencial productivo agropecuario y forestal. En términos centroamericanos esto es también único.
Hablando en términos potenciales, y para un futuro cercano, el Gran Lago tiene dos usos más que dar a los nicaragüenses. Uno es, por supuesto, el que muchos han pensado y todos conocen, y es sin duda el aporte más importante y el que más unicidad da al Lago y a Nicaragua. Éste es la posibilidad de ser, junto con el río San Juan, la vía de un canal interoceánico por Nicaragua. El otro es el del potencial de comercialización estatal del agua, ya sea como agua potable o como producto de intercambio por petróleo, por ejemplo, sin comprometer nuestras propias necesidades. En este momento ya Nicaragua vende enormes cantidades de agua como componente principal de sus productos biológicos de exportación. A todas estas realidades y posibilidades del uso del Lago y sus riquezas, los nicaragüenses, hasta ahora, hemos sido indiferentes o sea no las visualizamos como:
(a) Vía interoceánica;
(b) para riego de la franja del Pacífico y a la misma vez la provisión de agua potable para todos los pueblos y ciudades actuales y futuras del Pacífico de Nicaragua;
(c) para el turismo y recreación y
(d) para el uso comercial de los vastos volúmenes de agua que almacena el Lago, que es un recurso natural renovable anualmente por las precipitaciones y que se puede y debe comercializar como cualquier otro recurso natural o producto agropecuario, con la enorme ventaja de ser enteramente renovable. Y que todos los años perdemos.
Ni los gobiernos ni los empresarios las han explorado o explotado seriamente. El potencial económico de esos recursos es también inmenso. (Se puede hacer una estimación baja de no menos de US $1, 000, 000,000 todos los años mientras exista Nicaragua). Ninguno de estos potenciales excluye al otro y pueden usarse todos en forma simultánea y aunque el volumen de agua no es creciente sí es inagotable para las necesidades en el futuro previsible de Nicaragua.
Creo que fue en año 1989 cuando le propuse a nuestro entonces candidato, hoy presidente, Daniel Ortega, al haberle enviado un trabajo mucho más comprensivo sobre el Gran Lago, crear La Autoridad del Gran Lago de Nicaragua, para el uso, manejo, control y desarrollo de sus recursos y de su gran cuenca. Hoy esto se hace más relevante.