Opinión

Al ministro De Castilla


Para ser ministro de Educación no sólo se requiere el dominio y conocimiento para enfrentar los grandes problemas de enseñanza, aprendizaje y didáctica que prevalecen en el ministerio, pues dicho sea de paso muchos maestros son empíricos y hay que resolver con carácter de urgencia dicha situación, pero eso obviamente no se puede hacer de la noche a la mañana, máxime cuando han pasado 17 años de que la educación representó más que intereses coyunturales.
Decía el maestro y filósofo español Ortega y Gasset que hacer cambios de fondo, profundos, en las universidades era como remover cementerios, es decir, que siempre existe resistencia al cambio por varias razones, pero la más característica de todas es el tradicionalismo con que se hacen y ven las cosas, independientemente del buen deseo que se tenga por mejorar.
A cien días se dan las primeras manifestaciones en contra de las decisiones prioritarias con sentido de mejorar y renovar el sistema establecido, es probable que no es el mejor de los estilos, pero sí es la mejor forma de empezar a establecer para siempre la gratuidad de la educación, porque ésta es una conquista de todos y para todos sin excepción y requiere de inmediato el consenso de la sociedad en general.
Todos sabemos que es de inmediata necesidad aumentarles el sueldo a los maestros; incluso hay que hacer equivalencia con respecto a los colegas centroamericanos, que sí están en una posición cimera y acorde con lo que significa ser creador, hacedor de la palabra y un permanente libro de inagotables páginas para preparar el conocimiento al que todos los niños, adolescentes y población tienen derecho a recibir.
Vendrán otras demandas, eso está plenamente asegurado, sin embargo, hay que tomar las cosas con ponderación, respeto y equidad, en síntesis con la ética en mano, que es una asignatura inherente a aquellos que son precisamente el ejemplo de nuestra educación, el permanente mensaje de habilidades y destrezas que hay que explotar para tener una sociedad sana, con capacidad de pensar cualitativamente.
Todos debemos de poner el granito de arena, debemos ser críticos y a la vez reconocer lo que es de Dios y lo que es del César, con el objetivo de rescatar nuestra unidad de criterio e identidad de nación; precisamente en los nuevos libros de Español, al menos he visto que ya estamos conociendo más nuestra nación y, por supuesto, su cultura, valores, normas y características que denotan quién y cómo es Nicaragua y el nicaragüense.
* Docente honorario UNI
elmer_ramireze@yahoo.com