Opinión

Lectura estructural de la coyuntura


El Sur frente al antiterrorismo terrorista (7)
Disminuidas, pues, sus capacidades coercitivas frente al resto del mundo y sumido hasta la coronilla en el pantano de la ilegalidad internacional, el desprestigio del imperio y de sus socios del Norte hace aguas en las derechas del Sur, dueñas del poder, que como las europeas intentan manejarse al filo de la navaja, pero no pueden. Son demasiado dependientes, apenas un apéndice, directamente o a través de los organismos financieros internacionales, que son el soporte de los gobiernos de derechas. Pero también estos organismos sufren las consecuencias de la ilegalidad internacional y del desprestigio del Norte, tanto que los gobiernos y establecimientos políticos de derecha han agotado los argumentos en su defensa. También se han empantanado.
Como contraparte los movimientos de izquierda dan un gigantesco salto cualitativo y empiezan a tomar el poder. Pero es un salto que se da en el nuevo marco de la recomposición de las izquierdas del Sur, producto a su vez de la búsqueda de los nuevos referentes político-ideológicos del socialismo. Una recomposición que tiende al consenso en la pluralidad, a la unidad en la diversidad, para superar la contradicción principal con el Norte, que invariablemente apunta a la dependencia absoluta de sus países a los organismos financieros internacionales, al neoliberalismo, a aceptar la naturaleza determinista de la globalización, a la unilateralidad, al espurio estado universo.
Desnudando, pues, al neoliberalismo-globalización-unilateralidad, el antiterrorismo terrorista del Norte, bajo el liderazgo del espurio estado universo, cuestiona seriamente la confianza de los pueblos del Sur en la democracia representativa y en el recurso de la integración comercial Norte-Sur que pretendía darle nuevo sustento, los llamados acuerdos de libre comercio. Las dos instituciones fundamentales de la actual dominación del Norte. Una verdadera explosión de conciencia expresada en dos actos y medio.
Primero descubriendo que las políticas públicas del neoliberalismo los mantenía atenazados, entre la esperanza y la realidad. Los pueblos en efecto han cobrado conciencia de la contradicción radical entre el discurso y los hechos: contrastando las promesas delirantes del oportuno derrame económico que la aplicación fiel del consenso de Washington traería a las grandes mayorías populares, con la cruel realidad de incrementada miseria, marginalidad, exclusión, insalubridad, analfabetismo, promiscuidad, criminalidad y todas las demás lacras sociales, más la obligada represión para mantenerlos sometidos, cada vez más brutal.
Después sobre la democracia representativa, que ha sido el vehículo tradicional de las promesas imposibles. De pronto los ciudadanos descubrieron que esta democracia se les aparece como una suerte de apertura periódica del parque nacional de diversiones, con sus tradicionales y nuevos vendedores de feria, enfundados en renovados atuendos para proyectar la ilusión de un escenario distinto, ofreciendo siempre soluciones mágicas a todos los males del país y de sus ciudadanos, con magia del Norte para que sea más creíble. Y empiezan a rechazarla, exigiendo participación directa en las decisiones de estado y de gobierno, reivindicando su derecho soberano, el concepto primigenio de que la soberanía reside en el pueblo.
Y finalmente, como epílogo, el libre comercio, que empiezan a asumirlo como lo que realmente es: un comercio de apertura absoluta para el Norte y altamente regulado para el Sur por las tradicionales regulaciones comerciales y por insospechadas regulaciones de cualquier tipo, siempre aplicadas a discreción, como las fitosanitarias, por ejemplo. Y cobran conciencia del carácter de dominación integral, económica, política, cultural, de estos mal llamados tratados de libre comercio. Todos los pueblos del Sur los rechazan, se oponen a su firma, y cuando ésta se da luchan por revertirlos.
Desde luego, aun cuando la percepción ciudadana sea semejante para todos los pueblos, no todos los movimientos de izquierda del Sur tienen el mismo grado de conciencia acerca de esta nueva realidad, ni son iguales las condiciones objetivas y subjetivas de cada nación. Pero sí resulta indiscutible que el momentum histórico marca un nuevo flujo revolucionario para el Sur, que se expresa nítidamente al interior de cada país y en el ámbito regional e internacional, en contra del neoliberalismo-globalización-unilateralidad y todas sus instituciones.
Un nuevo flujo revolucionario orientado por los valores socialistas, con independencia del grado de conciencia que al respecto tenga cada pueblo y todos ellos en conjunto, pero asumidos cada vez con mayor conciencia por el liderazgo de los movimientos y partidos políticos del Sur, por sus respectivas militancias, y más lentamente, poco a poco, por la ciudadanía en general, de todas las orientaciones políticas. Una explosión de conciencia que a su vez se traduce en la búsqueda de la reformulación de las categorías político-ideológicas desarrolladas por el socialismo real. Un nuevo salto histórico hacia una nueva organización de la sociedad que requiere el consenso nacional y regional. Una reorientación radical del quehacer político a escala planetaria. El «parto de una nueva civilización».