Opinión

De educador a agitador político

“Una cosa es transitar a pie sobre la llanura y otra encajado jineteando el poder” Tiempo Adverso Guillermo Rothschuh Villanueva

Siempre había creído que el profesor Miguel De Castilla como ministro de Educación iba a trabajar por la reivindicación histórica del sector magisterial. Sin embargo, las denuncias de violaciones de derechos humanos y el maltrato demuestran cómo la miel del poder está induciendo a quien alguna vez consideré un gran educador y humanista a pisotear la dignidad e inteligencia de los maestros.
Nadie puede negar la capacidad y experiencia del profesor De Castilla en el sistema educativo del país. Por ejemplo, sus comentarios en este rotativo capítulo por capítulo sobre la Ley General de Educación demuestran su dominio de la materia. Su conducta durante estos primeros 100 días como titular de Educación nos lleva a pensar que sus dictados sobre el modelo educativo a seguir para dignificar el magisterio únicamente han sido un discurso vacuo, retórico, como esos que acostumbran los políticos en tiempos de campaña, que desde luego le sirvieron de escalera para llegar al poder.
Su comportamiento ha resultado peor que el del dirigente magisterial sandinista profesor José Antonio Zepeda, de quien se conoce que es un político militante de este partido, por eso no debe ser extraña su actitud oficialista ante la crisis de este gremio.
El profesor De Castilla, lástima que siendo amigo del gran humanista Juan Bautista Arríen no se deje asesorar. Así podríamos esperar a que actué con flexibilidad para con este sector. Ahora, si de algo estoy seguro es que el doctor Arríen, cuyas sugerencias tienen un enfoque humanista con visión de país, le debe aconsejar, pero analizando su actuación podría asegurar que no le ha prestado atención. Sus acciones lo demuestran. Una persona inclinada hacia el autoritarismo no escucha, sólo es proclive a mostrarse receptiva a las palabras zalameras que sacian su ego. La medida coercitiva de enviar a la Policía Nacional a los centros educativos donde los padres de familia, estudiantes y docentes que han decidido respaldar a los directores que han sido despedidos lo demuestra, reeditando un capítulo de la manera en que el somocismo atropellaba a los maestros.
El colmo es que pretende propagandizar en los libros de primaria al “General de Hombres Libres”, Augusto C. Sandino, no como un nacionalista, sino como el fundador de una corriente ideológica llamada Frente Sandinista de Liberación Nacional. ¡Qué blasfemia¡ En cambio, si en realidad ésta fuera la doctrina de este partido político, al sector magisterial no se le reprimiera. Los maestros podrían vivir dignamente. Y desde luego, no se les cercenaría su libertad de pensamiento.
Otra medida autoritaria del señor ministro es que sin consultarles a los padres de familia, estudiantes y docentes eliminó la autonomía escolar. Eso no quiere decir que la medida sea mala, sino que la buena voluntad se gana en el consenso de la opinión pública y no por decreto de ley. Por el contrario, estoy seguro que mediante un proceso de consulta en corto plazo y con varios centros escolares la respuesta de la mayoría hubiese sido a favor de la abolición de la misma. Lamentablemente, el método no fue ese y esto demuestra cómo de una buena intención para el bienestar de la mayoría se puede interpretar que la minoría tenía la razón sobre las bondades de este sistema.
Pregunto, ¿será que la actitud del profesor De Castilla es propia o es una ejecución ordenada por la Secretaría del Frente Sandinista? La repuesta es sencilla. A quienes he consultado y lo conocen desde hace tiempo, han consensuado en afirmar que su actitud vertical es parte de su personalidad. A eso hay que sumarle que la influencia autoritaria de sus jefes sólo le ha facilitado el camino para actuar de esa manera.
Ahora bien, cualquiera que sea el desenlace de esta situación, la verdad es que el ministro de Educación, Miguel De Castilla, para el bien de su carrera y del sistema educativo del país, todavía está a tiempo de reivindicar su actitud. De no suceder esto, sería lamentable que un hombre brillante teniendo la oportunidad de convertir en realidad sus dictados --de cambiar el modelo educativo de los últimos 16 años de gobierno neoliberal-- termine como un agitador político y no como el gran educador y humanista a quien todavía Nicaragua aprecia mucho.
* El autor es periodista y responsable de prensa de UCC