Opinión

A menos de tres personas de distancia


A medida que afuera se enardece el tono diplomático entre las naciones del mundo… ¿qué pasa en Nicaragua?
La violencia ha crecido últimamente a tres personas de mí. El intermediario en todo caso es el violentador que asecha sobre nuestra calma, la calma de tres.
No me refiero a la siempre improductiva nota roja de la noticia, sino a lo que casualmente no se ve, al recuento de los últimos sucesos donde la muerte ha sido descaradamente provocada a personas que implícitamente dejan un vacío en nuestras familias, nuestro país.
Es como un contubernio lo que vivimos hoy. Mientras unos se golpean el pecho denunciando injusticia (y a la vez hacen fila para declarar a la Contraloría), otros pobrecitos enfermos están haciendo campaña de unidad en todo el país, valiéndose de esto para poder darle libertad de ser y expresarse. Pero todo ¡en nombre de la reconciliación!
(Pero, ¡no te quejés pendejo! Lo permitimos los callados, los que buscando un sueño perdemos más que eso --un sueño-- al llegar a la falsa Canaán americana).
Estoy a tres personas de distancia de sufrir ya resignado que una mujer me asalte, o se roben el ahorro de mi vida, o muera quemado por ahí. Al final sólo soy un loco esquizofrénico paranoico y más.
Y aunque suelo ser uno de los que se golpea el pecho teniendo de cola al infierno, espero que esta incertidumbre colectiva sea manifestación viva que sirva para llamar a la resurrección de las almas de los mal llamados animales que viven en el edificio grandote (y demás). Para qué negar, como dijo la Gioconda en uno de sus blogs, que la pasión por la política es mi eterno karma, porque al final es el eje central de nuestros desbarajustes.
Y no sólo echarles la culpa a los muchachos que a veces juegan en equipo y a veces (por ratitos) se medio pelean; es un conjunto de factores, otros escriben con mayor supremacía, aunque normalmente ignorados. No sé, al final estoy a tres personas de verme, espero, viejo y no habiendo pasado otra guerra.
Y así a como se enardecen los tonos allá afuera en las arenas, y desde aquí son nomás inconsistencias diplomáticas… ¿en Nicaragua qué tenemos?
No son reclamos ni quejaderas, mucho menos insolencias (válgame dios). Es todo lo que no queremos que siga pasando.
Es para vos Vicky Borge, valiente sobreviviente del hoy rugiente.
* Asistente administrativo (actualmente)