Opinión

Todo estaba escrito


Karla Castillo

¿Alguien recuerda la propaganda que aun en las elecciones del 96 se hacía el hoy diputado suplente por el FSLN, Nathán Sevilla?
“Por los maestros”, decía sin vergüenza alguna. Sevilla era y es aún un hombre que desde 1980 permanece en la Asamblea Nacional, y aunque se le pregunte de su papel a un maestro de mucha edad, simplemente dirá que no lo recuerda dando clases, ni luchando por el gremio que dijo representar en algún momento.
El paso de Sevilla por la Asamblea Nacional no significó una sola reivindicación para los maestros, en más de dos décadas, y vale la pena recordar su caso porque es similar al del señor Miguel de Castilla, flamante Ministro de Educación, sobre quien algunos ilusos creyeron depositar sus esperanzas por la dignificación de esta vilipendiada profesión.
Con De Castilla todo estaba escrito, según me advirtió a comienzos de enero un veterano profesor que conoce las tristes andanzas de este personaje. Y no esperé mucho para comprobarlo.
Fue viceministro en los 80
El educador me mencionó que Miguel De Castilla, quien fue un inocuo viceministro de Educación en los años 80, es un “profesor” que rara vez ha pasado por un aula con más de 50 alumnos, apilados en pedazos de pupitres o sentados en el suelo, y mucho menos ha tratado de hacer entender a sus discípulos con trazos de tiza de yeso en el descascarado pizarrón, lo que le hubiese dejado la garganta reseca y daños en su voz de por vida.
Él no sabe lo que la mayoría de los maestros viven a diario con sueldos miserables, porque al igual que el diputado Sevilla, no ha servido al Estado, sino a su partido.
De modo que si en alguna remota ocasión estos señores encabezaron o apoyaron una demanda del gremio magisterial fue porque así lo orientaba su líder, no porque les naciera unirse a la causa de sus “colegas”.
Mal hace el señor De Castilla en desconocer los acuerdos a los que se había llegado con el magisterio, y que quedaron sentados en el presupuesto nacional aprobado para este año, porque fue él quien gritó a los cuatro vientos que este año acabaría con la Autonomía Escolar, y que milagrosamente --aunque no dijo cómo-- supliría todas las necesidades de la educación.
No es que los maestros ganaran súper bien entre 1990 y 2006. No, porque además sus bajos sueldos eran medio remendados con los aportes de los padres de familia, voluntarios o no.
Es que la deuda con los hombres y mujeres que nos brindaron a todos el pan del saber viene desde 1979, cuando de un solo golpe el gobierno sandinista disminuyó abruptamente sus salarios --que alguien me desmienta, que tengo fuentes seguras--, para irónicamente “reivindicarlos” después de una sufrida dictadura somocista, pese a que fue Anastasio Somoza el único que pagó salarios de hasta cuatro mil córdobas en una época en que el dólar estaba a un buen remunerado cambio de siete córdobas por uno. Vaya dictador.
El asunto es que los gobiernos neoliberales no se colocaron en el pedestal de los redentores de la educación, cosa que sí hizo el señor Miguel De Castilla, para quien yo veo los días contados. Por dignidad debería renunciar, porque en su mandato de cien días ya tiene paralizada a la mayoría de los centros de enseñanza y la situación va para lejos.