Opinión

Entre el chantaje y la cobardía


Nicaragua no va a salir adelante, y los pobres no escaparán de la pobreza y serán cada vez más, mientras el país siga atrapado entre el chantaje autoritario del presidente Ortega y la cobardía política del ex presidente Alemán, quien por no ir a la cárcel ha permitido que Ortega le imponga un hipoteca a su partido (PLC) y a su bancada, y de esta forma a todo el país.
La reafirmación del pacto entre Ortega y Alemán ha fortalecido a corto plazo, sin duda, sus cuotas personales de poder político. Pero representa, a la vez, un gigantesco fraude a la democracia. Los centenares de miles que votaron por el PLC no lo hicieron para que Alemán fuese con esos votos a engrosar el poder político de Ortega. Se comprende, entonces, la indignación de muchos liberales.
Y los centenares de miles que votaron por el FSLN lo hicieron por una opción para solucionar los problemas del país. Pero, se preguntarán muchos sandinistas, con esa reafirmación del pacto y del danielismo, ¿ha mejorado el ambiente de confianza política y jurídica, para que en este país aumenten las inversiones que van a generar los empleos que el pueblo necesita, y para que la comunidad internacional nos siga apoyando en el nivel que hasta ahora lo ha hecho?
El pacto, ahora, tiene un ingrediente adicional. Como Alemán ha perdido el favor de los Estados Unidos, está desempolvando la memoria de Zelaya para arroparse de un nacionalismo que nunca ha tenido, y desde ahí converger con Ortega al extremo de, también, declararse partidario del presidente Chávez y su política.
Nosotros hemos dado la bienvenida a la cooperación venezolana, pero hemos dicho que deben evitarse los costos geopolíticos que la misma pueda implicar y, también, que debe ser de Estado a Estado y no para reforzar un patrón de comportamiento político que cada vez más da señales de autoritarismo.
Ningún error más grande se puede cometer que, por un lado, pensar que la cooperación venezolana puede sustituir al resto de la cooperación internacional, y, por otro lado, pensar que la cooperación internacional, la venezolana incluida, pueda sustituir al esfuerzo de inversión que el país necesita hacer para salir adelante. Al final de esa doble equivocación, y aunque al principio pueda haber una efímera oleada asistencialista, tendremos menos crecimiento, menos empleos, más pobreza y mayor tensión en los precarios balances macroeconómicos.
Este año, y para mantener el modesto nivel de crecimiento del año pasado, y generar parte de los empleos que demandan los 100,000 nicaragüenses que cada año incrementan la fuerza de trabajo, se necesitarían invertir más o menos 1,500 millones de dólares, de los cuales un poco más de mil millones deben venir de inversiones privadas nacionales y extranjeras. ¿Se están invirtiendo? ¿Cree alguien, sensatamente, que el reforzamiento del poder autoritario de Ortega, que es la consecuencia obvia del fortalecimiento del pacto, ayudará a que tengamos esas inversiones?
Hay algo más: con ese nivel de inversiones, y ese modesto crecimiento del 4% que se alcanzaría, en caso que las inversiones se den, la pobreza seguirá creciendo. Necesitamos, para disminuir sensiblemente la pobreza, que Nicaragua crezca sostenidamente al menos al 6% por año. Esto significa que las inversiones deben ser muy superiores a esos 1,500 millones de dólares y mantenerse creciendo cada año.
Nuestro mayor compromiso es con los pobres y los excluidos de siempre. Por eso es que vemos con indignación política que la ambición desmedida de dos caudillos estén frustrando las posibilidades de que este país se levante de la postración en que se encuentra.
Pero el pueblo no es idiota y cada vez más se da cuenta que tras el lenguaje populista y nacionalista de los caudillos se esconden proyectos de poder político personal, cada vez más revestidos de olores familiares y dinásticos que nos traen los peores recuerdos.