Opinión

Algunos aportes sobre ciencia y tecnología


Motivado por artículos periodísticos y entrevistas recientes de los doctores Ernesto Medina, ex Rector de la UNAN, y Carlos Tünnerman, conocido experto nicaragüense en temas de educación, ciencia y tecnología, estoy escribiendo estas reflexiones. Los versados en temas del desarrollo de los años 60 y principio de los 70 consideraban que el subdesarrollo de los países periféricos se explicaba por la carencia de capacidades para crear, y aun para absorber, tecnología avanzada, y dado que la ciencia ha sido un eslabón esencial para crear capacidades tecnológicas debería promoverse la creación de un potencial científico tecnológico propio mediante acciones concertadas entre el Estado y la sociedad civil. Se considera que a pesar del gran papel jugado por la empresa privada en algunos países capitalistas desarrollados, en países como los nuestros la principal responsabilidad para esta tarea recae en el Estado.
Para concertar la acción del Estado, la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) recomendó y apoyó la creación de los Consejos Nacionales de Ciencia y Tecnología. Los estados latinoamericanos y otros países del tercer mundo adoptaron dicha recomendación y es así como surgieron los Conacyt, Conicyt; Concytec, con el mandato de promover (muchas veces sin recursos expresos) la creación del llamado Potencial Científico Tecnológico que cada país necesita y, por supuesto, de acuerdo con su vocación natural de desarrollo. La mayor parte de estos consejos fue creada a finales de la década de los 60 siendo Nicaragua el último país en crear dicha instancia (2000), o sea con un pequeño retraso de 40 años.
Durante la década de los 80 el principal órgano de políticas científico-tecnológicas fue la Dirección General de Ciencia y Tecnología, ubicada en el desaparecido Miplan, siendo posteriormente trasladada al Mific, institución que todavía la alberga. Tanto a instancias de esta entidad como de la pequeña comunidad científica del país se urgió la creación del correspondiente Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y éste fue aprobado por el entonces presidente comandante Daniel Ortega sólo verbalmente en una asamblea o Cara al Pueblo. Después vino el huracán Joan y la historia cambió.
Cambió mucho, pues la creación de dicho consejo se retomó en los años 90 y se concretó hasta en 2000, pero dado que el proyecto aprobado en los 90 adoptó la conformación directiva propuesta en los 80, en el cual las universidades y el CNU tienen un gran peso relativo, el funcionamiento de dicho organismo se vio entorpecido por la histórica controversia que existe entre las universidades y los gobiernos sumisos al capital.
No sabemos si por designación legal o administrativa la atención (léase presidencia) del Conicyt ha recaído en el Vicepresidente de la República, habiendo sido ejercida dicha función por los vicepresidentes Enrique Bolaños y José Rizo.
A pesar de la existencia de este organismo, y de la alta designación para la atención al mismo, en los círculos de gobierno reina el silencio acerca de los conceptos ciencia, investigación, transferencia de tecnología, siendo las universidades las únicas reservas sociales (por cierta similitud con las reservas naturales) en donde se oye alguna mención en ese sentido.
Ahora que el país entra a un esquema diferente de gobierno estableciendo relaciones de cooperación con países y estados que delinean su política tecnológica de manera explícita, es necesario que en Nicaragua, antes de dar continuidad a la ineficiencia burocrática, se analice y evalúe el impacto real del incipiente esquema institucional de ciencia y tecnología.
Es importante evaluar y redireccionar el papel que vienen jugando: las direcciones del Mific que se vinculan a los problemas tecnológicos de las empresas; el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, cuyo silencio es más que significativo; el INTA, organismo de gran relevancia para el desarrollo del agro y cuyas capacidades de investigación y extensión han venido disminuyendo en vez de aumentar; la Fundación Nicaragüense semi oficial, Funica, la que con años de haberse fundado ya urge se le evalúe en el cumplimiento de rol y objetivos para los que fue creada. Realizar tal evaluación y reingeniería es parte muy importante para llegar a definir y establecer una política tecnológica nacional.
Llevar a cabo esta labor no debe, sin embargo, retrasar algunas tareas urgentes que pueden ser solicitadas al Conicyt, entre ellas:
1. Inventario del potencial científico y tecnológico nacional. El primero y último fue realizado en 1985 y por tanto se desconoce cuál es la situación del sector científico nacional.
2. Definición de prioridades en materia de ciencia y tecnología, para ello existe en el país personal entrenado en el uso del método Unesco-Unacast.
3. Definir en conjunto con los centros de investigación y las universidades la política y programa para la formación de personal científico en base a una prospección de talentos jóvenes.

* El autor es consultor de negocios y fue Director General de Ciencia y Tecnología del Miplan.
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