Opinión

¿Cómo comprender la democratización?


Dos días antes de la toma de posesión del gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional, liderado por el comandante Daniel Ortega Saavedra, el ocho de enero del año 2007, se divulgó en EL NUEVO DIARIO el manifiesto del Movimiento “Poder Ciudadano” denominado “Propuestas para la modernización del Estado”, fundamentado sobre la base de un conjunto de eventos, en un ámbito donde han tenido cabida las máximas expresiones de la representación y la participación política: el ámbito de la democracia deliberativa.
Nuestro movimiento, en cuatro años de ejercicio democrático, se ha caracterizado por ajustarse al espíritu de la democracia, que requiere que “las decisiones que afectan la vida de las personas se tomen con aportes de esas personas y tan cerca de ellas como sea posible”, por lo que afirmamos con absoluta seguridad que somos uno de los grupos de la sociedad civil nicaragüense pioneros en llevar los eventos de deliberación y análisis con aportes serios y responsables desde los salones de los hoteles, a los territorios, con particular atención al Distrito V de Managua, Masaya y León para estimular los aportes de esos sectores excluidos y para recoger de la población --en sus diferentes formas de expresión-- su voz y sus mensajes, teniendo en cuenta sus verdaderos problemas y extrayendo como conclusión general que el fortalecimiento del Estado de Derecho, de las instituciones, de las leyes y la legalidad puede orientar las acciones hacia un verdadero desarrollo económico y social, traducido en gobernabilidad democrática, en desarrollo humano sostenible, que atienda, más que a los indicadores generales, a la calidad de la vida, más que a conceptos abstractos, a la reivindicación del ser humano como sujeto y destinatario de la historia.
El gran desafío es que la sociedad pueda comprender que sólo construyendo instituciones democráticas podremos diseñar una nación donde la cultura ciudadana se constituya en una estrategia de primera importancia para lograr la democracia a todos los niveles de la sociedad. En este sentido nuestro país, al igual que el resto de países latinoamericanos, ha sido lento en reconocer la importancia de la sociedad civil y la cultura ciudadana como factores determinantes en el fortalecimiento democrático institucional, así como del bienestar general.
En las consultas con estos sectores excluidos hemos coincidido en que la fragilidad y la profunda e histórica fragmentación social a que han sido sometidas las sociedades en América Latina se expresan dramáticamente en nuestra realidad nacional, por ello destacamos que nuestras propuestas se sustentan con suficiente validez en la declaración de principios de la cumbre de las Américas publicada en 1995, ratificada en la segunda cumbre en Santiago de Chile, donde se afianzaron definiciones de la sociedad civil como: “aliados estratégicos para la democratización y la gobernabilidad” y precisamente, es en el plan de acción de Santiago que surge la propuesta de estimular la formación de organizaciones responsables, transparentes, sin fines de lucro, organizaciones de la sociedad civil, los voluntariados etc., de acuerdo con las prioridades nacionales. Allí se dejó establecido que la OEA serviría en lo sucesivo como foro permanente para el intercambio de experiencias y que el BID se incorporaría con los Estados interesados en la implementación de programas orientados al fortalecimiento de la sociedad civil y a los mecanismos de participación pública.
Es en esta línea conductora desde las esferas extra nacionales, nacionales y locales que reconocemos los méritos, en los amigos que nos han acompañado en estas deliberaciones democráticas, líderes naturales de la sociedad civil en el Distrito V de Managua, representaciones de los distritos II, III, IV, y VI, a los amigos de Ciudad Sandino, Ticuantepe, El Crucero, Tipitapa, Masaya y León que, además de brindarnos la confianza de participar en estos eventos de deliberación, nos dieron aportes interesantes, que junto a las conclusiones y recomendaciones del resto de organizaciones de la sociedad civil constituyeron la esencia de estas “propuestas para la modernización del Estado”.
En resumen, amparados en el umbral de las “Cumbres de las Américas”, hoy más que nunca adquieren vigencia esos compromisos de Estado, y las organizaciones sociales no pueden renunciar a incluir en su accionar diario este enfoque estratégico, independientemente de los ejes temáticos que administren. Concluimos, exponiendo algunos resultados de estudios hechos por especialistas en los que se caracteriza a la sociedad civil en América Latina y que coinciden con nuestra realidad nacional:
1.- Ausencia de elementos ideológicos aglutinadores.
2.- La sociedad civil en América Latina es frágil y fragmentada.
3.- Apuestas sociales a múltiples objetivos aislados, inmediatistas y restringidos.
4.- Inercia ante los asuntos políticos.
5.- Desconfianza entre las mismas organizaciones de la sociedad civil.
6.- Poca conciencia de la importancia de la participación ciudadana.
7.- Ausencia de propuestas dirigidas a fortalecer la cultura política de los gobernados.
8.- Ausencia de credibilidad y legitimidad a lo interno de las organizaciones de la sociedad civil.
9.- El desplazamiento de la demanda de la ciudadanía desde el espacio político al espacio social, lo cual se caracteriza por una creciente privatización de la conducta en las personas y los organismos.
10- Se observa el surgimiento de formas de sociabilidad basadas en estrategias individualistas que son racionales y creativas en las oportunidades, pero recelosas de compromisos colectivos.
Si se desconoce la necesidad de emprender acciones de carácter formativo, encaminadas a construir ciudadanos como el elemento indispensable para la ejecución de toda propuesta de reformas estructurales en lo político, en lo social, en lo moral y en lo cultural, no habrá desarrollo de la ciudadanía ni del país.

* Integrante del equipo coordinador del Movimiento Poder Ciudadano.