Opinión

Jon Sobrino


Corrió la noticia y se encendieron las alarmas. Se trataba de Jon Sobrino, teólogo, que, sobreviviente de aquella matanza del 16 de noviembre de 1989 en El Salvador, estaba a punto de ser castigado por Roma, por la Congregación para la Doctrina de la fe. Se daba como seguro que le prohibirían enseñar y escribir.
La consternación era total: ¿cómo el cardenal Ratzinger, ahora papa, que había financiado la publicación de la tesis doctoral del teólogo Sobrino, que lo conocía en su vida y escritos, que sabía llevaba más de 30 años acompañando la suerte de un pueblo empobrecido, perseguido y asesinado, que había hecho de su teología un eco potente del Evangelio y un anuncio liberador y esperanzador, que había denunciado la política injusta y represora de la clase rica salvadoreña y de la política de Estados Unidos, que había sido colaborador de Mons. Romero y testigo de su asesinato por las fuerzas de la derecha mientras celebraba misa, cómo se podía sospechar que ahora fuera condenado a no enseñar ni escribir?
¡Salía por todas partes el afán de hacer algo!
Aquello era un latigazo que despertaba a la realidad: ¿Pero dónde vivimos? ¿No estaba reconvertido el ex Santo Oficio? Un sueco octogenario y casi ciego me escribe: ¿Qué podría uno esperar más de un hombre como Ratzinger? Y Sobrino, en confidencia epistolar, expresa: “No sé mucho qué es lo que va a pasar. Parte del mal de la curia es el secretismo. Es como estar condenado a la soledad. Y la verdad que es lo que más de quicio me saca. Me parece lo más inhumano”.
¡Seguía golpeando el afán de hacer algo!
No basta que Jon estuviera dedicado a alimentar con lo mejor de su inteligencia y corazón la fe de muchas comunidades cristianas, sobre todo en América Latina; no basta que diga que ésta es una historia de 30 años y que viene de que en el Vaticano, en curias y varios obispos se creó un ambiente en contra de su teología y en general contra la teología de la liberación sin necesidad de leer muchas veces sus escritos; no basta que ocho teólogos, buenos conocedores del tema cristológico, hayan leído el texto de la Congregación y los dos libros que se le cuestionan (el primero “Jesucristo liberador”, publicado hace 15 años y el segundo “La fe en Jesucristo”, hace 7 años) y unánimemente digan que no hay nada que no sea compatible con la fe de la Iglesia; no basta que Jon Sobrino escriba que desde 1976 ha tenido que contestar con honradez, fidelidad y humildad a tres cardenales: Garrone, Seper, Ratzinger; no basta todo esto para que ahora tenga que afirmar “que no se siente representado en absoluto en el juicio global de la notificatio y que no puede avalar este procedimiento poco evangélico, que nada ayuda a la Iglesia de Jesús, ni a presentar el rostro de Dios en nuestro mundo”.
¡Desde una y otra parte centenares, miles de personas y colectivos inquirían qué hacer!
Mons. Romero, antes de su cambio-conversión como obispo, le había advertido a Sobrino de sus peligros doctrinales. Luego, nunca más lo hizo, sino que lo tuvo y requirió como colaborador, pidiéndole que le redactara el discurso de su Doctorado Honoris Causa concedido por la Universidad de Lovaina el 2 de febrero de 1980. El influjo de Sobrino en los escritos y homilías de Mons. Romero fue, sin duda, un motivo para su no canonización.
Pero, la hostilidad contra Sobrino viene de un cardenal bien conocido, Alfonso López Trujillo, quien decidió a finales del 1970 --y lo dijo públicamente-- que iba a acabar con Jon Sobrino, Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez y Ronaldo Muñoz. También aplicó prohibiciones contra él el cardenal Corripio, arzobispo de México; el cardenal de Argentina Primatesta y hubo obispos que se opusieron a que diera conferencias en España.
El cardenal Ratzinger en especial hizo públicas acusaciones contra la teología de Sobrino desde 1984, que él considera falsas e injustificadas. Le duele que, encima, diga que estos teólogos lo que buscan es conseguir fama y llamar la atención. “En mi opinión, escribe Sobrino, hay aquí, en buena medida, ignorancia, prejuicio y obsesión por acabar con la teología de la liberación”.
Sobrino constata que otros teólogos y teólogas, religiosos y religiosas, obispos y comunidades de base sufrieron una persecución inmisericorde. No es raro, por tanto, que la “mala fama” contra le teología de la liberación se proyectase de un modo especial contra él.
¡Y seguía creciendo la ola de la solidaridad!
No era ya ninguna sorpresa, por tanto, la noticia de que había ganas de intervenir contra Jon Sobrino. Apenas hace una semana él escribía: las acusaciones de última hora son las mismas. Pero reafirmo: 1. Desde los pobres se ve mejor la realidad y se comprende mejor la revelación de Dios. 2. Cristo es presencia de Dios en nuestro mundo y es un ser humano e histórico concreto. 3. Éste es un mundo en el que Jesús vive desde una relacionalidad constitutiva con el reino de Dios, en el que haya justicia y paz, respeto y dignidad y en el que Dios es para él un Padre en quien confía y ante el que se pone en total disponibilidad. 4. Jesús es hijo de Dios: la trascendencia se ha hecho trasdescendencia para llegar a ser condescendencia. 5. Jesús hace presente la salvación definitiva a través de su vida, praxis, denuncia profética y anuncio utópico, cruz y resurrección. 6. La Iglesia es “iglesia de los pobres”, iglesia de verdadera compasión, de profecía para defender a los oprimidos y de utopía para darles esperanza: “fuera de los pobres no hay salvación”.
Un giro inesperado, crecientemente difundido: no hay sanciones, la noticia, regada como pólvora, se apagaba de golpe. Por las respuestas dadas, por el diálogo de última hora, por unas u otras razones las sanciones no llegaron; sí una notificatio con entrega de seis observaciones al autor.
¿Cómo se va a renovar la Iglesia, escribe hoy Frei Beto, si sus mejores cabezas están bajo la guillotina de quien encuentra herejía donde hay fidelidad al Espíritu Santo? Lo que hay tras la censura a Jon Sobrino es la visión latinoamericana de un Jesús que no es blanco ni tiene ojos azules. Un Jesús indígena, negro, moreno, migrante; Jesús mujer, marginado, excluido. El Jesús descrito en el capítulo 25 de Mateo: hambriento, sediento, harapiento, enfermo, peregrino. Jesús que se identifica con los condenados de la tierra: “lo que con ellos hicisteis, conmigo lo hicisteis”.
Benedicto XVI va a publicar un próximo libro, del cual es este párrafo: “Este libro es expresión de mi búsqueda personal del rostro del Señor. Sólo pido a los lectores el anticipo de simpatía sin la cual no existe comprensión posible”. Jon Sobrino comenta: “Personalmente le ofrezco al Papa simpatía y comprensión. Y deseo vehementemente que la Congregación de la fe trate a los teólogos y teólogas de la misma manera”.

* Sacerdote y teólogo