Opinión

El reinado de la tiniebla


“Para estos tiempos de Semana Santa –decía el de Managua- siempre recuerdo la anécdota del gringo moribundo y la iguana. Esta anécdota la contaba en Granada Doña Ángela Núñez, la famosa Anciana, esposa de mi tío Hernaldo Rocha, y quien fue, junto con su madre Doña Juana, una de las mejores cucharas que el mundo ha tenido y Nicaragua celebrado, pues lo mejor de lo mejor de la comida nicaragüense lo hacía ella, con su sonrisa pícara y su infaltable chilcagre en la boca. ¿Cómo no recordar, para este tiempo, aquella tortuga barroca, entre amarilla y rojiza, popeando en el fuego su recado de pan, despidiendo aromas increíbles y luego decorada de sus propios tomates y huevos? Todo esto respetando la veda. ¿Y qué decir de la sopa de rosquillas o de queso, tan buena como la que no me mandó la María Félix esta vez? ¿Y las tortitas de sardina? Secretos culinarios, épicos, realizados y no dichos, como aquella densa sopa lechosa de mojarritas y cangrejos del lago. ¿Y la iguana en pinol ensalzada por verdaderos especialistas como Fernando Silva? ¿Habrá aprendido mi prima Angelita algunos de esos secretos? Recuerdo los cachetes de Adolfo Núñez, hijo suyo, inflándose y desinflándose como un acordeón mientras después del trago degustaba aquellas delicias, y los cachetes de todos en aquel Club de los Marañones, y los ojos de agradecimiento del Maitro Rocha para con su Anciana. Y cómo a nuestro parecer cualquiera tiempo pasado fue mejor, porque éste sí lo fue. Si no que me desmientan Tito Castillo, Wilfredo Álvarez, Sergio Ramírez, Fernando Silva, Carlos Mejía Godoy y tantos otros amigos entrañables que tuvieron el privilegio de comer donde la Anciana”.
Caresol lo interrumpió para, inquieto, preguntarle: “¿Pero cuándo vas a contar la dichosa anécdota?” El de Managua, relamiéndose los labios con tan sólo aquellos recuerdos, pareció recapacitar: “¡Ah, bueno! Resulta que la Anciana decía que para una semana santa llegó a Granada un gringo, que se hospedó en la casa de un señor Marenco, antepasado del actual alcalde de Managua. En esa casa también cocinaban muy rico, tanto es así que el gringo, que era más hartón que Antonio Castillo, se comía hasta las hojas de plátano con que se envolvían los nacatamales, creyendo que era lechuga. Bueno, de todo comía aquel gringo y se aficionó, por ser temporada, de manera exagerada a la iguana en pinol, al punto de enfermar tan gravemente que alucinaba en su lecho de muerte, hasta el que fueron una noche un cura para darle la extremaunción, y el Sr. Marenco con un crucifijo, el que le acercaron a su rostro y el gringo horrorizado, creyendo ver una iguana sujeta a un palo en cruz, exclamó: No más guana, Maenco. Pues tal frase, según la Anciana, se hizo dicho, para cuando uno estaba satisfecho de algo y ya no le alcanzaba nada más de comida en el estómago, decirlo como una cortesía para con los anfitriones”.
Todos, menos Roberto Currie, celebraron aquel dicho y decidieron incorporarlo a su léxico. No obstante Roberto Currie prometió no morirse por culpa de una indigestión de iguana y agregó que la imagen de Jesús confundido con una iguana, no le parecía irreverente, puesto que al fin y al cabo la humanidad había tratado a Jesús peor que a una iguana en semana santa. Todos, pero sobre todo Sanjinés, compartieron aquella reflexión de Currie, que en cierta manera dignificaba a la iguana al punto de ser, como Jesús, víctima de un sacrificio cruel e injusto. Quizás por eso fue que el de Masatepe intervino: “Ya pronto vamos a conmemorar el asesinato de Jesús, quien si por el papa Benedicto fuera, no comprendería su propia misa en latín, pues él lo que sabía era arameo. Nuestro hebreo vulgar es el español que hablamos. ¿Por qué nos lo van a quitar? Pero bien, al paso que vamos con los gobernantes fundamentalistas que tenemos, y como una forma de censura, son capaces de exigir que los medios que no sean santo de su devoción, se publiquen en latín, lengua que hasta cuando habla español la habla el Cardenal Obando. Esa es otra medida que tendrá que tomar el actual Ministro de Educación: el latín obligatorio en las universidades. Ya Daniel se aprendió la primera palabra: perpetuom”.´
“Hoy por la noche -continuó el de Masatepe- será la última cena. ¿Cuántos Pedros, comedores de hostias, negaremos a Jesús antes de que el gallo cante tres veces? ¿Cuántos Judas Iscariote lo entregaremos a cambio del poder y luego reemplazaremos la realidad de su sacrificio por la ficción de su apoyo a quienes en su nombre hacen el mal? Los discípulos, los verdaderos, han preparado la Pascua, pues antes de padecer él quería comer con ellos, y tomó vino y lo repartió como su sangre, y el pan lo partió, y dijo que ése era su cuerpo entregado por nosotros. Salió y fue entregado por Judas. Entonces llegaron los de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Consejos de Reconciliación y otros fundamentalistas, con palos y espadas a prenderlo, y les dijo: “ésta es vuestra hora y el reinado de la tiniebla”.