Opinión

Etanol vs. petróleo


Los políticos cuando doblan repican, es parte de su oficio. Al inaugurarse el Ingenio azucarero Victoria de Julio, obsequiado por el pueblo cubano (en verdad por Fidel Castro) al gobierno de Nicaragua (en realidad al FSLN), el propio Daniel Ortega, entonces también presidente, se deshizo en elogios esa vez sobre las propiedades de la caña de azúcar y sus subproductos, en especial los alcoholes carburantes, y hablaba incluso de exportarlo en el esquema agroindustrial que dominaba entonces.
El proyecto, como se sabe, junto a los otros dos (Valle de Sébaco y Chiltepe), considerados como los proyectos de punta de una agroindustria a escala, fracasaron. El ingenio, recuerdo, fue desmantelado, vendido y subastado en unos oscuros procesos de compra y venta de maquinarias, tierras e infraestructura (hasta el lago artificial y la represa de Las Canoas fueron incluidos en el combo) que terminaron sirviendo a los arroceros, por casualidad, negocio al que empezaron a migrar los sandinistas que constituyeron después lo que llamo hoy la “burguesía nacionalista de Nicaragua”. Curioso también que cuando vinieron las autoridades cubanas a inaugurarlo hayan dicho todo lo contrario de lo que escribió Fidel Castro en el Gramma del 28 de marzo de este año (“en Cuba el empleo de tal tecnología para la producción directa de alcohol a partir del jugo de caña de azúcar no constituye más que un sueño o un desvarío de los que se ilusionan con esa idea”).
Ahora resulta que el etanol les quitará agua y alimentos a los pobres para alimentar autos de los ricos. Se dice que el maíz en México subió de precio por dedicarlo en gran parte a la producción de etanol; que en Nicaragua puede ocasionar un monocultivo; que ha desertificado otros países, etc. En el editorial del 30 de marzo, La Prensa se encarga de reproducir los discursos casi idénticos de Hugo Chávez y Daniel Ortega sobre este asunto, pero en realidad el autor intelectual es Castro (véase su artículo en Granma del 28 de marzo, que de seguro ya manejaban con anterioridad el presidente venezolano y el nicaragüense).
En los ochenta, al contrario, los sandinistas decían que le iban a agregar valor a la caña de azúcar (el grupo Pellas estaba contemplado en estos subsidios) para desarrollar al país en beneficio de los explotados. Como sucede con el cardenal Obando, lo que ayer era bueno hoy es malo. Hoy es otra cosa la que se busca.
Pasa que cuando hay objetivos políticos empiezan los discursos a batallar entre ellos para lograrlos. La ciencia, la técnica y las disciplinas varias se convierten en sirvientas y cortesanas de los grupos rivales, como cuando en esas series televisivas de justicia, un abogado anula a un perito con otro. Qué importa que los gatos sean blancos o negros, dicen los chinos, si lo que nos interesa es que cacen ratones.
Se dice que el etanol también puede ser producido por palma africana, tempate e higuerillas. El ingeniero Roberto Rondón, formulador de un proyecto en el Mag-For y en base a investigaciones de campo, aseguró el año pasado que “con la siembra de 167 mil hectáreas de palma africana Nicaragua puede llegar a sustituir toda la importación de diesel” (END, 27/06/06).
Sea cierto o no lo del etanol, todo proyecto siempre hace un cálculo de ventajas y desventajas, y se decide por lo que representa menos riesgos, y beneficia al mayor número de personas, un poco como el principio de Bentham. Pero lo que quiero trabajar es la relación política que hay detrás de todo esto. Mañana puede ser otro el motivo que los actores rivales elijan para enfrentarse. El etanol y el petróleo son pretextos de gobiernos adversarios y lo que está claro es la rivalidad, al menos para América Latina, entre la administración norteamericana y el gobierno venezolano. Aquel no tiene un programa regional sólido, coherente y de largo aliento (como lo fue la “Alianza para el Progreso”) y éste no logra consolidar todavía un texto programático (tipo Libro Verde de Kadaffi o Libro Rojo de Mao) de su “socialismo del siglo XXI”, que al parecer están elaborando a todo tren los escasos intelectuales de relieve que lo apoyan.
Al parecer, EU está siguiendo una vieja idea que denunciaron los marxistas norteamericanos de finales de los sesenta y comienzos de los setenta (a través de revistas como New Left Review, Monthly Review, Socialist Register, Marxism Today, Perspectiva Mundial, etc) que Brasil siempre ha tenido un perfil subimperialista que bien puede, si EU logra seducirlo, servir como un gendarme regional que vele por sus intereses ante el subcontinente. La salvedad hoy es que se encuentra gobernado por un partido de izquierda oscilante y burocratizado y que, si logra un acuerdo provisional provechoso (el etanol es parte del cálculo), puede atemperar como una suerte de Caballo de Troya, porque hablan el mismo lenguaje, el discurso de sus hermanos y primos políticos venezolanos, argentinos, bolivianos, chilenos y nicaragüenses, buscando como siempre aislar a los cubanos. Pero necesita un plan de gran alcance que al parecer EU está empezando a estudiar.
No sabemos qué pasará en este enfrentamiento de un populismo gaseoso y desordenado, y un neoliberalismo desconcertado y a la defensiva. Lo que al menos yo sé es que las multitudes queer, como se les conoce ahora a esa variada presencia de actores desempoderados, pero en lucha contra el imperio (asociado con esa obra célebre de Toni Negri y Michael Hardt), no tocan ni un pito en esta fiesta. Y no hay necesidad de hablar en nombre de ellos; no piden ni necesitan ser representados.
Bien saben defenderse a través de las armas del débil (Scott), las estrategias subalternas (hacer como si obedecieran, cumplieran, honraran y celebraran al hegemónico, pero, apenas ofrecen la espalda, lo desautorizan), las tácticas del silencio para desorientar al curioso, etc, todos recursos contra el que odian, envidian o temen; a través también de estrategias hermenéuticas y polisémicas hacia quienes obedecen, en quienes creen y dicen amar. Es una tentación desear que se liquiden entre ellos para aprovecharnos de sus ruinas.

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