Opinión

Constitución, tiempos e institucionalidad


“La nación nicaragüense se constituye en un Estado Social de Derecho.”
Artículo 130, párrafo inicial. Constitución Política de Nicaragua.

“Comprender y disfrutar son una misma cosa”.
Demócrito

CONSTITUCIÓN
Se habla tanto de nuestra Constitución Política y de la importancia de su cumplimiento en tiempos de institucionalidad urgente para el país; y está muy bien, incluso magnífico, que hablemos de la ley más importante para la convivencia nacional, pero no basta con hablar…
En el ejercicio de la ciudadanía, para ser ciudadanas y ciudadanos nos hace falta todavía mucho camino por recorrer, para tener conciencia ciudadana no bastan los lavados de la propia cuando no cesamos ni por un instante de manchar la colectiva, claro, como no es de nadie, es de todos.
Para hablar coherentemente debemos comenzar por conocernos a nosotros mismos, así podríamos evitarle a la nación tanta inconstitucionalidad propia que alegamos ajena como por arte de magia, interponiendo con prisa y diligencia dignas de mejor causa todos los recursos que la Ley de Amparo (Constitucional para mayor abundancia) nos permite… entonces decimos que estamos “defendiendo la constitucionalidad”, no importa que hace tan sólo algunos años hayamos sido cómplices o responsables directos de la primera Ley Marco, esa misma ley ordinaria que en versión corregida y aumentada fue prorrogada por un año más el pasado 19 de enero.
Pero teniendo Constitución desde hace más de veinte años, no es concebible la ignorancia de ella, de la cual hacen gala precisamente ahora quienes viven literalmente de su existencia, bien sea comentándola en cualquier escenario mediático sin mayor compromiso que el de la proyección personal (en cuyo caso lo comentado no es más que un complemento decorativo del ego correspondiente) o, peor sea, aprovechando las debilidades procesales de una Ley de Amparo que hace ya demasiado tiempo debió ser reformada para poner fin al colapso interminable de nuestra justicia constitucional.

TIEMPOS
“Hoy es siempre todavía”
Antonio Machado

Menos o más de cien días desde el cinco de noviembre pasado no harán ni mejor ni peor el ejercicio del poder político por parte de ningún gobierno; y sin embargo, sorprende tanta interpretación constitucional en tan poco tiempo por tal cantidad de “analistas políticos” que uno ya no sabe dónde quedaron, si es que alguna vez anduvieron en Nicaragua, el análisis por un lado y la política por otro, puesto que siendo cosas distintas, a fuerza de manosearlas con palabras disfrazadas de opinión, han venido convirtiéndose única y exclusivamente en tercas expresiones de necedad mediática, sin capacidad ninguna para ocultar la mediatización de los intereses a que responden.
Categorías temporales que “casualmente” distorsionan la realidad y sus manifestaciones, con precisión propia de una conjura perpetua contra toda expresión libre de tentaciones privatizadoras, incluso hasta del aire que debemos respirar las y los nicaragüenses que quieran sentirse “demócratas”. ¡Que tiempos, que costumbres! ¡Y la Constitución congelada un año más en lo que intentó ser reforma un año atrás!

INSTITUCIONALIDAD
“Estamos dispuestos a creer en aquello que anhelamos”.
Demóstenes
Que en nuestro país las instituciones tengan cualidad de tales viene siendo desde hace tantos años precisamente aquello que anhelamos y estamos dispuestos a creer…
Institucionalizar el respeto como requisito fundamental, imprescindible, irrenunciable, imprescriptible, inalienable…
Sólo así los derechos y libertades de todas y todos podrán ser algo más que un postulado recogido a manera de precepto constitucional o legal, y se garantizarán desde la raíz misma del respeto que mantengamos vivo como parte intrínseca, consustancial de nosotros mismos. Así, las distintas individualidades ciudadanas que concebir puedan la institucionalidad, poniendo esfuerzos en común construirían la institucionalidad colectiva; seríamos sujetos de gobernabilidad entendida justamente como la capacidad de generar consensos, los precisos para lograr la sostenible firmeza de las instituciones que debemos liberar definitivamente del mundo de las utopías, haciéndolas realidades compartidas.
Es una invitación urgente para nuestra historia el trascender del conocimiento propio e individualizado, respetándolo por tener conciencia del mismo, al conocimiento armónico, interdependiente y complementario de lo que son y deben ser las instituciones para todos los nicaragüenses. Delimitar, por tanto, la institucionalidad que Nicaragua necesita está en el horizonte de nuestros anhelos, renovados cada vez que nos aventuramos en el ejercicio de la libertad en el más amplio de los sentidos asumida, esa libertad por la que vamos muriendo diariamente mientras vamos naciendo al respetarnos --respetar el nos--, como paso precioso y huella inalterable de nuestra disposición para reconciliarnos con el yo, el nos, los otros y las otras… Habitantes y pobladores, ciudadanía sedienta de Constitución en tiempos de institucionalidad.

* Profesor de Derecho Constitucional