Opinión

Incrementa ruido en Hospital “Vélez Paiz”


“El ruido me estresa, me sofoca, me pone loca, me da tristeza, porque el ruido es terrible”. “No puedo concentrarme, tengo que buscar otra oficina dónde trabajar”. “Tengo que gritar cuando vienen los estudiantes de Medicina”. “Me duele la cabeza. Me enferma”. “Los niños hasta brincan cuando se despiertan con los pitazos o el ruido de los tubos de escape, se desvelan”. Éstas son expresiones de personas que laboran en el Hospital Materno Infantil “Fernando Vélez Paiz” durante investigación realizada en 2006.
Otros efectos del ruido en los hospitales son: interfiere la comunicación, puede inducir a errores al no escuchar bien; puede interferir en la recuperación de los enfermos y estresa a familiares, que de por sí ya están estresados. El personal de salud necesita un ambiente especial porque su trabajo es especial, tiene que atender órdenes o señales que son vitales para los pacientes. Sin embargo, el ruido en el hospital sobrepasa y hasta duplica los valores límites recomendados por la OMS. En algunos casos, se aumenta en un 100% y más, como en la sala de Gastroenterología, con 73.3 decibeles de nivel promedio contra 35 de la OMS.
En las salas para hospitalización, además del nivel promedio, hay que considerar el nivel sonoro máximo de sucesos esporádicos, especialmente durante la noche, ya que provocan sobresaltos que interrumpen el sueño y pueden afectar la salud. Estos sucesos se dan sobre todo en las salas situadas frente a la avenida, pues los ruidos provenientes de pitazos y aceleradas son intensos.
El principal factor que incide es la ubicación del hospital, a la orilla de la avenida, a escasos metros. Esto en la fachada principal, en los otros costados está literalmente a la orilla de las calles. Está separado de la avenida por un muro de piedra cantera de 1.13 metros de alto, y el resto, verjas de hierro de un metro de alto, que acústicamente es lo mismo que nada. Además, está rodeado por calles, razón por la cual le llega el ruido de vehículos, negocios, hogares, universidad, etc. Es como una isla en un mar de ruidos. Y sin muros de contención para las olas acústicas que lo azotan por los cuatro costados.
El muro antes estaba más retirado del hospital, pero hace algunos años la Alcaldía orientó que lo construyeran más adentro, y actualmente realiza trabajos para ampliar la bahía de parada de buses, frente al hospital, a la orilla de salas de internado. No se debió permitir que le quitaran espacio, y se debería regresar lo que le quitaron, o por lo menos construir un muro alto, como muralla acústica.
La principal fuente de contaminación acústica externa en el hospital es el tráfico, con circulación intensa de todo tipo de vehículos, desde carros livianos y motos hasta transporte de carga y buses de transporte colectivo. Entre las causas del ruido del tráfico están: frente a la fachada del edificio hay semáforos y bahías para las paradas de buses, lo que contribuye a las aceleradas, frenadas y a sonar las bocinas. A esto se suma la cantidad de vehículos, el ruido del motor, los tubos de escape y de la carrocería cuando están en mal estado. Además, en la acera hay ventas, lo que obstaculiza el paso a los peatones, que se ven obligados a caminar por la calle invadiendo los carriles de los vehículos, por lo que los conductores tienen un motivo más para sonar la bocina.
Para mitigar la contaminación acústica se sugiere: construir un muro que separe el hospital de la avenida. Muro de concreto, en vez de verja. Para que sea efectivo debería ser más alto que las ventanas de la planta baja y alrededor de todo el edificio. La construcción no debería ser responsabilidad del centro. Asimismo, gestionar la instalación de señales luminosas y suficientemente grandes, que insten a no sonar las bocinas. Según la OMS, los responsables de la fuente de ruido deben asumir los costos totales asociados con la contaminación sonora, por el principio de “quien contamina paga”.
Otras sugerencias: trasladar la parada de buses a una cuadra más; prohibir que los vehículos suenen la bocina. Exigir silenciadores en los tubos de escape, prohibir aceleradas a fondo y frenazos, reducir la velocidad. Reubicar las ventas que están en la acera del hospital. No eliminarlas, sino trasladarlas. Prohibir el uso de parlantes en las aceras de tiendas cercanas.
Hay otras situaciones que contribuyen, como el bajo presupuesto para el mantenimiento del hospital, pues no da para reparar paredes y ventanas, ni para instalar más aires acondicionados y poder cerrar las puertas, lo que permite la inmisión de ruido. A esto se agrega el problema de la energía eléctrica. Con los cortes se tiene que encender la planta de emergencia, que consume el presupuesto de mantenimiento. Además, se convierte en otra fuente de ruido.
Para resolver esta problemática, deberían aunar esfuerzos las instituciones y organizaciones que tienen que ver con salud, medio ambiente, urbanismo, derechos humanos, niñez, salud ocupacional, derechos de la mujer y toda la sociedad en general. Y, por supuesto, las autoridades y personal del hospital.