Opinión

Campaña educativa para que el pueblo aprenda a votar


Campañas permanentes sobre el voto electoral y su trascendencia, a nivel nacional, son altamente prioritarias para que el pueblo tome conciencia de la responsabilidad del voto, que por el voto se llega a Roma o al bienestar. Dichas campañas son más necesarias y altamente beneficiosas que muchas otras, incluyendo la de alfabetización, icono propagandístico.
Los niños y la juventud en general carecen de formación cívica en colegios y universidades, interesados básicamente éstos en tecnologías mundiales de primera punta y por el consumismo. Las llamadas Fiestas Patrias se celebran con bombos y platillos, en espectáculos circenses, lo que alimenta tiempos primitivos en vez de actos cívicos que motiven una formación patriótica legítima y el compromiso necesario para el cambio de una nueva Nicaragua.
¿Hasta cuándo se va a seguir en una democracia de papel basada en un voto “popular” manejado por mafias políticas que se aprovechan del hambre e incultura del pueblo?
Quizá en años o siglos venideros, cuando en Nicaragua exista un pueblo con decisión de imponer gobiernos presidenciales y locales por el voto unipersonal, éste se faje los pantalones para expulsar a los políticos filibusteros criollos.
Vivir criticando o hablando contra los malos gobiernos que resultan de procesos electorales oscuros es una estupidez, ¿qué pueden producir los cardos? Jamás habrá cambio con un arcaico sistema, que gustan y apoyan, de las derechas extremas a comunistas y populistas, porque se gobierna a caprichos.
Con excepción de las fórmulas presidencial y de alcaldes, ningún ciudadano sabe a qué diputado o concejal dio su voto, puntualmente; en la lista va el nombre de su candidato, pero no conoce la posición asignada ganadora. En las listas pueden ir hasta delincuentes.
Indiscutiblemente, el cambio tiene su punto de partida en el voto, eterno cáncer de nuestra desgracia. Un bebé no camina si no gatea, ni corre si no camina. No se tendrá una auténtica democracia sin dar el primer paso: el voto unipersonal transparente y garantizado.
El punto crítico de la política nicaragüense se ha concentrado siempre en la Asamblea Nacional, ante Cámara de Diputados, en donde vagan unos que dicen ser representantes del pueblo, un sistema que hay que borrar de tajo porque la forma de elección sólo busca sus intereses y pasar a mejores condiciones de vida, de habitar en barrios de medio pelo, cambiarse a mansiones, y que las familias usen toyotonas sin pagar impuestos. ¿Cómo calificar tal conducta?
Actualmente se eligen representantes nacionales, es decir nadie sabe para qué ni por qué; igual se eligen representantes departamentales; un sistema truquero para estructurar una Asamblea de lacayos, en su gran mayoría.
La Asamblea o Cámara sirvió lo mismo a la dictadura somocista que ahora a la sandinista y a los gobiernos “demócratas” a partir de 1990. Con este burlesco primer poder del Estado, de la Constitución Política se puede hacer un alfeñique para alimentar caprichos, vanidades, etc. de dictadores u otros. En el gobierno Bolaños la C.P. fue mancillada.
Los representantes del pueblo deben serlo en forma concreta por circunscripciones electorales bien marcadas, los candidatos deben ser personas con antecedentes de honorabilidad, con capacidad para competir con otros candidatos con programas de beneficio para la comunidad, y que al final de cada período pueda evaluarse su trabajo y honestidad, manos limpias.
Los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y los magistrados del Consejo Supremo Electoral no son elegidos popularmente, de manera que las estructuras de la justicia y la democracia política, supuestas sólidas columnas, descansan en nombramientos de una podrida Asamblea Nacional, politizada hasta los tuétanos.
La calificación de todos y cada uno de los magistrados es esencialmente política, de genuflexión, su número puede ser cualquiera. No valen antecedentes de una carrera judicial de prestigio profesional, de lujo. Cada quien saque sus propia conclusiones alrededor del tipo de justicia que rige y cómo marcha en la vida diaria. Los murmullos son permanentes, de alto quilataje de costos, más de algunos magistrados con antecedentes oscuros.
Igualmente, la calificación de los magistrados que manejan partidos y elecciones es esencialmente política, su número es igualmente cualquiera. Carece de autonomía, depende de los partidos, no goza de la confianza de la sociedad, su organización es muy deficiente y siempre marcha a la carrera. El manejo de emisión y reposición de cédulas, un asunto tan simple, es un vía crucis, pero es una institución que está bendita, y he ahí el detalle de Cantinflas.
El pueblo votante debe aprender que en las campañas electorales el objetivo de los candidatos es captar el mayor número de votantes a cualquier costo, y para eso se disparan una sarta de mentiras incumplibles, y cuando llegan al poder se olvidan de todo, hasta de su madre.
Recientemente nos consta la soberbia de un Presidente con el ingeniero Marenco, quien por no estar de acuerdo con el despacho presidencial en la sede del partido recibió una bofetada. Nicho tiene razón, aunque dobló la cerviz, es un ciudadano libre para ejercer su derecho político, aparentemente la libertad de opinión pública está enterrada para todo ciudadano.
Cualquier ciudadano tiene el derecho que da la democracia a opinar en forma pública, y es deber del Presidente escuchar. Si estamos bajo la ley del bozal, aclaremos el tema a tiempo, se podría terminar como Somoza, despachando en su hacienda Montelimar o donde él se encontraba estaba el despacho presidencial.
Votantes, ciudadanos, pueblo, no tengan miedo de hablar y hacerlo públicamente; los funcionarios son empleados públicos a quienes pagamos con impuestos recaudados, no son nuestros patrones. Los funcionarios no son dioses que saben todo y el pueblo sólo arrodillarse.
Ciudadanos, pueblo y especial votantes, deben emprender la lucha por establecer un auténtico Estado de Derecho, por garantizar los derechos políticos que no nos otorga ningún tipo de gobierno, símbolo de democracia, y por el imperio de la ley.
Los actos masivos son etéreos, sólo tratan de impresionar y pescar. Si las campañas electorales fueran reducidas a circunscripciones electorales muy marcadas donde los temas serían muy concretos, como salud, agua, escuelas etc., en cada comunidad los votantes podrían exigir cumplimientos o no reelección. En Nicaragua los diputados se pasan una vida en el cargo sin hacer nada por sus comunidades, porque en el fondo no representan a nadie.
Sólo una vez electos el Presidente y los alcaldes pueden cumplir promesas de acuerdo con prioridades planificadas para el país, los departamentos y municipios. En la estructura de la actual Asamblea Nacional ningún votante conoce quién está obligado a qué y con quiénes.
Para seguir responsablemente hablando de democracia en Nicaragua debe comenzarse por un voto unipersonal racional. No se entiende por qué las democracias occidentales, comunidad europea y Estados Unidos no ven que la democracia en Nicaragua jamás levantará cabeza en su tradicional sistema, siempre estará expuesta a situaciones como las que se están atravesando bajo el presente gobierno.
A la hora de elecciones caen en el país, ¿a qué?, puro show para apoyar el sistema.
Nicaragua urge escuelas, que nos ayuden a establecerlas, por lo menos en las cabeceras departamentales, para que el pueblo se ilustre acerca de cómo funciona la política y la administración, y aprenda a depositar un voto responsable. Urge también una Ley de Partidos Políticos exclusiva, autónoma y un simple sistema electoral o puramente de registro computarizado automático donde los partidos no metan las oscuras manos de fraudes.