Opinión

¿Qué tan bien revisamos nuestra factura por consumo de energía eléctrica?


Recientemente se aprobó en la Asamblea Nacional el artículo 237 del Código Penal, el cual establece penas de cárcel para quienes efectúen conexiones ilegales o alteraciones a los medidores. Se ha dicho en algunos medios de comunicación que el referido artículo fue aprobado por presiones de los organismos financieros internacionales. También hemos leído en los periódicos declaraciones de rechazo a la medida por parte de organismos defensores de los derechos humanos y otras organizaciones no gubernamentales. Además, se han alzado voces donde se pide que también se sancione de igual forma la emisión de facturas alteradas y se proteja a la población contra los abusos.
Por esta vez no vamos a entrar a la polémica sobre el artículo mencionado. Nos referimos al mismo porque de repente, debido a las sanciones que impone, todos los usuarios nos vemos en la necesidad de analizar con más cuidado nuestras facturas de servicios básicos. Tenemos que saber leer qué dice en ellas y lo que significa. En esta ocasión, vamos a tratar sobre el caso de las facturas que corresponden al servicio por consumo de energía eléctrica. Por ello creemos prudente empezar por hacerle al lector una pregunta de fácil respuesta: cuando llega la factura por el consumo de energía, ¿nos fijamos en algo más que en el monto de la misma?
Probablemente, en la mayoría de los casos, la respuesta sea: NO. Sin embargo, vale la pena que en nuestros hogares y en las organizaciones privadas y públicas de nuestro país (empresas, ONG, instituciones del Estado, etc.) revisemos con más cuidado la información que aparece en las facturas. Podría darnos información útil que nos permita hacer ahorros significativos en ese rubro. A veces establecemos un negocio en un lugar donde antes funcionó otro o simplemente era un domicilio particular. Podrían estarnos facturando de acuerdo a una tarifa que no nos corresponde y que tal vez sea inconveniente para nosotros. Veamos un ejemplo:
Si un establecimiento comercial que consume por encima de 400 KWH empieza a funcionar en un local que antes era una casa de habitación, probablemente esté pagando de más si el consumo medido es facturado de acuerdo a la tarifa doméstico (residencial). Esta tarifa beneficia a quienes consumen poco pero castiga a quienes “gastan” más energía. En muchos casos, con sólo hacer un cambio a la tarifa apropiada, lograremos un ahorro significativo.
En ocasiones, nuestra demanda máxima de energía resulta ser excesivamente alta, disparando el monto facturado por ese concepto. Hay escenarios en los que se puede lograr que esa cantidad se reduzca de forma significativa haciendo una programación eficiente de la puesta en funcionamiento de los equipos utilizados. Una recomendación elemental es no poner a funcionar al mismo tiempo todos los equipos (aires acondicionados, lavadoras, planchadores industriales, motores de distintos tipos, etc.) y apagar aquellos que no estamos utilizando. Esto podría permitirnos reducir la demanda máxima de energía sin afectar el normal funcionamiento de nuestras organizaciones.
El monto de nuestra factura también podría reducirse si corregimos oportunamente el factor de potencia. Es probable que en nuestra casa o negocio (pulpería, cyber, taller, etc.) tengamos un refrigerador, un exhibidor de gaseosas, una mantenedora, un equipo de aire acondicionado o un motor que desperdicia energía reactiva. En muchos casos podríamos estar pagando más de lo deseado por no tener compensados de forma adecuada nuestros equipos (aquellos que utilizan motores como los mencionados). En ocasiones, cuando no cumplimos con las normas establecidas sobre el particular, podríamos ser multados y hasta podrían denegarnos el servicio.
Otra sugerencia que podría ser beneficiosa es que cuando compremos equipos eléctricos, no nos fijemos solamente en el precio. Es recomendable revisar cuánto consumen. Esa información viene detallada en los manuales de los equipos. Es cierto que casi nadie los lee y usualmente tenemos acceso a los mismos hasta que ya hemos comprado los mismos, sin embargo, podemos solicitar el dato al mismo personal de la tienda donde pretendemos hacer la compra. Si no lo sabe el vendedor, siempre podrán preguntar a los técnicos del taller que brinda la garantía ante eventuales defectos de fabricación. A veces un equipo “barato” podría salirnos “caro” por su consumo de energía.
En la mayoría de nuestros hogares y centros de trabajo, los “detalles” mencionados suelen pasar por alto y nunca los tomamos en cuenta. Cuando son atendidos, en promedio llegan a representar un ahorro de hasta el 40% del monto usualmente facturado. Por supuesto que cada caso particular será diferente de cualquier otro. De manera que a veces el ahorro podría ser menor y en otros mayor. Si su facturación por consumo energético es muy alta, principalmente en los casos de empresas y otras organizaciones, lo más recomendable es realizar una auditoría energética través de la cual se determinen las estrategias de ahorro energético que mejor se correspondan con su caso. A partir de ellas, se derivarán una serie de políticas y recomendaciones de cuya implantación inmediata dependerá el éxito de la auditoría realizada.
Una última sugerencia: la próxima que vez que reciba la factura por servicios eléctricos, tal vez pueda tomarse un tiempo para leerla con atención. Quizás si le da seguimiento al asunto, se beneficie con un ahorro significativo al momento de pagar estas facturas. Al mismo tiempo, en la medida que todos hagamos un consumo responsable de la energía podríamos contribuir colectivamente a paliar, aunque sea de forma marginal, el severo déficit energético que agobia nuestro país.

*Profesor titular
Facultad de Electrotecnia y Computación
Universidad Nacional de Ingeniería.
narciso.aguilera@gmail.com