Opinión

Las aceras sedientas de Nicaragua


Hace unos cuantos días se celebró el Día Mundial del Agua. ¿Lo celebraremos cuando nuestras gargantas estén secas? ¿O cuando nuestros hijos lloren incesantemente a causa de la sed? Más que testigos, somos culpables de uno de los peores crímenes de la historia del planeta.
¿Es usted de las personas que piensa que del cemento crecen las flores y los árboles? ¿Es usted de las personas que ordena a sus empleados regar incesantemente el jardín como si éste sufriera un mortal ataque de sed? Yo veo todos los días a esas personas a quienes las miradas acusadoras no afectan.
En los tiempos en que vivimos cada uno de nosotros “contribuye” en la destrucción del mundo. En todos los lugares: en residenciales, condominios, barrios, asentamientos, etc., sin importar las razas, niveles socioeconómicos o belleza de nuestros hogares.
Mientras una parte de la población bota el agua sin clemencia, otros sectores, especialmente los más pobres, carecen de ella. Asimismo, la población en Nicaragua no tiene la sensibilidad y la sapiencia ambiental suficiente para reconocer el valor del agua. Cada nicaragüense consume entre 100 y 120 galones diarios de agua potable, superando el promedio normal de 50.6 galones diariamente.
En el año 2070, una persona sólo podrá consumir medio vaso de agua, una cantidad muy diferente a la de ocho vasos que hoy por hoy se recomiendan. ¿Qué mundo estamos heredando a nuestros hijos? Los establecimientos de lavado de carros son muchísimos y cualquier rastro de suciedad es removido con agua.
Para contrarrestar esta catástrofe, se encuentra en plenario la Ley de Aguas, promovida por Enacal y muchas instituciones sociales. Actualmente, ya son 46 los estatutos aprobados, pero falta mucho más. Algunos diputados aún no tuercen sus brazos para que esta Ley entre en vigencia. Pero el esfuerzo poco a poco da sus frutos.
Dentro de esta Ley se prohibirá la interrupción del suministro de agua para los consumidores. Además, el servicio no podrá ser privatizado y el uso doméstico será la más alta prioridad. Igualmente, se regularán con mayor dureza los 130 pozos de Enacal y se modificará la situación de los 150 pozos privados que no pagan ninguna cuenta.
Éste es un problema de todos, al igual que la destrucción que avanza lenta pero segura del Lago de Nicaragua, la mayor fuente de agua de Centroamérica y propiedad de Nicaragua. También el “agonizante” lago de Apanás y el “fallecido” lago Xolotlán. Todo esto es culpa nuestra.
Casi un 15 % de la superficie del país está constituida por lagos, lagunas y ríos. Aproximadamente el 42% de las fuentes de suministro de agua no poseen suficiente cantidad del líquido. Entre el 73 y el 90% del suministro proviene de fuentes subterráneas y, en el caso de Managua, de la laguna de Asososca, que cada día parece más seca. No tenemos suficiente agua para sentirnos seguros en las décadas venideras.
Recordemos que hasta en las zonas más “exclusivas” de Managua, por ejemplo Santo Domingo y Las Sierritas, el servicio del agua es deplorable. Ahora imaginémonos la angustia de tantos compatriotas que caminan kilómetros para obtener unas cuantas gotas. También los proyectos urbanísticos tienen muchas contradicciones. La construcción de éstos no ha sido regulada de tal manera que no sigan contaminando el manto freático de nuestro país con sus aguas residuales y su falta de pozos de infiltración. ¿Qué podemos hacer? ¡Construir con conciencia! ¡Dejar de regar las aceras! ¡El agua no hace que el cemento sea más resistente!

* Comunicador social