Opinión

Gramsci en el mandala: ¿hegemonía o dictadura?


Viendo la situación política de Nicaragua, se me ocurre que ésta parece un inextricable tejido cromático de muchas tramas funcionando como un mandala cinético e incesante. Estas tramas, veloces, dinámicas, polisémicas, polivalentes, las conforman entre otras: las relaciones entre partidos, las alianzas entre bloques de poder, los choques de grupos de interés al interior de las organizaciones partidarias, la relación sociedad civil-sociedad política, el Estado (en todos sus poderes) y los aparatos ideológicos (sistema educativo, iglesias y medios de comunicación).
Sin tener la sabiduría de un lama tibetano, más bien como un semiólogo occidental que intenta leer los signos de nuestra sociedad, decidí desempolvar y releer algunos textos fundamentales. Básicamente leí algunos subrayados de mis viejas lecturas de la escritura subversiva de Antonio Gramsci (AG): Socialismo e fascismo, La costruzione del partito comunista, Lettere dal carcere y Note sul Machiavelli, sulla política e sullo Stato moderno.
El pensamiento de Gramsci para el marxismo ortodoxo, para las teorías de las ciencias políticas liberales y para el narcisista pensamiento postmoderno, no tuvo ni ha tenido vigencia, sólo vivió una moda efímera (valga el oxímoron) y lo han relegado al vetusto cajón del olvido. De ese viejo cofre alhajero extraigo los conceptos de hegemonía y dictadura para intentar una lectura de nuestro aparentemente caótico mandala político.
Según Christine Buci-Glucksman, al reelaborar el concepto leninista de hegemonía, Gramsci le otorga nuevas funciones para la exploración de una nueva estrategia de la revolución. Este concepto le sirve a AG para oponer a las operativas formas de dominación del socialismo real, las formas de dirección en el proceso de construcción de la hegemonía política en una sociedad. “La hegemonía no se identifica con la fuerza. La hegemonía de una clase en un proceso histórico no se impone: se conquista mediante una política de alianzas que abre una perspectiva nacional al conjunto de la sociedad, haciéndola avanzar”.
Por supuesto que los escritos de Gramsci deben contextualizarse en aquella compleja Italia pre-revolucionaria, contrarrevolucionaria y fascista, durante las tres décadas iniciales del siglo XX, y sin olvidar que explícitamente tienen como misión proponer un debate en torno a la construcción de una clase, un partido, un Estado, una cultura, etc.
Pero el pensamiento gramsciano, dado su riqueza y fecundidad, fue siempre más allá de las fronteras italianas y no ha terminado de enriquecer el debate político-filosófico entre el marxismo y las ideas liberales, la socialdemocracia y el fascismo, amén de la extraordinaria polémica fecundante que ha generado al interior del propio marxismo. Las categorías y la metodología propuestas por Gramsci, sin forzarlas, pueden servirnos para analizar la situación nacional aunque los objetivos de las tareas a realizar y las construcciones políticas sean muy distintas y distantes.
Si hay un concepto capaz de englobar y caracterizar la situación política en la Nicaragua de siempre es el de crisis de hegemonía permanente. La nuestra es una sociedad que vive constantemente en un estado de crisis de hegemonía política. Crisis cuyas salidas históricas no han estado por la construcción del consenso y la hegemonía política-cultural, sino más bien han devenido en períodos (remansos críticos) dictatoriales donde la dominación se ha impuesto (la dictadura militar somocista y la revolución popular sandinista, para citar dos ejemplos históricos relevantes).
La crisis política de la sociedad nicaragüense, en sus ciclos largos y cortos, no es nada más que la ruptura de un equilibro inestable y precario al interior de las estructuras de poder de los partidos, del Estado y de la sociedad civil. Actualmente la ruptura de este equilibro está centrada en el eje de la contradicción hegemonía o dictadura. Y en este momento es algo que va más allá del partido o coalición de partidos o grupo familiar en el poder. Ninguna estructura social o cultural, me atrevo a decir, escapa en Nicaragua a esta situación de crisis. Si no veamos las tentaciones de construcción de consenso y hegemonía chocar con las presencias dictatoriales al interior del PLC, el MRS, la ALN, la Iglesia Católica, los sindicatos y organismos de la sociedad civil.
Los partidos políticos, cualesquiera sea su signo ideológico, las organizaciones de la sociedad civil, los poderes del Estado, los aparatos ideológicos, están sometidos a esta crisis y debatiéndose, consciente o inconscientemente, entre la necesidad de construir consensos y lograr políticas hegemónicas o imponer las soluciones rápidas, expeditas pero fracasadas de antemano que proporcionan las concentraciones del poder y los usos dictatoriales.
Paradigmático a este perfil de análisis resulta la crisis de hegemonía al interior del FSLN, su coalición de partidos y sus reflejos en el Estado nicaragüense actual. Después de una campaña ilusionista que insinuaba se iba a tomar en serio la construcción de un consenso y de una hegemonía cultural por parte de la fuerzas, no digamos revolucionarias, ni populares (adjetivos que les vienen demasiado amplios), sino meramente modernizantes, nos encontramos con evidencias que al interior de los grupos de interés o grupos de poder político de este bloque ha aparecido la tentación ditactorial, retardataria y arcaizante de nuestra conspirativa historia.
Pero eso pertenece al siguiente análisis de inspiración gramsciana que compartiré con ustedes, si es que antes mi cabeza separada de su cuerpo no navega, cerúlea y verde sobre las aguas de la laguna Tiscapa.