Opinión

Un plan de atención psicosocial nacional… es urgente


El cuerpo hace lo que manda la mente, y nadie piensa bien
con el estómago vacío.

Son preocupantes los sucesos que han ocupado las noticias en los últimos días, aunque para algunos signifique material de trabajo con el cual llenar sus espacios para vender. Ironía de países pobres, de poblaciones marginadas de educación y sobre todo de cultura. Pero sobre todo, marginadas de derechos humanos básicos como trabajo y comida.
Alguien decía que la pobreza existe porque existen muchos pobres, sin mencionar que pocos ricos (quizás menos de 1,000) poseen fortunas ofensivas para los millones de indigentes de África, Asia y América Latina (Forbes). La miseria es un caldo de cultivo para la violencia. Cierto, pero, ¿cómo se explica la delincuencia de quienes nacen en cuna de seda, que no conocen el sudor más que cuando hacen gimnasia o tenis en sus clubes selectos?, ¿acaso escasea el pan en sus mesas, o carecen de mantas para cubrirse en tiempos de frío? NO.
Se trata de actitudes incompatibles con la justicia humana, incompatibles con la coexistencia entre los seres humanos. Entonces, qué podemos hacer ante tanto desorden y violencia en que vivimos.
En medio de nuestras posibilidades como país, que son muchas y pocas a la vez, debemos iniciar un plan de saneamiento mental para todos y cada uno de los más de cinco millones de habitantes que ocupamos un espacio en este pedacito de tierra llamado Nicaragua. Debemos aprovechar los recursos que poseemos y utilizarlos para alimentar nuestros cuerpos y nuestras almas, todos y no solamente unos pocos.
Miremos el ejemplo colombiano, con 40 años de guerra que no termina todavía, pero son capaces de exportar su música, sus flores, sus campeones en diferentes deportes, o el caso de Cuba, en medio de un brutal bloqueo de más de 40 años, exportando cultura, ciencia y, sobre todo, solidaridad, todo eso ensancha los pechos de todos y cada uno de sus ciudadanos y los motiva a ser mejores cada día, FORTALECE SU AUTOESTIMA y enorgullece tanto que gritan de qué nacionalidad son cuando se les pregunta.
¿Cuántos de nosotros respondemos de igual forma? Más bien guardamos silencio ante la pregunta, o al menos eso menciona una encuesta de reciente data. ¿Por qué sucedió el caso Oviedo, el caso de San Juan del Sur, el caso Mayorga?, y así muchos más, ¿por qué la violencia está a flor de piel en nuestras vidas, será acaso la falta de oportunidades?
Ensayemos una propuesta entonces, llena de oportunidades de vivienda, salud, educación, cultura, deportes, alimentos y de espacios para cada uno y comparemos luego cuáles resultados son mejores, si cuando no se tienen oportunidades como en los últimos 17 años (incluyendo el presente) o cuando las oportunidades están allí para todos. Comparemos cuántos hechos violentos se producen en cada realidad supuesta.
A todo esto llamaríamos una estrategia de atención psicosocial integral, y seguro que no habría tiempo para pensar en lo negativo, en el daño al semejante o en las acciones reñidas con la honestidad.
Tal como sucede en las situaciones de emergencias o desastres, lo primero es resolver los albergues, la comida, la salud y la seguridad, y que el riesgo no continúe, prevenir las epidemias, después habrá tiempo para lo que puede esperar. Similarmente diríamos en estos momentos que hay que llenar de oportunidades a los grupos más vulnerables y que potencialmente pueden provocar situaciones de riesgos, y acompañarlos en el proceso. Solamente así podríamos lograr un ambiente de paz y armonía para iniciar por fin el tan ansiado despegue económico y social que suena a utopía desde hace mucho tiempo.
Recordemos que es más meritorio caer y levantarse que nunca haber caído.