Opinión

¿El maltratador es un enfermo?


El agresor, esencialmente, no es una persona patológica, no es una persona enferma; es una persona normal y amable. Cuando me preguntan cuáles son las características, cuál es el perfil del agresor, pues yo digo que las características son claras y que no existe un perfil, tampoco una conducta, una alteración, un rasgo psicológico que lo lleve a maltratar, a ejecutar la violencia continuada y sistemática como componente y elemento de control. No existe esa patología. Lo que existe son elementos, rasgos, o trastornos o enfermedades de la personalidad o mentales que puedan beneficiar la respuesta impulsiva, la dificultad para el autocontrol, etc., pero el ejercicio sistemático, continuado y mantenido de la violencia para obtener beneficios no procede de una patología, sino que emana de una voluntad, y esa voluntad es la que desarrolla el agresor cuando quiere conquistar sus fines basándose en la violencia.
En pocas ocasiones el maltratador está abatido de una enfermedad mental (esquizofrenia, psicosis...). Son consecuentes del daño que causan y responsables de su conducta. No existe un perfil de abusador típico, aunque sí un acumulado de dogmas desviados y de ardua evolución en la base de su personalidad. Los hombres agresivos lo son por naturaleza, la mayoría no lo son fuera de su hogar. La fe que subyace a todo maltratador es el sentimiento de estar por encima de la mujer. La siente como una pertenencia y como tal actúa. Las tácticas que maneja el maltratador para conservar el mando sobre la mujer en la vida cotidiana son micro machismos y la gama de tales actos es amplia.
Los maltratos ocurren por conservar unas condiciones de inmunidad en la relación o continuar así una actitud de obediencia. Quienes tienen un nivel social elevado hacen uso de más elementos para enmascarar la violencia que una persona con menos recursos sociales o culturales. Pero, en lo particular, la presencia de estresantes sociales y el estatus que se quiere proyectar influyen en la manera de ejercer violencia. La violencia intrafamiliar es el fruto de pautas sociales cultivadas. Es un elemento cultural, no está en el cromosoma “Y”.
Amparar una perspectiva crítica frente a lo que no es normal. Aunque todavía progresemos en tinieblas. Estamos comprobando cómo los adolescentes se empoderan de roles patriarcales, machistas, que continúan multiplicando. Pero, a diferencia de hace años, las mujeres ya tienen elementos para rechazar esas actitudes. Es importante que no se pretenda presentar al maltratador como un enfermo. No lo es, el agresor actúa por coherencia, por convencimiento, como consecuencia de la idea que él tiene de esa relación, de esa organización familiar, de esa combinación de pareja que él va imponiendo a base de provocación, coerción y amenazas, etc.
Tampoco es una persona que ignora lo que está haciendo. Todo lo contrario: la estrategia la violencia es clara, gradual, repetitiva, para cimentar y custodiar esa posición de dominio sobre la mujer. La violencia es un proceso. La aísla, corta sus conexiones, con su familia, amistades, para propiciar que, cuando él aumente el nivel de violencia, a la mujer no le resulte fácil terminar la relación o denunciarlo.
El agresor es generalmente una persona normal que no logra controlar su agresividad y cree que su rol en las relaciones de pareja y en la familia es dirigir, controlar. etc. La mayoría de los agresores son personas con buenas relaciones interpersonales en el ámbito público. En ciertas ocasiones son tan amables y afectuosos con los demás que nadie cree a la mujer cuando cuenta sus experiencias de violencia.
Inclusive en la fase de reconciliación, es hábil al mostrarse cariñoso y arrepentido con la pareja y las y los hijos/as. Diversos estudios han mostrado que alrededor del 50% de los agresores no consume alcohol. Además, el agresor también es violento cuando está sobrio. No hay razón para maltratar a otra persona. La violencia intrafamiliar no está asociada al comportamiento de la mujer, sino al deseo de control del agresor. Generalmente la violencia intrafamiliar es cíclica y puede durar años. Esa base es la que sostiene el agresor y por lo tanto actúa con pleno convencimiento de que lo que está haciendo está haciéndolo por un bien superior al daño que causa. Es decir, el agresor en todo momento es consciente de que está produciendo un daño a la mujer y por eso se protege. Lo que sucede es que para él el beneficio que produce esa violencia es superior a ese daño.

*Máster en Salud Pública