Opinión

Características de políticos criollos


¿Qué es un político en Nicaragua? No sabría definirlo, pero sí, cualquiera es político, incluyendo mudos, dormilones y faltones a la Asamblea Nacional.
Cualquier analfabeto afirma que es demócrata y habla de democracia, principio que vale la pena primero conceptualizar para ser claro y no hablar como charlatán político o loro.
Cuando los pensadores de la ciencia política contemporánea mencionan el término democracia se refieren a la democracia política, que podría describirse como el sistema político en el cual los gobernantes son seleccionados a través del sufragio universal y secreto, en elecciones limpias y periódicas, en las cuales los candidatos compiten libremente por el voto.
Eso presupone la existencia de libertades, de expresión, publicación, reunión y organización, que son requisitos indispensables para el libre debate político y la conducción de campañas electorales.
La democracia, para funcionar razonablemente, debe asentarse en una cultura política en la cual las reglas de juego político sean aceptadas y respetadas, no sólo por los partidos políticos, sino también por las fuerzas sociales más relevantes. Una cultura en la cual los vocablos diálogo, tolerancia, negociación y compromiso sean buenas palabras.
La lucha política democrática es agonal y no existencial, hay adversarios que superar y no enemigos que aniquilar. Las críticas, preferiblemente, deberían ser ad argumentum y no ad personam, ya que el adversario de hoy puede ser el aliado de mañana, dependiendo del tema en cuestión y en función del bien común.
Es a esta democracia, stricto sensu, que se refirieron tanto Winston Churchill en su famoso apotegma: “La democracia es el peor de los sistemas políticos, con excepción de todos los demás”, como Octavio Paz, cuando dijo: “La democracia no es una panacea: es una forma de convivencia, un sistema para que la gente no se mate, para que los gobiernos se renueven pacíficamente y los presidentes entren en el palacio presidencial por la puerta del voto. La democracia nos enseña a convivir y nada más”.
La democracia política para existir, consolidarse y perfeccionarse requiere asentarse en un eficaz Estado de Derecho, un verdadero rechtstaat, que es inherente a la misma y, sin embargo, distinto e históricamente más antiguo que la democracia.

Si consideramos, a manera de ejemplo y a grandes rasgos, la evolución de la añeja y estable democracia británica, veremos que desde la baja Edad Media se fue consolidando, lenta, pero progresivamente, un Estado de Derecho, donde se consagró, entre otras cosas, el imperio de la ley, la “rule of law”, las libertades civiles, las garantías individuales, un poder judicial.
Sólo posteriormente se fue incrementando la participación política de los ciudadanos a través de la ampliación progresiva del derecho al sufragio. Este último proceso, prácticamente, se inició con la primera gran reforma electoral británica de l832 y concluyó con la obtención del sufragio universal, directo y secreto en 1918.
En cambio, la democracia surge en América Latina con el sufragio universal, sin poder apoyarse en el piso firme de un Estado de Derecho.
Ahora bien, ni una democracia razonablemente efectiva ni un Estado de Derecho eficiente, por sí solos, producen el desarrollo socioeconómico; eso dependerá del modelo económico imperante en el país, las estrategias concretas de política económica, educativa, social, entre otros, seleccionadas e implementadas por los gobernantes, la sociedad civil y los condicionamientos provenientes de idealismos y teorías, acciones técnicas.
Carece de sentido confundir o tratar de confundir la democracia política con el desarrollo socioeconómico, lo cual hay que tener muy presente. En nuestro medio es frecuente escuchar que van a democratizar la economía, gente ignorante.
Con esa imagen muy clara y precisa de lo que es la democracia política, los políticos nicaragüenses son ciudadanos de nula o escasa cultura política, por lo general nacen del poder o gobierno, a la sombra de dictadores, caudillos, líderes, servilismos, disidencias o son tránsfugas. El político criollo no nace por sí mismo, lo forman, lo hacen como escultura de barro según lealtades e incondicionalidades los caudillos.
Tradicionalmente hemos vivido entre conservadores y liberales, con pequeñas ramas disidentes por asuntos personales, y algunos minipartidos que han carecido de potencial de desarrollo interno, y que en los procesos electorales se montan en alianzas con los grandes para disimular su insignificancia y pescar algo; solos continuarían en la oscuridad.
Existe una Ley de Partidos Políticos promulgada por el régimen sandinista de los 80 que forma parte de la Ley Electoral, algo insólito, no define lo que es un partido, sólo que los ciudadanos tienen derecho a organizar partidos. Un menjunje, elecciones-partidos, que más se ocupa de controles partidarios para manejar intereses. Esos charlatanes, gritones o críticos de los políticos jamás se han preocupado por cambiar ese relajo, fundar un nuevo orden, porque ocurre que ninguno de ellos tiene popularidad para organizar un partido, lejos del tradicionalismo.
Los partidos políticos son “asociaciones voluntarias, dotadas de personalidad jurídica, formadas por ciudadanos que comparten una misma doctrina política de gobierno, cuya finalidad es contribuir al funcionamiento del régimen democrático constitucional y ejercer una legítima influencia en la conducción del Estado, para alcanzar el bien común y servir al interés nacional”.
Los partidos no son como en Nicaragua, lagunas de pescadores fracasados, hambrientos de dinero. El político no tiene recursos propios, es pobre y vive muy modestamente.
El político criollo no actúa por sí mismo, se maneja con señas o instrucciones del manda más; algunos son gritones, otros primas donas. Algún tema que utilizan para figurar lo repiten hasta el aburrimiento, así el tema Alemán ha pasado años repitiéndose, igual el pacto, ahora va el Cardenal y prematuramente está en el tapete la reelección presidencial.
Existen en el momento tantos problemas de fondo que estarse ocupando de superficialidades es carecer de ideas o talento para luchar por el futuro, nuevas concepciones y no seguir patinando en un pasado que ya está definido y nadie podrá echar para atrás.
Existen ciudadanos que se las pican, y quisieran ordenar al dictador, caudillo, que abandone el cargo o tirar de las orejas para que desaparezca a su solo deseo, como pensaba Trivelli, hasta allí llegan las pretensiones de quienes no conocen el a , b, c, de la democracia política, o que una sociedad política no se gobierna por caprichos, sino con leyes buenas o malas.
Por ocuparse ahora de la reelección de un partido que por rato ha sido minoritario, 35-38% --porcentaje que puede caer--, se están generando muchos resentimientos internos que una elección venidera decidirá; un Presidente que luce con salud quebrantada, y aunque la Constitución lo permitiera, la reelección nunca será automática, y si los votos suponen decidir, es una majadería abrir discusión de no reelección.
Un problema de medio ambiente político es la profunda ignorancia política de los votantes, son tan ingenuos o torpes que se creen la sarta de promesas y cuentos de los candidatos. Un alto porcentaje de votantes no tiene conciencia del valor cívico del voto.
Si los nicaragüenses quisieran conocer quiénes son los principales políticos del medio que están en los poderes del Estado bastaría publicar en los periódicos los currículos vitae de todos y cada uno, sobre cómo dieron sus primeros pasos y por qué ocupan los cargos que tienen. No fue por antecedentes demócratas, o que nos rija una democracia en la forma aquí definida.