Opinión

Invertir en los pobres


La mayoría de la gente cree que al mundo de las finanzas no le preocupa en absoluto el tipo pequeño, toda la gente de bajos y medianos ingresos que, después de todo, aporta poco al saldo final. Las grandes compañías de hoy y los expertos financieros que las conducen --o las compran y las venden-- pueden ser generosos con sus iglesias, sus entidades de beneficencia preferidas y sus familiares y amigos, pero sus vidas profesionales están definidas exclusivamente por la búsqueda implacable de ganancias.
Esa percepción puede ser válida en gran medida, pero no enteramente. Consideremos a Muhammad Yunus, ganador del Premio Nobel de la Paz en octubre pasado. Su Grameen Bank, fundado en 1976 en Bangladesh, le ofreció pequeños créditos a la gente más pobre del mundo, ayudando a sacar a muchos prestatarios de la pobreza. El banco ganó dinero y creció con el correr de los años, e inspiró esquemas de microcrédito similares en otras partes.
Ahora bien, ¿la motivación fundamental de Yunus era el dinero? En entrevistas, revela que, en realidad, lo motivaba una profunda compasión por la situación de los pobres en su país. Su objetivo de crear una empresa de préstamo rentable parece haber reflejado su deseo de creer en la honradez de sus clientes. Intentó generar una ganancia a partir de la microfinanciación para poder demostrar la solvencia de la gente marginada y así poder seguir prestándole.
Paradójicamente, entonces, mientras Yunus perseguía una ganancia, aparentemente no lo hacía por el dinero. Y hay otros dentro del ámbito de las finanzas que tienen motivaciones similares.
Por cierto, la historia de las instituciones financieras para gente de bajos ingresos es, en términos generales, de movimientos filantrópicos o idealistas, no sólo actividades concentradas enteramente en el saldo final. El movimiento cooperativo de los siglos XIX y XX estaba asociado con una larga lista de instituciones financieras y de seguro --que incluía cajas de ahorro, sociedades de construcción y sociedades de ahorro y préstamo-- para ayudar a la gente menos privilegiada.
Este tipo de financiación filantrópica continúa en la actualidad. Peter Tufano, profesor de finanzas de la Escuela de Negocios de Harvard, calladamente ha venido haciendo un trabajo filantrópico con la fundación que creó, Doorways to Dreams, para ayudar a la gente de bajos ingresos a mejorar sus perspectivas financieras. Hasta donde puedo determinar a partir de las charlas que mantuve con él, su intención es absolutamente magnánima. No parece preocuparle ganar dinero para sí.
Según Tufano, el principal problema a la hora de alentar a las personas de bajos ingresos a ahorrar es que necesitan el dinero no sólo para administrar su vida en los años venideros, cuando se jubilen, sino también para resolver las crisis de corto plazo. Pero si los programas oficiales destinados a promover el ahorro de las personas de bajos ingresos no inmovilizan su dinero durante muchos años hasta la jubilación, muchas veces sucumbirán a la tentación y gastarán el dinero de manera frívola.
Tufano aborda el problema con verdadera compasión por esta gente y una idea realista sobre cómo ayudarla: bonos de ahorro premium. Además de los pagos de intereses normales, estos bonos tienen una lotería incorporada, un atractivo para conservar el dinero ahorrado. Es sabido que la gente de bajos ingresos disfruta de las loterías y adquirirá el hábito de esperar las fechas del sorteo y esto la disuadirá de cobrar sus bonos. Pero si surge una verdadera emergencia, puede obtener su dinero.
En realidad, los bonos de lotería tienen una larga historia. En 1694, el gobierno inglés emitió un bono del 10% a 16 años llamado “La Aventura Millonaria”, que anualmente otorgaba premios al azar a sus tenedores. De la misma manera, el gobierno de Harold MacMillan creó un programa de bonos de lotería --llamado bonos premium o “ahorro con emoción”-- en el Reino Unido en 1956. El programa generó polémica al principio: muchos lo consideraban inmoral, por su conexión con las apuestas, pero creció y hoy los bonos premium ocupan un lugar en las carteras de ahorro de 23 millones de personas, casi el 40% de la población del Reino Unido. Suecia también tiene este tipo de bonos, así como otros países.
Sin embargo, si bien estos bonos lograron aumentar los niveles de ahorro en los países que los crearon, no han tenido defensores en Estados Unidos. La estrategia de Tufano para cambiar esta situación es poner a prueba sus ideas en sociedad con las empresas. Lanzó pruebas piloto de cuentas “asociadas a premios” en cooperación con la cooperativa de crédito Centra Credit Union, con sede en Columbus, Indiana. Si el producto ayuda a las familias a ahorrar, Tufano aspira a persuadir a los legisladores de que faciliten el ofrecimiento de este tipo de esquema de ahorro en Estados Unidos.
Tufano es el primero en admitir que algunas de sus mejores ideas para la innovación financiera son muy antiguas, incluso tienen cientos de años. Pueden perderse por un tiempo y, en un principio, hasta pueden sonar extrañas cuando se las redescubre, pero la gente como Yunus y Tufano demuestra que se las puede actualizar e implementar con la ayuda de una promoción desinteresada pero apasionada. Su espíritu inherente de buena voluntad, y la buena voluntad que pueden absorber de otros profesionales financieros, alberga la esperanza de un futuro más luminoso para todos, especialmente para los que más necesitan.

* Robert J. Shiller es profesor de Economía en la Universidad de Yale, principal economista y cofundador de MacroMarkets LLC (ver macromarkets.com) y autor de Exhuberancia irracional y El nuevo orden financiero: el riesgo en el siglo XXI. Copyright: Project Syndicate, 2007.