Opinión

Jon Sobrino condenado por el Vaticano


En 1977 Jon Sobrino escribió su “Cristología desde América Latina”. Eran tiempos de efervescencia teológica y pastoral en nuestro continente. Sobrino en El Salvador, Leonardo y Clodovis Boff en Brasil, Juan Luis Segundo en Uruguay, decenas de teólogos, cientos de catequistas, religiosos (incluyendo un buen número de valientes obispos) construían desde la base eclesial una nueva experiencia teológica y pastoral: la teología de la liberación y su sucedáneo organizativo, las comunidades eclesiales de base. Los vientos del Concilio habían generado, con su potencia transformadora, espacios nuevos en que la iglesia de América Latina se descubría como iglesia de los pobres, iglesia en contra de la pobreza.
Ya para 1982, dos años después del martirio de su admirado pastor y amigo Monseñor Romero, Jon Sobrino intentó dar respuesta a dudas surgidas en torno a su cristología. En el libro “Jesús en América Latina. Su significado para la fe y la cristología”, el teólogo vasco-salvadoreño esclarecía con mayor precisión su aportación fundamental: el significado del Jesús histórico para la cristología. Sobre este libro escribió el también mártir Ignacio Ellacuría diciendo: “Este nuevo libro de Jon Sobrino dice, de forma más precisa y elaborada, que Jesús es Dios, pero añadiendo inmediatamente que el Dios verdadero es sólo el que se revela histórica y escandalosamente en Jesús y en los pobres, los cuales continúan su presencia.
“Sólo quien mantiene tensa y unitariamente esas dos afirmaciones es ortodoxo --continúa diciendo el mártir-- y sólo quien historiza adecuadamente esa unidad, que va más allá de lo definido en Calcedonia, puede hacer vivo y eficaz entre los hombres de hoy al Jesús muerto por nuestros pecados y al Cristo resucitado por nuestra salvación. Jon Sobrino ha podido hacer esto porque vive y hace lo que piensa y, a su vez, piensa lo que vive y lo que hace el pueblo de Dios… en ese lugar privilegiado de manifestación histórica del Dios de Jesús que son las mayorías oprimidas del Tercer Mundo”.
Ya en 1991, en un nuevo balbuceo teológico (porque como afirmara Bonhoeffer: “Hablar de Cristo, significa callar”), Jon Sobrino escribe “Jesucristo Liberador”, un nuevo ensayo de lectura histórico teológica de la persona de Jesús de Nazaret. Pocos teólogos tan obsesionados por penetrar el misterio de Jesús como Jon Sobrino.
Sobrino, nacido el 27 de diciembre de 1938 en Bilbao, viajó a El Salvador en 1957. Ha cursado estudios de ingeniería en la universidad jesuita de San Luis, en EU, y teología en Alemania. Regresó a El Salvador como profesor universitario de Teología. Fue confundador de la Universidad Centroamericana (UCA) y ha sido un prolífico autor que, a más de sus contribuciones cristológicas, incursionó en la espiritualidad de liberación.
Se ha filtrado ahora a través de los medios de comunicación que el próximo jueves la Congregación de la Doctrina de la Fe sancionará a Jon Sobrino por “falsear la figura del Jesús histórico al subrayar en demasía la humanidad de Cristo, ocultando por el contrario, su divinidad”, según informa el corresponsal religioso José Manuel Vidal. Ya desde mis años de seminario la discusión sobre la significación del Jesús histórico para la cristología era un asunto candente. Los avances de los estudios bíblicos causaban, en muchas mentes cerradas, un miedo casi ilimitado. Pero los aires del Concilio Vaticano II invitaban a pujar por la renovación total de la iglesia a pesar de las tendencias conservadoras que confabulaban en secreto. Recuerdo a mi entonces maestro de Teología, el hoy obispo Lázaro Pérez Jiménez, exhortándonos a incursionar en los terrenos de la teología de la liberación en nuestros trabajos escritos o, al menos, a no dejar de tomar en cuenta sus aportaciones. Desde entonces, estudiar a Jon Sobrino nos ayudó a situarnos de una manera nueva delante del Jesús histórico.
Si la causa de la condena de Sobrino es la mencionada por el José Manuel Vidal, mal camino llevamos. La humanidad de Jesús es el único camino posible para llegar a su divinidad. Lo refiero en un folleto que ha visto la luz en los Estados Unidos editado por Loyola Press y que lleva por título “Pasión por el Reino de Dios”. En el texto recién publicado afirmo: “Quizá una de las razones por las que tememos enfrentar las causas por las cuales Jesús fue llevado a la muerte, es que casi siempre miramos a Jesús desde su divinidad, y no desde su humanidad. Pensar a Jesús a partir de su divinidad nos causa muchos problemas, porque una vez que establecemos que Jesús es Dios, nos cuesta mucho trabajo encontrar un espacio para que también sea hombre. Una vez Karl Rahner, el más influyente teólogo jesuita del siglo XX, dijo que si pudiéramos ‘abrir las cabezas’ de los creyentes, para ver cómo creen en realidad, hallaríamos que muchos de ellos tienen una fe en Cristo inconscientemente monofisita. Es decir: una fe en la que la divinidad de Jesús se come a su humanidad, o le hace sombra. Y es que los primeros discípulos y discípulas de Jesús obraron diferente. Ellos se encontraron con Jesús, quedaron fascinados por su manera de hablar y de vivir, fueron entendiendo paulatinamente cuál era el núcleo de su mensaje liberador, se sintieron amados por Él. Es este encuentro humano con la persona de Jesús el que los llevó, más tarde, a confesar que era Hijo de Dios”.
Aunque no haya término de comparación, afirmo lo mismo que se denuncia como causa de la condena del teólogo salvadoreño. Me temo que si condenan a Jon Sobrino, tendrán también que condenarme a mí.