Opinión

Hugo & George


América Latina y el Caribe se han convertido en campo de batallas, presenciales, retóricas y mediáticas, entre dos poderes geopolíticos y económicos: el de los Estados Unidos de América, encabezado por su presidente, Mr. George W. Bush, y la República Bolivariana de Venezuela, comandada por su presidente, el coronel Hugo Chávez Frías. Es el penúltimo round entre las altisonantes retóricas de la derecha y la izquierda continentales y la cosa no puede ser más divertida si se tiene un mínimo sentido del humor. El espacio geográfico regional es el ring donde un contendiente aparentemente agresivo y aventado sigue al otro por la amplia geografía nuestra, persiguiéndolo, recordándole su derrota, su presencia non grata por estas tierras, pasándole las innumerables facturas que los Estados Unidos le debita a América Latina y volándole uno que otro tarascazo emponzoñado. Cuidado don Hugo, que comer cadáveres es malo pa’ la panza, y como dijo Rius, la panza es primero.
Después de la desaparición de la guerra fría en el mundo y la aparición de las guerras declaradas por un poder que se creyó unipolar, en nuestra región no habíamos visto tan debilitado el poder de un Presidente de los Estados Unidos, ni tan engallotado a un mandatario latinoamericano. Será la pobreza, pero ni Fidel, ni Allende, ni los 10 jinetes sandinistas le hicieron una alharaca tal al imperio y esto que teniendo muchas más razones históricas que Chávez. Poderoso caballero es don dinero, pero más poderoso es don petróleo. Contando con las principales reservas mundiales de crudo, el comandante Chávez puede perseguir el Air Force Number One alrededor de la bolita del mundo y todavía le queda gas. Bush en la sin remedio no le ha quedado de otra que posar de niño bueno, preocupado por establecer alianzas estratégicas con poderes responsables como el de Lula en la primera potencia latinoamericana, Estados Unidos do Brasil.
Tal y como está el ajedrez geopolítico mundial --caracterizado por el empantanamiento de los Estados Unidos en Irak, el descollar emergente de nuevas potencias económicas, las amenazas a la seguridad global propiciadas por el terrorismo y el narcotráfico, el aumento de la pobreza y la profundización de la brecha entre ricos y pobres, sean éstos, gentes o países, etc.--, es comprensible la tardía preocupación por parte de los Estados Unidos de América por Iberoamérica. Nuestro espacio geográfico regional, queramos o no, siempre será parte del espacio vital y de seguridad para la primera potencia militar mundial, ahora en decadencia, como lo es Estados Unidos.
Esa decadencia que vemos revelarse a pasos acelerados se pudo haber diferido en el tiempo, si América Latina hubiera conquistado su desarrollo económico sostenible con el apoyo real de un socio solidario como pudieron haber sido los EU. Pero la verdad es que el capitalismo entiende de ganancias pero no de seguridad hasta que está con el agua al cuello o más bien con la sangre al cuello cuando su política de big stick y cañoneras le ha fallado. Ahora a George sólo le queda llorar sobre la leche derramada y soportar a un energúmeno como el comandante Chávez que lo siga alrededor del mundo cantándole sus cuatro verdades. Y como las lágrimas de Bush probablemente sean de napalm, al calor de ellas, la leche derramada se convierte en requesón. Algo más aromático y saludable que la tufalera de los miles de muertos calcinados por los ataques genocidas de Estados Unidos en Irak.
Lo malo de esta batalla de loco suelto contra dundo amarrado es que nos estamos involucrando como vil marioneta en el vodevil y eso no es saludable para un país pobre, atrasado y dependiente como el nuestro. Al final no es nuestra batalla retórica: Fidel libra su guerra, Chávez la suya, Evo la suya y nosotros debemos librar la nuestra. Al concluir los períodos los dirigentes se van, hay cambios de gobierno y los clavos les quedan a las futuras generaciones que no han tenido mucha vela en el entierro. Y no afirmo lo anterior porque le tema a un imperio decadente --ningún hijo de Sandino (el único que militarmente ha derrotado a los marines en el continente) puede sentir miedo, aunque las fieras heridas son más peligrosas--, sino porque a esta altura del desarrollo político y de la complejidad de las relaciones internacionales, la negociación, la apertura de espacios y la convivencia geopolítica son las únicas posibles y plausibles.
Sencillamente no veo cómo los programas de Lula da Silva para Brasil o los de Michelle Bachelet para Chile se hayan visto afectados por los tratados y convenios establecidos con el imperio yanqui. Claro, me dirán ustedes, es que esos señores pragmáticos no están haciendo una revolución social y Chávez sí. Y ese, les digo con toda franqueza, es un problema de Chávez. La revolución mundial tal y como la soñaron los troskistas está fuera de orden, tiempo y espacio. Hay revoluciones particulares hijas de la tesis stalinista de revolución en un solo país que inevitablemente algún día dejarán de ser revoluciones. Para mí entre las particulares que quedan, la revolución cubana y el estilo de Fidel, menos altisonante y menos retórico, poseen transformaciones más profundas, socialistas, firmes y definitivas que cualquier otro experimento hecho en el continente después de la revolución agraria mexicana.
¿Pero nosotros los nicasios? ¿Acaso votamos por una revolución social? No lo pienso así, ni nadie lo cree así. Por nuestra histórica debilidad económica producto de la despiadada colonización española, de la explotación y agresión imperialista y nuestra sempiterna corrupción, aunque este gobierno tenga el imprescindible apoyo de la Venezuela Bolivariana de Chávez, no estamos para ser marionetas de nadie y quedar atrapados en un fuego cruzado, donde ninguno de los dos contendientes tiene garantizada la continuidad vital. Unas cucharaditas de prudencia no nos vienen mal. Dama y caballero, no hay que darse prisa para llegar al infierno.