Opinión

El inmigrante ilegal


El mercado estadounidense todo lo puede, la plata es la hacedora de cualquier cosa que sea conocida como mercancía y que incluso irrespete la dignidad de todos aquellos que llegan de forma ilegal a los Estados Unidos; tal es el caso de los inmigrantes, es el espectro del racismo, es la mentalidad anquilosada del Destino Manifiesto, en donde la sociedad algún día debía y tenía que rendirse a los designios de ideas trasnochadas y lejos de todo país que se dice civilizado.
En primera instancia surgió en los tragamonedas, casinos o juegos de carácter virtual, donde se perseguía y se cazaba como a cualquier presa; el cine no se ha quedado atrás y en varias películas nos ha mostrado cómo es que nos ven y tratan a pesar de que son precisamente ellos, los inmigrantes ilegales, quienes logran sacar la cara resolviendo el trabajo que el mismo empresario estadounidense no retribuye de la manera esperada, pues además que es empresario, es un evasor de responsabilidades muy serias en el tributo gringo.
La sociedad estadounidense vive engañada por la mayoría de los medios de comunicación, los cuales jamás ponderan o critican que esos millones de trabajadores son en efecto producto de las macabras medidas neoliberales que sólo dañan la economía de los países del tercer mundo, en donde el gran capital en contubernio con los oligarcas invierten un dólar y se llevan cinco.
Al país no le dejan nada, sólo salarios miserables que están bien alejados de lo que se conoce como la canasta básica; es el sueño americano una quimera, pues quienes se van no pueden regresar jamás por la vía civilizada simple y sencillamente porque siempre están en estado de ilegalidad, ya que el sistema se encarga precisamente de mantener ese tipo de desprecio y desajuste a la dignidad humana.
Ya no es sólo la máxima de alerta por el terror, también es la oportunidad de tenernos como conejillos de laboratorios, pues a la hora en que se les ocurre inventan el juego más cínico e irrespetuoso. No somos humanos para ellos, tan sólo ápice del más injusto de los tratos, y eso que cuando alguien llega a Nueva York se alegra porque se puede apreciar una estatua con una antorcha que jamás se ha encendido y es tan fría como la conciencia de los simpáticos jóvenes que no tienen capacidad para poder encontrar otro tipo de diversión que no sea el de acosar, para luego, al convertirse en hábito, exterminarnos.
El peligro es inminente, pues cuando se está frente a un sector de la sociedad que no puede pensar por sí mismo y que no produce nada para el beneficio de la nación es una sociedad aislada, sin metas y objetivos que la puede llevar a convertir en el futuro en una sociedad apagada, sin principios, obcecada y alejada de su propia esencia, como es su propia libertad; es decir que ellos mismos están inhibidos de poder decir y hacer lo que más les conviene.
Docente Honorario UNI