Opinión

Megacapitales en Nicaragua


En los últimos dos años se han publicado varios libros sobre la conformación y el papel de los grandes capitales en Nicaragua: “25 años después (1979-2004). De los comandantes a los banqueros”, “Elecciones 2006: La Otra Nicaragua Posible”, “La Oligarquía en Nicaragua” y “Megacapitales en Nicaragua”, en donde se demuestra que el enriquecimiento extraordinario de las elites empresariales se produce como producto de las políticas neoliberales a través de los siguientes mecanismos: corrupción, exoneraciones de impuestos, evasión fiscal y las privatizaciones a precio de “guate mojado”.
Estos libros nos demuestran que mientras los desterrados por las políticas neoliberales nutren cada vez más la economía nicaragüense con los dólares de sus remesas (mil millones de dólares en el año 2006 y cerca de cinco mil millones de dólares entre 1990 y 2006 ha recibido Nicaragua de sus emigrantes), el exclusivo grupo de los millonarios que controla el país, que de Nicaragua ha hecho su propia empresa, ha extraído buena parte de sus utilidades obtenidas aquí para invertirlas en el extranjero y formar grupos económicos regionales.
De acuerdo con los datos proporcionados por los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericanos de Desarrollo (BID), las finanzas del Estado de Nicaragua dejaron de percibir, en el año 2006 por los mecanismos señalados, la cantidad 850 millones de dólares que fueron a parar a los bolsillos de los millonarios.
Si calculáramos que en promedio las finanzas del Estado de Nicaragua han dejado de percibir (por corrupción, exoneraciones, evasión fiscal y privatizaciones), en promedio, la cantidad de 800 millones de dólares anuales en los últimos 17 años, significa que el país ha perdido la cantidad de 13,600 millones de dólares, equivalente a 10 años del presupuesto de 2006 y ha permitido formar, fortalecer y consolidar los megacapitales.
En los últimos 17 años (1990-2006), las políticas neoliberales se han centrado en los sectores de lujo y en las actividades financieras en lugar de procurar la modernización de los sectores generadores de empleos, como el agrícola y la pequeña y mediana industria.
Para el universo de trabajadores nicaragüenses se agudizó la precarización y fragilidad de sus condiciones laborales en los últimos 17 años. Dos tercios de los empleos generados durante los últimos años correspondieron a plazas en las que sus ocupantes aceptaron trabajar sin ninguna prestación social. Del total de puestos de trabajo creados en el quinquenio de Enrique Bolaños, el 62 por ciento carece de prestaciones sociales, lo que evidencia de manera contundente el acentuado proceso de precarización del empleo en Nicaragua.
La precarización del empleo se ha agudizado de tal manera que más de la mitad de los trabajadores labora sin contrato, lo que los deja en una situación vulnerable frente al patrón y sin seguridad social. El modelo económico vigente tiene ganadores y perdedores. Por un lado los multimillonarios nicaragüenses obtuvieron una tasa de ganancia 18 veces mayor que el crecimiento de la economía, al concentrar millones de millones de dólares en pocas familias. Además, el mantenimiento del actual modelo de desarrollo no deja mucho espacio para la esperanza de una mejora en los niveles de vida de las mayorías de Nicaragua.
Las políticas implementadas por los gobiernos neoliberales (Chamorro, Alemán y Bolaños) permitieron la conformación de los megacapitales en menos de dos décadas. El milagro económico neoliberal sólo ofrece buenas noticias para un pequeño grupo de oligarcas súper ricos, mientras casi todo el resto de la sociedad sufre el deterioro de su nivel de vida y bienestar económico. La corrupción, las exoneraciones, la evasión fiscal y las privatizaciones han devorado todo el crecimiento económico en beneficio de las elites, mientras la situación se ha agravado para el 80 por ciento de la población empobrecida.
Todo lo anterior es característico de un modelo que fortalece la concentración del ingreso, la estructura tributaria que prevalece en Nicaragua ha provocado que los millonarios paguen cada vez menos impuestos por sus crecientes ganancias, mientras que los trabajadores, afectados por un proceso de precarización de sus condiciones laborales, mantienen constante su aportación al fisco. A la vuelta de una década y media, mientras las ganancias empresariales han encontrado cada vez mayor espacio en la economía, el Fisco no recibe tales dividendos.
El sistema tributario nicaragüense, con múltiples regímenes especiales, exenciones y sistemas de consolidación abre espacios a la elusión y evasión fiscales a conglomerados que pueden pagar complejas ingenierías financieras para no cumplir con sus tributos. Es obvio quiénes pueden pagar esas complejas ingenierías financieras, son los Megacapitales (12 familias) y los millonarios (aproximadamente 1,500 personas).
La publicación del libro “Megacapitales en Nicaragua” demuestra que la gente ha empezado a percatarse de que la fortuna de las 12 familias más adineradas proviene del éxito que han tenido al forjar monopolios que difícilmente ayudan a la economía nicaragüense y a los consumidores del país. Nicaragua es un país de campesinos que exporta emigrantes y lavaplatos mal pagados.
Las familias que poseen los megacapitales son la quintaesencia del mayor problema social de Nicaragua: la escandalosa brecha entre ricos y pobres. Hoy la riqueza y el poder económico del país siguen concentrados en un reducido número de clanes, conocidos como “las 12 familias”, aunque en realidad el número es un poco mayor. La mayoría de ellos vive en frondosos enclaves de grandes mansiones detrás de elevados muros y cercas electrificadas. Se trasladan en los más modernos autos importados; tienen guardaespaldas para protegerse del riesgo de un secuestro y frecuentemente abordan aviones privados para hacer extravagantes viajes de compras a Estados Unidos.
Todos los megacapitales se beneficiaron del fracaso de sucesivos gobiernos neoliberales en promover una competencia real en las principales industrias del país. Nicaragua está plagada de obstáculos a la competencia. Está llena de monopolios privados y cuellos de botella. Un país como Nicaragua, con una distribución tan inequitativa de la riqueza, necesita una regulación mucho más estricta para promover más competencia.
La ubicuidad de los negocios de “las 12 familias” ha llegado a tal punto que prácticamente ningún nicaragüense pasa un día sin dejar algunos de sus pesos arduamente ganados en los bolsillos del empresario, ya sea que llame por teléfono, se conecte a Internet, se tome una cerveza, contrate un seguro, solicite un préstamo hipotecario, coma en alguno de sus restaurantes o adquiera discos en alguna de sus tiendas.
En la actualidad es sólo y exclusivamente el volumen de riquezas poseído el principal, y casi único, referente de clase social. Se han modificado los parámetros hacia una mercantilización o materialismo social. Es decir se ha producido un verdadero transvase de poder desde la Pirámide decisoria o también llamada política a la Pirámide económica. El verdadero poder ya no lo detenta la clase política, sino que lo ejerce la clase económica a través de la formación de la opinión y a través de la “manipulación” de los profesionales de la política.