Opinión

Limpia, brilla y da esplendor

“De las academias líbranos Señor” Rubén Darío

Siempre lo fue y lo sigue siendo con el actual pontificado. La flagrante Academia Nicaragüense de la Lengua es un aparato ideológico que reproduce las cosmovisiones y valores de nuestra oligarquía, y los proyecta socialmente convirtiéndolos en parte del sentido común dominante. Para el ejercicio de esta función, el pontificado reinante ha adoptado como estilo la organización de escándalos mediáticos cada cierto tiempo. Recuerdo el escándalo precedente.
Jorge Eduardo Arellano se pronunció solemnemente sobre la virilidad heterosexual de Rubén Darío, rechazando como ofensiva para nuestro patrimonio cultural cualquier duda a este respecto. También afirmó que ningún poeta nicaragüense que mereciese el adjetivo de grande había sido o podía ser homosexual. En todo caso, aclaró que esta desviación pudo haberse dado entre un estamento artístico de más baja jerarquía, como el de los pintores.
Además del machismo homofóbico, otra idea–valor muy cara para nuestra oligarquía es el nacionalismo usacéntrico, que ha sido objeto de una ardiente defensa en el último alboroto mediático montado por la Academia. El nacionalismo usacéntrico o chovinismo oligárquico es la forma histórica de manifestación nacionalista que han adoptado las oligarquías latinoamericanas y la nicaragüense en particular. Su naturaleza radica en la búsqueda de una identidad, afirmándose en el conflicto con los pueblos y estados latinoamericanos; mientras se conserva una obsecuencia servil y anulación identitaria, frente a la dominación imperialista usamericana y de los países capitalistas centrales.
El chovinismo oligárquico ha sido históricamente la antípoda de la afirmación nacional que han buscado los pueblos, rescatada desde Bolívar hasta el Che, por una larga lista de intelectuales–actores políticos y dirigentes populares latinoamericanos. La esencia del nacionalismo popular antioligárquico y antiimperialista la resume José Martí en Nuestra América: la solidaridad y unión de los estados latinoamericanos con base en su mestizaje cultural compartido, como medio para detener la dominación imperialista y abrirle viabilidad a los proyectos nacionales.
En Nicaragua, los padres del nacionalismo antioligárquico y antiimperialista han sido Rubén Darío y Augusto Sandino. Conscientes de dónde provenía la verdadera dominación que ha castrado nuestra historia, siempre se consideraron nicaragüenses-latinoamericanos o latinoamericanos–nicaragüenses. Siempre abogaron por la solidaridad y unión de los pueblos de nuestra América como insoslayable necesidad para afirmarnos como nación.
Ya en 1904, Darío nos prevenía sobre las agresiones que sufriría nuestro pueblo en el curso del siglo XX: “Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena...”. Como respuesta a la dominación que se nos venía encima, rescataba la necesidad de poner fin al desastroso espíritu balcanizante de América, la nuestra: “Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos; formen todos un solo haz de energía ecuménica”.
Por su parte, Sandino, en cuanto revolucionario, consideraba que la patria por la que luchaba tenía por fronteras América Latina. Esta patria se encontraba amenazada por el imperialismo de Estados Unidos, que trataba de mantener las divisiones entre los países atizando los conflictos de límites, para que continuase dividida y resultase fácil colonizarla. Resumía su identidad patriótica con una frase categórica: “Sandino es hispanoindio y no tiene fronteras en América Latina”.
En la coyuntura presente, Hugo Chávez es el actor político latinoamericano que con mayor consecuencia y valentía defiende e impulsa las ideas–valores que defendieron Darío y Sandino. Que Daniel Ortega regale a Hugo Chávez unos manuscritos donde Darío evidencia su admiración por Bolívar no es otra cosa que un acto de simbolismo político que afirma y promueve la herencia del auténtico Darío, muy distinto del monigote que se han inventado la oligarquía y su Academia.
Enrique Bolaños, en una ceremonia de escarnio grotesco a la memoria de Darío, impuso la Orden Cultural Rubén Darío a la esperpéntica Kirkpatrick, verdadero icono de la dominación imperial sobre nuestro pueblo. El pontífice y su Academia, modositos y pulcros, en ese momento callaron y no emitieron ni un susurro. En contraste con esa actitud, hoy montan la correspondiente escandalera en complicidad con las grandes empresas mediáticas.