Opinión

Inmoralidad de empresarios financieros


Estas notas se refieren concretamente a operación de valores conocidos como Cenis, pero sin entrar al laberinto de cifras, las que básicamente ha despejado muy bien el Lic. Avendaño, sino a principios, a la calidad moral, honorabilidad de algunos empresarios financieros.
Existen, sin duda, puntos de vista diferentes porque se vive en una sociedad en extremo polarizada, dominada por intereses y conflictos que generan confusiones, y los asuntos sencillos los convierten en complejos. Mi apreciación es técnica, derivada de mi experiencia y raciocinio.
Los Cenis, al final, protegieron a ricos y deudores ladrones y están chupando la sangre a los pobres al tomar recursos provenientes de impuestos en el Presupuesto que debería destinarse al rescate social de millones de nicaragüenses. Es determinante precisar un orden de responsabilidades para dejar los temas claros y no perderse en el juego de artificios de mafias.
Los bancos comerciales son sociedades anónimas privadas, totalmente privadas, únicamente vigiladas por la Superintendencia de Bancos. La autoridad máxima es su Asamblea de Socios, siguen en mando su Junta Directiva y equipo ejecutivo. Es el grupo el que tiene la principal, la primerísima responsabilidad con los accionistas por la dirección y administración de la institución. Si falla la administración, perjudica a todas aquellas personas que confiaron sus negocios financieros a grupos que se creían honorables, pero resultó que no lo eran.
Sus negocios son de su absoluta decisión y responsabilidad. El banco los autoriza libremente, las utilidades son exclusivamente de su beneficio, suponen tener reservas y capital, y si quiebran es su problema, no es del Estado ni del Banco Central. La responsabilidad única de la administración privada es de esos superiores que se llaman banqueros.
Los depositantes eligen libremente su institución bancaria para confiar sus depósitos y otros negocios. Un banco supone ser el mejor consejero de sus clientes.
El segundo grado de responsabilidad corresponde a la Superintendencia de Bancos, vigilante por ley del sistema bancario. La ley contiene un proceso de vigilancia en etapas de la buena marcha de los bancos; cuando detectan malos manejos, dan muestras primarias de manejos indebidos, incumplimientos o violaciones, deben seguir un proceso hasta llegar a la declaratoria de quiebra. Nunca se conocieron observaciones sobre deficiencias u operaciones sospechosas de parte de la institución de vigilancia.
Es sorprendente que pocos días antes de la quiebra de Interbank, por ejemplo, éste publicó una página completa en diarios de la capital farsanteando de sus grandes logros y solidez de la institución y al poco tiempo quebró. ¿Cuál fue el mensaje?, la Superintendencia pasó de noche. Eso quizá sólo lo conocieron quienes estaban en el secreto, la quiebra estaba caliente.
La responsabilidad de la Superintendencia fue muy grande, su ineficiencia llevó a esta trama de los Cenis, que marcó de negro la historia financiera. Dos aspectos cabe señalar:
El Superintendente lo nombra la Asamblea Nacional, ¿qué saben estos diputados de asuntos técnicos financieros?, nada, por lo que carecen de capacidad para nombrar un Superintendente con la capacidad técnica necesaria. No existe tampoco una forma sistematizada, regular de informar a la Asamblea sobre la buena marcha del sistema bancario; aunque de nada serviría porque no entenderían tampoco.
Existe la impresión que nombrando la Asamblea a algunas personas para cargos técnicos es una garantía de que los asuntos marchen bien. Éste es un craso error, pues no hay que confundir la politiquería con la necesidad de la buena marcha de algunas instituciones. La Asamblea nombra y después se olvida, no es garantía de seguimiento y buena marcha.
Segundo, la Superintendencia requiere de un personal altamente calificado para el análisis financiero, de experiencia, no contadores que tienen características de trabajo muy propias para una función de supervisión y análisis. No se trata de establecer simples relaciones matemáticas o contables, y así lo explica con mucha claridad el caso del Interbank, lleno de trucos que jamás descubrieron.
Por algunas informaciones que se filtraron y el análisis del Lic. Avendaño las brechas asumidas irregularmente por el Estado indican que el manipuleo es una vergüenza para una institución fiscalizadora, que al momento de la quiebra no presentó posiciones claras de los bancos quebrados, peor que el último Superintendente abandonó el cargo y huyó del país.
Si los estados básicos no marchan día a día, si se atrasan, si las cifras son falsas, si la auditoría interna es inoperante, si existen argollas entre superiores, un banco en el tiempo llega a quebrar, porque ninguna institución bancaria quiebra de un día para otro. Si esto llega a ocurrir es porque se han ocultado informaciones y en el banco existen mafias de directivos a ejecutivos principales, y que el supervisor, la Superintendencia de Bancos, desconoce por incapaz.
Está organizada y funciona una Asociación de Bancos o banqueros integrada por todos los bancos comerciales, ¿cuál es su función social? ¿Se preocupó por la crisis, por el prestigio, buen nombre del sistema bancario nacional? ¿Acaso fue solidaria? El nombre es rimbombante, pero a la hora de la hora, se hacen los suecos. En el caso de las quiebras, como asociación se ha mantenido al margen, como cusucos, sin un mínimo aporte.
Como Chespirito apareció el Gobierno, el Banco Central y un nervioso Superintendente de Bancos en una sorpresiva conferencia de prensa, anunciando la quiebra del Interbank, muy evidente de carácter político y clerical por los intereses involucrados. De forma básica en dicha conferencia se alegó que había que mantener la confianza en el sistema bancario, lo que no hizo la Asociación de Banqueros, y evitar una corrida, había que salvar una catástrofe financiera nacional surgida del robo.
El Presidente de la República y el Banco Central se volaron las trancas y allí dieron garantías por sí y ante sí de que todo se resolvería, sin tener las autorizaciones legales previas. ¿Por qué el Gobierno y el Banco Central hicieron frente a una situación de dinero perdido por robo?
Se ha informado a la opinión pública lo que se ha querido, la información se protegió con el sigilo bancario, así protegieron a ladrones, quedando la verdad en la oscuridad, secreto sellado.
Las Juntas Liquidadoras resultaron una vergüenza, integradas por un círculos de empleados bancarios; mandaron pagar deudas, no depósitos, al BCIE, FNI, Tower Bank, Dresdner Bank, Profundo, Banco Alemán Platina, Hamilton Bank y Visa, que en todo caso como deudas debieron quedar para el fondo común en la liquidación final. Claro que los miembros compinches de quienes les nombraron se embolsaron sus buenos millones de dólares, no siendo las personas idóneas, honorables para una función tan delicada, que obligaba excesiva transparencia.
El gobierno nada tenía que hacer ni comprometerse en el robo de quiebras. El Banco Central tampoco, técnicamente los procedimientos para mantener la estabilidad monetaria se vinculan a instrumentos técnicos de auténtica banca central y no a robos vinculados, además, con políticos ni a gente de la mafia de negocios sucios, así lo mostró la porquería del Interbank.
El dinero robado fue gastado o invertido en su tiempo, ejerció un primer efecto en la economía, y al echarlo de nuevo al circuito de la actividad económica con el pago de los Cenis, se afecta la estabilidad que tanto dicen proteger.
En la estructura legal definida arriba, ni el Estado ni el Banco Central, en asuntos de robos y mafias, tiene vela en ese entierro, cada uno tiene su marco y funciones bien definidas.
Es un infortunio que la politiquería y muchos políticos sucios no respeten las leyes ni las instituciones, y que los profesionales carezcan de ética y valores, prefiriendo renunciar antes que llenarse sus manos de...