Opinión

La otra cara del desempleo


“a mí me llaman el negrito del batey, porque el trabajo para mí es un enemigo,
el trabajar se lo dejo todo al buey,
porque el trabajo lo hizo Dios como castigo…”

La Sonora Matancera

En nuestro país, al igual que muchos otros que luchan en contra del hambre, el tema principal de esta causa es el desempleo. Definitivamente que todos estamos convencidos sobre el efecto que causa este flagelo, el actual gobierno incluso no sale de su enredo acerca de la estrategia que debe seguir en la forma de erradicar el hambre hasta llevarla al grado cero, seríamos el primer país en el mundo que logre este objetivo, sin embargo, al parecer los argumentos del principal ideólogo de este proyecto parecieron no convencer al Presidente de la República, y eso provocó la degradación tanto personal como del proyecto antes mencionado.
Creo que existen libros completos acerca de este tema, son centenares de organizaciones que luchan por conseguir empleos dignos a todos los seres humanos que están urgidos de una fuente de ingreso, se han volcado millares de esfuerzos en estos proyectos, sería retórico de mi parte seguir escribiendo sobre esto, pero esto es apenas una cara de la moneda, la otra es aquella de la que no habla ningún organismo, persona o institución alguna, en este caso la pregunta obligatoria es, ¿y aquellas personas que por voluntad propia no quieren trabajar? Efectivamente hay gente que no quiere trabajar.
Esto trae como consecuencia la revisión de las estadísticas oficiales, me parece que en las encuestas no se pregunta esta posibilidad real y efectiva, creo que se puede analizar este fenómeno desde varios puntos de vista.
Son comunes en nuestras ciudades los anuncios de “se necesita empleada”, “se necesita cocinera”, etc., etc., etc., de los más variados anuncios hasta los más raros oficios se publican en puertas, ventanas, carteles y clasificados de los periódicos, sin embargo, ¿cuántos se presentan a querer ocupar esos puestos de trabajo? Parecería mentira, pero pocas personas se presentan a estas plazas de trabajo. Si bien es cierto que no son trabajos calificados profesionalmente, los aspirantes tampoco tienen que poseer una calificación profesional para desempeñar tan nobles papeles, ese no es problema; es una cuestión de voluntad, no para trabajar sino para no trabajar; estas personas le dieron una tremenda puñalada al trabajo hace algún tiempo.
A mi juicio son varios los factores que pueden desencadenar este tipo de actitudes contrarias a la actividad laboral, entre ellas podemos señalar:

a) Problemas emocionales
Hay personas que al verse desvalidas o incluso que hayan sido objeto de un despido, sufren una tremenda depresión y se sumergen en un mundo donde las cosas más cotidianas se convierten en actividades nada motivadoras, es más fácil no hacer nada que intentar siquiera emplear su tiempo en la búsqueda de nuevas oportunidades de trabajo; en este tipo de depresiones influyen los aspectos de baja autoestima que hace perder en definitiva la perspectiva de una superación personal en donde el elemento laboral sea la única posibilidad de desarrollo; dependiendo de la gravedad de esta depresión la persona será capaz de salir de ese hueco individual, en otras palabras, depende de la voluntad de querer superar este problema y ver el trabajo como una vía para solucionar su crisis.

b) Los beneficiarios de las remesas familiares
Son miles los nicaragüenses que han abandonado su patria para buscar un empleo más remunerado y hacen el sacrificio de dejar todo atrás para apoyar a sus respectivas familias, desde que empiezan a trabajar empieza un flujo de recursos llamados remesas familiares, y que consiste en el envío periódico de cantidades de dinero, las que servirán para suplir aquellas necesidades que con los ingresos ordinarios de estas familias sería imposible subsanar.
Desde el mismo momento que estas familias son beneficiadas por el trabajo de sus seres queridos pueden suceder dos cosas, la primera es que el dinero recibido se convierta en una fuente de ahorro y de acuerdo a lo acumulado se invierta en construcciones, estudios o cualquier otro objeto suntuario que siempre soñaron tener en sus casas.
El otro escenario es que la familia o las personas en edad de producir se echen a la calle de los mantenidos, aquellos que ya trabajaban renuncian a sus labores, y quienes no habían hecho el intento de trabajar se entrenan en estirar la mano y practicar la firma para ir a retirar el dinerito que le llega quincenal o mensualmente; se vuelven unos atenidos a lo que produce el que se encuentra reventándose la espalda en el extranjero. Se vuelve una distorsión de los valores y una falta de estimación para aquellos que hacen el sacrificio de privarse de muchos lujos con tal de mandar algo a sus hogares, es frecuente ver en los diferentes barrios aquellas familias completas que no hacen nada más que esperar el billete verde para poder comer.

c) Los que salen a buscar trabajo rogándole a Dios no hallar
Éstos son los más descarados de todos, podemos hacer muchos análisis acerca de las causas de sus actitudes ociosas, pero creo que lo podemos resumir en una sola frase: ¡No les gusta trabajar! A como les comentaba al inicio del artículo, muchos llegan a los lugares donde se ponen los anuncios, hacen la bulla, entran a la casa, preguntan el salario, llegan a acuerdos, y al día siguiente ya no se aparecen, y ese día que no asistieron se están quejando con el vecino de al lado que está difícil la situación económica y que cuesta encontrar trabajo, ¡estamos claro de semejante degenere! Me comentaban unos amigos hacendados que hasta en el campo están teniendo problemas para encontrar jornaleros, ya muchos no quieren ser campesinos, como si la labor campesina fuera algo degradante; es más, a estas personas que odian el trabajo a muerte les es inaceptable que uno les pregunte si ya encontraron trabajo, si uno hace esa pregunta ya se convirtió en enemigo eterno de ellos.
Pero lo más crítico es la desvalorización del trabajo, la pérdida del espíritu de lucha que ha caracterizado al pueblo nicaragüense, la población debe entender que ya no vendrán mas piñatas aunque se las hayan prometido en campañas electorales, hay que entender de una vez por todas que el que no trabaja, no come.

León, marzo de 2007