Opinión

Tasas de interés


Dicen los funcionarios de los bancos privados que durante el último año han tenido que hacer revisiones o actualizaciones de las tasas de interés de los préstamos que han otorgado. Revisiones que se han traducido en aumento de dichas tasas, no en su disminución.
Por ejemplo, si usted hace un año obtuvo un préstamo para comprar una casa a una tasa de interés del 9%, actualmente esa tasa se ha incrementado hasta 9,6%. Sin soslayar que el préstamo fue otorgado en dólares (moneda que no es nacional), por lo cual usted debe pagar mensualmente en dólares (o sea, comprar dólares cada día más caros). Los banqueros señalan que durante cuatro años (2002-2005), las tasas de interés se mantuvieron fijas, pero que desde el año 2006, la Superintendencia de Bancos les está exigiendo que aumenten sus tasas de interés porque los bancos privados le resultan “muy caros” a la Superintendencia. Fíjese usted, la persona beneficiaria de un préstamo bancario para comprar casa, paga por lo menos el doble del valor del inmueble al final del plazo. Y si a lo largo de 10, 15 ó 20 años le suben la tasa de interés 0,5% ó 0,6%, entonces estamos claramente ante la respuesta correcta a la pregunta formulada por un pensador en cuanto a qué era peor, si asaltar un banco o fundar un banco. ¿Quién le indexa un porcentaje similar de aumento de sus ingresos a los profesionales?
Durante la campaña electoral, los banqueros dijeron que el ambiente volátil inducía a aumentar las tasas de interés, porque aumentaba el riesgo para el país; que podían disminuir las inversiones; y por último, que los bancos gringos determinaban el movimiento de las tasas de interés. Lo cual contradecía la famosa estabilidad macroeconómica anunciada por el entonces presidente Enrique Bolaños, quien afirmaba que existían más de 1700 millones de dólares de reserva en el Banco Central. Además, esto reflejaba que la banca privada no se acostumbraba todavía a que las elecciones democráticas eran un fenómeno natural, sistemático; ni mucho menos aceptaba todavía como una posibilidad real el cambio de gobierno desde la derecha liberoconservadora hacia la izquierda sandinista.
Actualmente sabemos que los depósitos bancarios no disminuyeron más allá de lo habitual en período electoral, como ocurre en cualquier país donde hay elecciones. Y ahora las autoridades afirman que los depósitos han crecido en 46 millones de dólares, lo cual es muy positivo. Estabilidad existe.
Por otro lado, el Estado no ha dejado de pagar puntualmente la cuestionada e inmoral deuda interna (la cual es técnicamente más pesada que la deuda externa), representada por los Certificados Negociables de Inversión (Cenis), cuyo rostro más visible corresponde al diputado de la Alianza Liberal Nicaragüense Eduardo Montealegre, y cuyo origen se remonta a las quiebras fraudulentas de diez bancos privados en tiempos del ex presidente Arnoldo Alemán. Al parecer, la continuidad en el cumplimiento del pago de la deuda interna se extenderá durante el nuevo gobierno presidido por Daniel Ortega Saavedra, lo que da mucha tranquilidad a los banqueros, pero no quiere decir que Nicaragua no aspira a salir pronto de esa deuda, o que no deben ser revisados los términos de pago; o más aún, que se suspendan esos pagos onerosos. Depende cuánto exija el pueblo.
El pago de la deuda interna sí es una gigantesca carga para el pueblo nicaragüense. El Fardo, cuento de Rubén Darío, se queda cortísimo. En consecuencia, es un peso brutal para el Banco Central y la Superintendencia de Bancos. Instituciones que deberían regular o detener el aumento de las tasas de interés que establecen los bancos privados, porque de una manera silenciosa y sutil se está estrangulando poco a poco a la clase media, en la que se incluyen trabajadores por cuenta propia, profesionales, pequeños y medianos empresarios, que son los mejores pagadores de impuestos e importantes generadores de empleo.
La clase media nacional es una clase media endeudada, para decirlo con las palabras del cronista deportivo Edgard Tijerino. Si este segmento poblacional pretende lograr avances en su calidad de vida, tiene forzosamente que endeudarse. Desgraciadamente, ésta no es la realidad de Cuba, donde el 80% de la población es dueña de su vivienda y el restante 20% paga alquileres prácticamente simbólicos.
Si en Estados Unidos el Departamento del Tesoro es capaz de influir directamente en la regulación de las tasas de interés, determinando cuándo suben o bajan, para beneficio de los consumidores, entonces, ¿por qué no aquí en Nicaragua hacen algo similar el Banco Central y la Superintendencia de Bancos? Si todos queremos estabilidad, incluidos los banqueros, pues fijemos las tasas de interés. Estoy seguro que la clase media se lo agradecerá al gobierno actual. Y sin duda, ayudará a dinamizar la economía, la microeconomía. Si los banqueros y la economía no entienden a las personas, como consecuencia, las personas no están obligadas a entender ni a la economía ni a los banqueros. La sociedad civil, con la desobediencia civil, es una opción.
Ya es tiempo que los banqueros privados comiencen a apretarse la faja o arremangarse las mangas de la camisa, porque el pueblo de Nicaragua ya lo ha hecho durante 16 largos años. El Presidente, el Vicepresidente, el Banco Central y la Superintendencia de Bancos tienen la palabra.