Opinión

Nuestras mujeres portadoras de cultura


A propósito del Día de la Mujer quiero compartir una inquietud que me ronda la cabeza desde hace muchos años: me da la impresión de que alguna gente asume que en el proceso de contacto entre los conquistadores españoles y la población indígena las mujeres no pintaron nada, o más bien sólo el colorido de su presencia. En algún grabado una vez, recuerdo muy vagamente, se presenta a unas mujeres muy bellas con rostros indígenas, muy morenas y en posiciones sensuales viendo de lejos cómo los hombres discutían entre sí.
Hay ideas sobre momentos cruciales de nuestra historia que me inquietan. Por un lado se enaltecen las figuras de Diriangén (mangue) y Nicarao (náhuatl), por supuesto que el diálogo de Nicarao es testimonio del desarrollo intelectual de los pueblos indígenas que habitaban Nicaragua. Pero el que realmente me inquieta es el casi menosprecio histórico por las mujeres que acompañaron a Diriangén (y por muchas otras) en su encuentro cercano a Ochomogo.
Dice el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, que toma la referencia de la Carta de Gil González Dávila, que Diriangén se presentó el 15 de abril con un protocolo de mucho talante: pitos y tambores que sonaron frente a la cabaña donde había dormido, los cuales callaron al apenas asomarse a la puerta. Allí pudo ver muchos indios y diez pendones de algodón enarbolados, indígenas que portaban quinientos chompipes, uno o dos, cada uno y diez y siete mujeres con adornos de oro.
Cuál es mi lectura de este momento crucial de nuestra historia. En primer lugar hay que recurrir a los mismos cronistas y al mismo Oviedo, quien dice que los mercados o tiangues indígenas eran manejados por mujeres, mercados a los que no podían ingresar los hombres a excepción de los extranjeros, los cuales siempre llegaban con productos y las mujeres negociaban con ellos. Esto nos indica que las mujeres eran expertas negociadoras, porque los hombres mangues no iban al mercado, es importante hacer énfasis en que Diriangén era un jefe mangue en lo que hasta hace poco se conoció como la Manquesa y hoy, gracias al ferrocarril: Meseta de los Pueblos.
¿Quiénes eran las mujeres acompañantes de Diriangén? Para empezar, supongo que no eran muy jóvenes como se ha pensado, su función no era engalanar la delegación protocolaria de recepción. Su participación en la comitiva era para realizar aquello a lo que ellas estaban acostumbradas más que los hombres: negociar. El oro sobre su cuerpo ponía en evidencia la intención decorativa de las mujeres. Decoración que el conquistador no describe en las mujeres, sólo le llamó la atención el oro; pero los hombres decorados con adornos de pluma y canutos de carrizo coloreados formando pecheras sí le llamaron la atención. Oviedo en su monumental obra hasta presenta un dibujo de estas pecheras. Para los españoles las mujeres sobrerrepresentaron codicia, por el oro que llevaban encima. Posiblemente de haber sido mujeres jóvenes lo hubieran señalado. Es un detalle difícilmente no percibible para hombres en estado de castidad obligada por las circunstancias, se supone.
Entre los mangues las mujeres eran las encargadas de negociar y es elemental pensar que si venían unos extranjeros, quienes negociaran fueran aquellas personas con experiencia para ello. Si las negociaciones no se llevaron a cabo fue por la posición que los españoles traían con relación a su presencia en los nuevos territorios: dominio y sometimiento, y frente a eso la alternativa fue la guerra; tres días después, el 17 de abril, se produjo el ataque y a la guerra
sólo iban los varones. Las mujeres eran comerciantes y negociadoras. En nuestros mercados actuales la tradición se mantiene vigorosa, la vivandera por lo general es la dueña del tramo o del puesto de venta, por su lado el hombre o es chofer o le carga la mercadería o anda buscando los productos para la venta del siguiente día. Cada vez que voy al mercado siento ciertas sensaciones solemnes al ver a nuestra magníficas vivanderas que cumplen con una tradición cultural, que mantienen viva una tradición histórica. Nuestras mujeres portadoras de cultura.